EL SUPUESTO MITO DE LA MUERTE DE CHOPIN POR TUBERCULOSIS. PERCY ZAPATA MENDO.
EL SUPUESTO MITO DE LA MUERTE DE CHOPIN POR TUBERCULOSIS
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Chopin |
Una “caminata” a lo largo de la historia, pone en realce las múltiples
gamas de vivencias y contextos que atravesaron personalidades prominentes de
las artes, la política, la ciencia y otras ramas del quehacer humano. Imaginados
como semidioses, los hechos originales cobraron una dimensión inusitada que,
sumados a los complementos propios de la narrativa, terminaron por constituir
una suerte de “leyenda oficializada” y, por ende, irrefutable. La tuberculosis
(TB) de Chopin no fue una particularidad a la regla. El pianista y compositor
se une a la lista de celebridades aporreadas por esta enfermedad, pero la
información que llega hasta nuestros días no arroja demasiada certidumbre a
favor de dicha versión.
Un breve recuento en torno al pensamiento médico preponderante
en aquellos tiempos, nos ayudará a comprender el escenario en que se produjeron
los hechos. La difusión de las ideas renacentistas hacia el norte de Europa,
había sido la gran promotora de los conocimientos modernos sobre la TB y, en
ese contexto, la escuela francesa ocupaba un lugar sobresaliente con figuras
como Jean Nicolas Corvisart, Marie-François-Xavier Bichat, Gaspard Laurent
Bayle, y René Théophile Hyacinthe Laënnec. Fue, justamente, este último quien
inventó el estetoscopio y unificó el concepto de la enfermedad tanto pulmonar
como extra pulmonar (1,2). Su libro, publicado en 1819, “D’Auscultation Mediate”, expone su investigación sobre la
tuberculosis y refiere los signos físicos de la enfermedad pulmonar que,
actualmente, se siguen esgrimiendo.
En el tiempo de Chopin, y en proporción con las ideas de la
época, la tuberculosis no estaba exenta de una contemplación fantástica. A
diferencia de la visión infecciosa que prevalecía en el sur del continente, en
los países del norte Europeo descollaba la idea de una enfermedad heredable,
donde la palidez del paciente tuberculoso ejercía una cierta atracción. El
mismo Lord Byron habría mencionado su predilección por morir de consunción,
dado que las damas dirían “contempla al
pobre Byron, cuán interesante luce al morir” (3). No obstante ello,
Benjamin Marten había bosquejado, en 1790, que la enfermedad podía deberse “a una cierta especie de animalcula”,
abonando la teoría del componente infeccioso (4). Bien adentrado el siglo XIX
(1865), el cirujano francés Jean-Antoine Villemin confirmó dicha presunción
tras inocular a un conejo con una pequeña cantidad de líquido purulento de una
cavidad obtenida durante la autopsia de un paciente fallecido de tuberculosis (1).
El sacrificio del animal a los 90 días de inyectado, permitió constatar el
desarrollo de una tuberculosis extensa. La historia se cierra el 24 de Marzo de
1882, cuando Hermann Heinrich Robert Koch hizo su presentación, “Die Aetiologie der Tuberculose”, en la
Sociedad de Fisiología de Berlín. En dicha ocasión, Koch no sólo ostentó los
estudios que lo llevaron a identificar el bacilo sino que, también, precisó los
patrones para establecer la etiología infecciosa de una enfermedad (5,6).
Retomando la historia de nuestro músico, el joven Chopin
había llegado a París a la edad de 21 años, y dio su primer concierto el 26 de
Febrero de 1832. La reunión era reducida porque existía un brote de cólera,
pero Franz Liszt se hallaba presente y quedó fascinado por los prodigios de
aquel joven. Prontamente trabaron amistad y, en el año 1838, Liszt le presentó
a la escritora Aurore Dudevant, mucho más conocida como George Sand (GS), quien
tiempo después se trocaría en su pareja. La afección respiratoria de Chopin era
tema de gran preocupación para George Sand por lo que decide llevarlo a
Mallorca huyendo de los comienzos de invierno, con el anhelo de que el clima
mediterráneo mejorara su salud. El mismo Galeno solía recomendar aire fresco y
viajes marítimos para el tratamiento de la tuberculosis. Desafortunadamente, el
Diciembre Mallorquino se mostró frío y lluvioso, y de ninguna manera contribuyó
a mejorar la situación de Chopin. La tos era inaguantable, se hallaba febril y
el esputo se tornó sanguinolento. Ante el aviso de George Sand acudieron tres
médicos españoles quienes, tras examinarlo, concluyeron que el maestro sufría
de tuberculosis. Este diagnóstico era prácticamente lapidario en la isla,
puesto que España adhería a la teoría infecto-contagiosa de la enfermedad.
Atendiendo a las normas vigentes, los médicos comunicaron a las autoridades. De
ahí en más, y como lo señalara la propia George Sand, en una carta escrita en
1838 a Francois Rollinat, la situación horrorizaría a los lugareños, a punto de
ser prácticamente arrojados de Palma, “la
tisis que era extremadamente rara en aquellas latitudes y además considerada
contagiosa” (7). De regreso a Paris, Chopin fue explorado con el
estetoscopio por destacados expertos en Tisiología, sin que se le descubrieran
alteraciones semiológicas compatibles con la tuberculosis.
El acontecer de la relación amorosa con George Sand no era
mejor que la salud del músico al punto de que, finalmente, se separaron en
1847. Tras ello, el cuadro clínico de Chopin decayó aún más. El 25 de
Septiembre de 1849, el músico se mudó a lo que sería su última residencia: un
apartamento de cuatro habitaciones en una casa ubicada en el patio interno de
la plaza Vendôme No. 12. Entre quienes lo frecuentaban, se hallaba su hermana
Ludovika, llegada de Varsovia, y el famoso médico Jean Baptiste Cruveilhier. Su
agonía se prolongó por tres días; murió el 17 de Octubre de 1849. Alrededor de
cuatro mil personas asistieron a la Chapelle de la Madeleine, donde se ejecutó
el Réquiem de Mozart como había sido su deseo. El certificado de fallecimiento
atribuye su muerte a una tuberculosis pulmonar y laríngea, aunque el reporte
escrito de la autopsia realizada por el Profesor Cruveilhier se traspapeló. No
obstante ello, existen testimonios confiables respecto de lo que habría
ocurrido. En una carta dirigida a Franz Liszt, Jane Sterling, otrora estudiante
de Chopin, le comenta que tras la muerte del compositor el mismo Dr.
Cruveilhier le habría dicho a Ludovika: ‘‘la
autopsia no reveló la causa de muerte -corazón agrandado- sin tuberculosis
pulmonar –alteraciones pulmonares - una enfermedad que nunca ha sido vista
anteriormente’’.
Una disquisición en torno al verdadero sufrimiento del
maestro daría lugar a varias hipótesis. En un terreno imaginativo se ha
barajado la posibilidad de que hubiese tenido alguna enfermedad hereditaria, quizás
una forma trivial de Fibrosis Quística (8). La primera descripción de esta
enfermedad data de 1932 y hoy sabemos que se trata de un trastorno genético
autosómico recesivo ligado al cromosoma 7, lo que se traduce en una anormalidad
a nivel del canal de cloro (9). La metamorfosis genética deriva en una
disminución del flujo de cloro, que aumenta la viscosidad del moco, y favorece
la colonización y persistencia de microorganismos patógenos. En su forma más
frecuente, la enfermedad provoca la muerte en etapas tempranas de la vida,
aunque variantes más benignas hacen posible que el paciente perdure hasta bien
entrada la edad adulta. La afectación no se limita al pulmón, sino que también
puede complicar al tracto digestivo, con la presencia de diarreas y pérdida de
peso. Si entramos a reflexionar los antecedentes familiares del músico, es
necesario señalar que el padre de Chopin también sufría de una enfermedad
pulmonar no identificada. Su hermana menor Emilia, exhibía tos crónica,
dificultad respiratoria, pérdida de peso, episodios reiterados de hematemesis,
y murió a los 14 años a raíz de una hemorragia gastrointestinal masiva. La otra
hermana Ludovika murió a la edad de 47 años de una enfermedad pulmonar
indefinida. En oposición a la posibilidad de una tuberculosis no existen datos
de que las personas en estrecho contacto con Chopin (amigos, estudiantes,
George Sand y los hijos de su anterior relación) hayan desarrollado esta
enfermedad. Por otra parte, Chopin mantuvo una relación de muchos años con George
Sand, sin que hayan tenido hijos, lo cual encaja con la Fibrosis Quística
puesto que la enfermedad cursa con esterilidad en el varón. Los sangrados
intestinales y el probable “cor
pulmonale”, mencionados por Cruveilhier, otorgan un sustento adicional a esta
suposición.
Más allá de la indiscutible causa de su enfermedad, resulta
claro que no existían elementos fehacientes como para sostener la idea de un
Chopin tuberculoso. Este diagnóstico, cuasi caprichoso, de su afección
respiratoria podría haber surgido de una suerte de asentimiento tácito o
explícito. La visión Byroniana de la tisis no desencajaba con el pensamiento de
la época; más aún, para una personalidad como la de Chopin, ese “ángel melancólico” como George Sand
acostumbraba llamarlo. Por otro lado, dejar al paciente sin diagnóstico, habría
constituido una debilidad de la ciencia Médica de difícil asimilación, a todas
luces.
Si bien lo acreditado resulta más paliativo, desde una
perspectiva científica no deberíamos perder de vista que el conocimiento es en
definitiva una propuesta temporalmente aceptada y, por ende, provisional. Una
actitud comprensible y a la vez honesta, en tanto no dejemos de lado que ello
puede abrigar algunas flexibilidades, paradojas y la posterior ruptura que
tarde o temprano aparecerá.
¿QUÉ ES LA TUBERCULOSIS
PULMONAR?
Definición
La tuberculosis (tisis, TB) es una enfermedad infecciosa
crónica provocada por el Mycobacterium tuberculosis. Los síntomas de la
enfermedad no se producen después de cualquier contacto con gérmenes de TB
(infección tuberculosa latente). Los síntomas afectan al 15 % de los afectados
por Tuberculosis. La enfermedad se puede dividir en dos etapas:
- · Tuberculosis primaria: incluye los síntomas de la tuberculosis en el contexto de la infección primaria con bacterias de la tuberculosis.
- · Tuberculosis post-primaria: una reactivación tras la recuperación de una tuberculosis primaria, también llamada enfermedad de reactivación.
Se distingue también entre la forma activa y contagiosa de la
tuberculosis y la forma inactiva, no contagiosa. Para una persona que está
infectada con la bacteria de la tuberculosis, hay alrededor de un 10% da
probabilidades de que la TB se active de nuevo más tarde. La tuberculosis es
una enfermedad de declaración obligatoria en España.
Historia
En la época de la revolución industrial, muchas personas
morían de tuberculosis ya que debido a la alta densidad de población la
enfermedad se propagaba de forma rápida en las ciudades. Las causas de la
tuberculosis se han debatido desde hace mucho, y se sabía desde hace bastante
tiempo que las condiciones de vivienda y de vida de los capas más
desfavorecidas de la sociedad favorecían la propagación de la tuberculosis. Por
lo tanto, la tuberculosis ha sido llamada a menudo una “enfermedad social”.
También se ha planteado una posible causa hereditaria de la tuberculosis.
Robert Koch puso fin a esta discusión en 1882 con el
descubrimiento de la bacteria de la tuberculosis. No obstante, incluso en la
actualidad, el factor social juega un papel importante porque las personas bien
alimentadas enferman de tuberculosis con mucha menor frecuencia que las
personas en condiciones sociales con alimentación deficiente.
Unos 40 años tras los descubrimientos de Koch apareció por vez
primera una vacuna eficaz contra la tuberculosis, y seguramente fue una de las
razones de que se pensara erróneamente hasta la década de 1980 que la
tuberculosis estaba eliminada y que menos en los países desarrollados no
volvería a tener importancia. El número de enfermos y fallecimientos en cambio,
ha continuado aumentando en todo el mundo. En los países desarrollados la
infección por el VIH y la inmigración desde países en desarrollo y de Europa
oriental ha favorecido la propagación de la tuberculosis. En España ha vuelto a
crecer en los últimos años el número de nuevos casos de tuberculosis. Los
agentes patógenos de la tuberculosis son en los países desarrollados más
resistentes a uno o varios de los antibióticos utilizados. Además, se disminuye
el regreso de la enfermedad.
Incidencia
En el tercer mundo mueren muchas personas de tuberculosis.
Aproximadamente el 80% de los afectados por la tuberculosis viven en África,
Asia meridional y la región del Pacífico Occidental. Aunque el número de
enfermos ha disminuido en los últimos años en Europa occidental, los países de
la antigua Unión Soviética han sufrido un fuerte aumento de la tuberculosis,
especialmente con agentes patógenos resistentes. La situación en las cárceles
de estos países es particularmente crítica. Se supone que en muchas prisiones
un alto porcentaje de los presos está infectado por la bacteria de la
tuberculosis.
El Perú es el segundo país en América del Sur con la mayor
tasa de tuberculosis (TBC), siendo el primero Bolivia.
La incidencia de esta enfermedad a nivel nacional es de 106
casos por cada 100 mil habitantes, según
un reporte del Ministerio de Salud (Minsa).
Sin embargo, la titular de ese sector, Midori de Habich,
indicó que la tasa de tuberculosis disminuyó levemente en el 2012.
"Se redujo de
32.703 a 32.145 casos, lo que constituye un leve pero esperanzador descenso en
estas cifras, dado que se ha realizado un mayor número de pruebas de
diagnóstico entre el 2011 y el 2012", indicó.
Anualmente, nueve millones de personas padecen tuberculosis y
alrededor de dos millones de afectados fallecen como consecuencia de la
enfermedad. Se supone que un tercio de la población del mundo está infectada
con las bacterias de la tuberculosis, pero la mayoría no sufren los síntomas.
Aquellas personas que tienen contacto frecuente con enfermos
de tuberculosis activa tienen un riesgo más alto de contraer tuberculosis, esto
también ocurre en los pacientes con una tuberculosis previa mal tratada, así
como en las personas con el sistema inmunológico debilitado de forma permanente
como, por ejemplo, los infectados por el VIH, las personas inmunosuprimidas (es
decir, personas cuyo sistema inmunológico está suprimido por la medicación),
los alcohólicos y los drogodependientes. Los niños se ven afectados por la
tuberculosis, sobre todo, en los países donde la tuberculosis es frecuente. En
países donde la incidencia de la tuberculosis es menor porque existe menos
riesgo de contraer la enfermedad los afectados suelen ser adultos.
Causas
La causa principal de la tuberculosis es la infección por
agentes patógenos específicos como las bacterias de la tuberculosis. Se trata
de bacterias inmóviles estables a los ácidos, en forma de barras (bacilos),
cuyo término médico es Mycobacterium tuberculosis. La infección sucede
generalmente por contacto directo con las personas que sufren tuberculosis
activa. Según el lugar donde esté localizada la tuberculosis, las bacterias
alcanzan el exterior a través de la tos con el esputo (tuberculosis pulmonar),
los jugos gástricos, la orina (tuberculosis de las vías urinarias) o las heces
(tuberculosis intestinal). Los agentes patógenos se transfieren normalmente por
gotitas, es decir, al hablar, estornudar o al toser.
El período de incubación de la tuberculosis, es decir, el
tiempo entre la infección del patógeno y la aparición de los primeros síntomas
puede durar de semanas a meses, y en la tuberculosis primaria irrumpen por lo
general a partir de unas seis a ocho semanas tras la infección con la bacteria
de la tuberculosis. La tuberculosis post-primaria puede comenzar incluso años
después de la infección. El riesgo de infección es más alto mientras el
patógeno es detectable en el microscopio. Un tratamiento eficaz es capaz de
eliminar la presencia de la bacteria tras dos o tres semanas.
En un porcentaje muy pequeño de todos los casos de
tuberculosis la causa es la bacteria “Mycobacterium bovis”. Las bacterias de
esta cepa suelen ser transmitidas por ganado infectado. El contagio a los seres
humanos se produce a través del consumo de la leche no pasteurizada.
La tuberculosis
primaria
Si los agentes patógenos de la tuberculosis llegan por
inhalación a los pulmones, son destruidos allí por las células defensoras
(macrófagos) del sistema inmunitario, que normalmente matan a los agentes
patógenos. Debido a que la pared exterior de las micobacterias tiene una estructura
especial, puede sobrevivir a los macrófagos y multiplicarse. Tras el inicio de
descomposición de los fagocitos los agentes patógenos se liberan de nuevo,
creando un foco de inflamación llamado foco primario. Los patógenos migran al
nodo linfático más cercano, que se hincha por la formación de células
inmunitarias específicas. El foco primario y la infección de los ganglios
linfáticos se combinan en el llamado complejo primario.
Los patógenos se pueden aislar dentro de la reacción
inflamatoria en el tejido conectivo y calcificar. Este complejo primario
calcificado se puede detectar en la radiografía. Dentro del grupo de patógenos
encapsulado existen bacterias de tuberculosis con capacidad de vivir incluso
décadas después, y que se pueden reactivar, por ejemplo, debido a un sistema
inmune debilitado y producir una tuberculosis post-primaria.
Síntomas
La tuberculosis
primaria
En la etapa de la tuberculosis primaria, suele haber pocos
síntomas, o estos no son específicos, como un por ejemplo un ligero aumento de
la temperatura, tos, sudores nocturnos o pérdida de apetito. Especialmente con
un sistema inmune debilitado, se pueden desarrollar a partir del complejo
primario las siguientes enfermedades:
- Tuberculosis ganglionar: cuando las bacterias de la tuberculosis se propagan a través de la linfa a los ganglios linfáticos más distantes del pecho. Los bronquios son presionados y algunas partes de los pulmones reciben poco oxígeno.
- Pleuritis exudativa (llamada pleuresía húmeda): se crea por la asociación de la pleura en la reacción inflamatoria del complejo principal. La retención de líquidos en los pulmones puede causar problemas respiratorios.
- Tuberculosis miliar: ocurre cuando las bacterias de la tuberculosis se propagan a través de la sangre y se extienden a otros órganos. Estos patógenos no causan molestias, pero pueden posteriormente ser punto de partida de una tuberculosis secundaria. Los órganos afectados son el hígado y el bazo, pero más comúnmente la tuberculosis miliar se manifiesta en los pulmones.
- Meningitis tuberculosa: cuando se propagan los de agentes patógenos de la sangre a la duramadre. Los focos de patógenos que se forman pueden desencadenar allí una meningitis.
Tuberculosis
post-primaria
Si las bacterias de tuberculosis se extienden al torrente
sanguíneo y de allí al resto del cuerpo pueden causar focos de tuberculosis en
diversos órganos. Si éstos no se curan tras algún tiempo se desarrollará una
tuberculosis diseminada en los órganos. Entonces se licúan los patógenos y se
forma una cavidad llena de líquido, llamada caverna.
Si por la fusión del foco patógeno se forma una conexión de
la caverna con un “sistema de canales”, como son los vasos sanguíneos, o linfáticos,
los bronquios, o el uréter, entonces las bacterias se pueden transmitir a otras
zonas y establecer un nuevo foco, o bien llegar a través del esputo o la orina
al medio ambiente (tuberculosis activa). Si se lesionan los vasos sanguíneos en
este proceso, puede haber hemorragia pulmonar con tos sangrante.
Además de a nivel del pulmón, que es aproximadamente el 80%
de la tuberculosis diseminada, se produce también tuberculosis en los riñones,
huesos, corteza de las glándulas suprarrenales, ojos y cerebro.
Diagnóstico
Realizar un diagnóstico certero de la tuberculosis es difícil
porque los síntomas no suelen ser característicos y, frecuentemente, no se
produce ningún síntoma. Por esta razón, los diagnóstico erróneos son
relativamente comunes.
Los primeros indicios de tuberculosis se basan en la historia
médica propia, de la familia o el entorno cercano, o un cuerpo con defensas
debilitadas debido a otras enfermedades, las molestias del momento y los rayos
X.
En casos de sospecha de tuberculosis, el diagnóstico final
sólo puede hacerse mediante pruebas clínicas y químicas específicas para el
agente patógeno. El material a examinar, según la ubicación de la sospecha,
pueden ser esputos de tos, jugos gástricos, secreción bronquial o la orina. Mediante
el uso de colorantes especiales (tinción de Ziehl-Neelsen, colorante
fluorescente) el material primero se examina microscópicamente buscando
bacterias de tuberculosis y al mismo tiempo se realiza un cultivo bacteriano,
porque con una concentración baja de patógenos el microscopio es menos fiable.
Para la detección de la infección del patógeno de la
tuberculosis, sin tener ya la enfermedad, se puede realizar la llamada prueba
de tuberculina. Ésta se realiza con empleando el método de Mendel-Mantoux, inyectando
una pequeña cantidad de virus muertos, o tuberculina, en la piel. Si en las
siguientes 24 a 72 horas se produce una hinchazón con enrojecimiento de más de
seis milímetros de diámetro debajo de la piel, la prueba es positiva. Una
prueba de tuberculina positiva puede ser indicar una infección, pero también haber
sido vacunado previamente.
Desde el año 2005 existe el procedimiento alternativo de la
prueba inmunológica (llamada ensayo de liberación de interferón gamma), con el
que se puede detectar la presencia de interferón-gamma en una muestra de
sangre, en el laboratorio bajo ciertas condiciones, esto indica una infección
con bacterias de la tuberculosis. Esta prueba en el futuro podría sustituir a
la prueba de la tuberculina.
Un resultado negativo de la prueba de tuberculosis no excluye
con seguridad la existencia de la enfermedad, ya que el patógeno puede no ser
detectable en el momento de la investigación o durante la evolución de la
enfermedad.
Tratamiento
La tuberculosis activa requiere siempre un tratamiento. En la
tuberculosis abierta el tratamiento se suele lleva a cabo de forma
estacionaria. La tuberculosis se trata siempre combinando diversos antibióticos
y esto se debe a varias razones. En primer lugar existe la posibilidad de que
algunos agentes patógenos sean resistentes a las sustancias activas y por otra
parte, los fármacos actúan de diferentes maneras. Algunos matan a los agentes
patógenos y otros impiden que continúen reproduciéndose. Una combinación
adecuada de diferentes drogas puede ser especialmente eficaz.
El tratamiento estándar por breve tiempo de la a tuberculosis
pulmonar es la administración de antibióticos durante seis meses. Los médicos
lo denominan quimioterapia, pero esta no es la quimioterapia que se utiliza
para el tratamiento del cáncer. Al comienzo de la terapia, en la fase inicial,
se administra al paciente durante dos meses la combinación de sustancias
activas de isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol o estreptomicina.
En la fase de estabilización, que dura cuatro meses se usan como sustancias
activas la isoniazida y rifampicina. Simultáneamente al tratamiento contra los
agentes patógenos, se pueden administrar medicamentos para suprimir la tos.
Además, para tratar de atenuar enfermedades paralelas que disminuyen la
inmunidad es aconsejable abstenerse del alcohol y del tabaco, a fin de
fortalecer el cuerpo.
Aunque el tratamiento estándar de la tuberculosis se produzca
sin complicaciones, durante dos años el paciente debe ser examinado
regularmente por el médico. La interrupción prematura del tratamiento de la
tuberculosis puede conducir a cepas de patógenos resistentes. Los fármacos
usados entonces ya no tienen efectos si la tuberculosis se reproduce
nuevamente. Esto ocurre también en las personas infectadas después del
tratamiento con bacterias resistentes.
Evolución
La evolución de la tuberculosis depende, entre otras cosas,
de la rapidez con que se detecte y se trate. Con un diagnóstico precoz y una
duración suficientemente larga del tratamiento el pronóstico de la tuberculosis
es bueno. En la mayoría de los casos la enfermedad se cura sin secuelas.
Si el diagnóstico se realiza demasiado tarde, o el sistema
inmunológico se debilita, los pulmones y otros órganos quedan gravemente
dañados. En estos casos, la tuberculosis también tiene una evolución grave y
puede incluso provocar la muerte.
¿QUÉ ES LA FIBROSIS QUÍSTICA?
La fibrosis quística es una enfermedad hereditaria autosómica
recesiva, es decir, un niño sólo enferma de fibrosis quística cuando hereda la
predisposición a esta enfermedad de ambos padres. La fibrosis quística se
caracteriza porque las glándulas productoras de mucosidad (sobre todo en los
bronquios y páncreas) no funcionan correctamente y segregan mucosidad muy dura.
Esto obstruye los conductos de las glándulas y por lo tanto limita la función
de los órganos implicados.
Incidencia
La probabilidad de padecer fibrosis quística en la población
de raza blanca es de aproximadamente 1:2.500 - lo que significa uno de cada
2.500 recién nacidos vivos. Por tanto la fibrosis quística es una de las
enfermedades hereditarias autosómicas recesivas más comunes de este grupo de
población.
Causas
La fibrosis quística es causada por una modificación
genética, y es una enfermedad hereditaria autosómica recesiva debida a la
mutación de un solo gen, llamado gen RTFQ. Este gen está en el cromosoma 7, y
produce una proteína llamada “regulador de conductancia transmembrana de la
fibrosis quística” (RTFQ). Puede provocar diversas mutaciones. La mutación más
prevalente en Europa occidental causa carencia de un aminoácido llamado alanina
en la proteína RTFQ de la posición 508.
La proteína RTFQ es normalmente responsable del transporte de
cloro entre el interior y el exterior de la célula en la membrana celular. Por
la mutación de la proteína RTFQ, su función de transporte queda alterada. Esta
es una de las principales causas de molestias de la fibrosis quística: como
resultado las glándulas productoras de mucosidad -en particular en los
bronquios y el páncreas- secretan una mucosidad muy dura que causa problemas
respiratorios y trastornos digestivos.
Síntomas
Como consecuencia de la fibrosis quística, las glándulas
productoras de mucosidad, especialmente en los bronquios y el páncreas,
secretan una mucosidad muy dura que causa problemas respiratorios y trastornos
digestivos.
Pulmones
Debido al trastorno en el transporte
de cloro en la fibrosis quística, se produce en los pulmones una mucosidad
viscosa que obstruye los bronquios. La pared de los bronquios tiene unos cilios
en la pared bronquial que está cubierta con una capa delgada de mucosidad, a la
que se adhieren las partículas inhaladas, que son llevadas como en una cinta
transportadora hasta la faringe. Así se pueden expulsar con la tos o ser
tragadas.
Sin embargo, en la fibrosis quística
los cilios no pueden transportar la mucosidad viscosa y dura, o bien solo
deficientemente. Esto causa un estrechamiento prolongado de las vías
respiratorias y la respiración se dificulta. También se desarrollan con mayor
frecuencia infecciones respiratorias, ya que las bacterias no se eliminan como
de costumbre con la mucosidad, sino que se mantienen en las vías respiratorias.
En particular, las bacterias de las especies de Pseudomonas aeruginosa,
Burkholderia cepacia, Staphylococcus aureus y Haemophilus influenzae, suelen
producir infecciones respiratorias en personas con fibrosis quística. Estas infecciones
recurrentes dañan el tejido pulmonar, debido a que el sistema inmune
desencadena, en defensa contra los patógenos, reacciones inflamatorias que
dañan el tejido sano. En la fibrosis quística, los síntomas se manifiestan con
una destrucción progresiva y un estrechamiento de los bronquios, hasta que finalmente
los pulmones fallan.
Los pacientes que sufren una fibrosis
quística manifiestan tos severa y permanente, y con frecuencia asma e
inflamación sinusal.
Páncreas
En la fibrosis quística, una
mucosidad pegajosa cierra los conductos del páncreas en el 85% de los casos, e
impide que se produzcan suficientes enzimas digestivas. Los expertos describen
este trastorno como insuficiencia pancreática exocrina. Los síntomas típicos de
la fibrosis quística del páncreas son los siguientes:
·
Obstrucción
intestinal en recién nacidos
·
Diarrea
maloliente, pastosa y grasa
·
Gases
·
Dolor
abdominal
·
Ganancia
ponderal insuficiente
El páncreas produce, además de jugos
digestivos, la hormona insulina, que es muy importante para el metabolismo de
la glucosa. Si el páncreas ya no puede producir insulina se origina la diabetes
mellitus tipo I.
Aparato digestivo
Aproximadamente del 10 al 20% de los
recién nacidos con fibrosis quística tienen una obstrucción intestinal, que a
veces requiere una operación en el sistema digestivo tras el nacimiento. Esta
obstrucción se crea debido a las primeras heces muy duras del recién nacido (el
llamado meconio). Los posibles síntomas de la fibrosis quística incluyen una
protuberancia en el recto (prolapso rectal) e inversión intestinal
(invaginación o intususcepción), o bien trastornos por reflujo en bebés y niños
pequeños.
Bilis
Los conductos biliares pueden quedar
obstruidos en la fibrosis quística. Esto obstaculiza o impide la secreción de
jugos biliares (digestivos) en el duodeno. La consecuencia puede ser una
cirrosis biliar debida a la fibrosis quística.
Órganos sexuales
La mayoría de los hombres con
fibrosis quística quedan estériles debido a las secreciones de mucosidad dura
en los conductos deferentes y el epidídimo. Muchas mujeres con fibrosis
quística también son estériles, porque la mucosidad espesa provoca
obstrucciones en los órganos sexuales internos (generalmente en las trompas de
Falopio), que pueden bloquear la ruta de acceso de los espermatozoides.
Piel
En la fibrosis quística, el sudor
contiene bastantes más iones de sodio y cloro, debido a los cambios en la
proteína RTFQ y el consiguiente trastorno del transporte de cloro, en
comparación con el sudor de los individuos sanos, es decir, su sabor es muy
salado.
En individuos sanos, las glándulas
sudoríparas producen una secreción compuesta principalmente de agua, que fluye
a través de unos conductos a la superficie de la piel. En un principio, el
sudor es rico en iones de sodio y cloro. Durante su paso, los iones de la
mucosa que cubre las glándulas son absorbidos de nuevo, de manera que el
líquido exudado por individuos sanos contiene poca sal.
En los pacientes con fibrosis
quística, sin embargo, la membrana mucosa no absorbe iones de cloro del canal
cístico y, consiguientemente, menos iones de sodio, por lo que el sudor de la
piel es anormalmente salado.
Diagnóstico
Un posible primer indicio de la fibrosis quística, además de
la obstrucción intestinal en los recién nacidos, son las enfermedades
infecciosas frecuentes en la infancia, pero no son suficientes para el
diagnóstico de la fibrosis quística. El médico lleva a cabo diversas pruebas si
sospecha que la existencia de fibrosis quística puede ser causa de molestias.
El diagnóstico definitivo se realiza mediante análisis de
ADN, que indica la mutación genética. También se puede realizar un diagnóstico
prenatal utilizando la amniocentesis, en que el ginecólogo extrae líquido
amniótico de la bolsa amniótica bajo control por ecografía, y seguidamente
analiza las células del niño así obtenidas. Para el diagnóstico de la fibrosis
quística los especialistas del laboratorio comprueban si en el material
genético de las células existen cambios específicos.
La fibrosis quística puede ser determinada por la llamada
prueba del sudor. El sudor de las personas con fibrosis quística contiene
significativamente más sodio y/o cloro que el sudor de las personas sanas, es
decir, que es inusualmente salado. Si el sudor contiene más de 60 a 70 mmol/L (mili
moles por litro) de cloro, es diagnóstico de fibrosis quística, cuando se
cumple, al menos, uno de los demás criterios.
Una prueba de detección para el diagnóstico de la fibrosis
quística en el recién nacido es la llamada prueba de meconio. Los médicos
llaman meconio a las primeras heces del recién nacido. Si hay una fibrosis
quística aumentan las proteínas especiales en el meconio. Sin embargo, la tasa
de error en la prueba de meconio es relativamente alta, de un 15 a un 30%. Es
más segura la llamada prueba TIR, en la que el médico determina cierto valor
sanguíneo (la llamada tripsina inmunorreactiva). En la fibrosis quística el
valor TIR es mayor.
Tratamiento
Actualmente no hay ningún tratamiento de la fibrosis
quística, por lo que los médicos pueden solamente tratar los síntomas.
Los problemas debidos a la fibrosis quística en el campo del
sistema digestivo son ahora tratables. Las cápsulas con enzimas digestivas
correspondientes (pancreatina), que los enfermos deben tomar con las comidas,
ayudan contra la insuficiencia pancreática exocrina. Además del tratamiento de
la fibrosis quística con medicamentos, los expertos recomiendan seguir una
dieta rica en calorías, sales y vitaminas, y tomar adicionalmente vitaminas
liposolubles.
La mayoría de las complicaciones de la fibrosis quística son
causadas por el impacto de la enfermedad en los pulmones. Una terapia
importante de la fibrosis quística es, por tanto, la prevención o el
tratamiento rápido de las infecciones del tracto respiratorio mediante
antibióticos. Otras medidas son las siguientes:
- Administración de medicamentos que disuelven la mucosidad (mucolíticos): la mucosidad en los pulmones se vuelve más líquida y fluye más fácilmente.
- Ejercicios fisioterapéuticos como el llamado drenaje autógeno. Los ejercicios ayudan a los pulmones a eliminar la mucosidad consistente del tejido. El terapeuta produce con las manos una vibración en el pecho, lo que simplifica la extracción de la mucosidad.
- Diversos métodos de inhalación, que a su vez promueven el desprendimiento de la mucosidad.
- Actividades físicas de entrenamiento que mejoran el estado general de los pacientes con fibrosis quística y facilitan la expectoración de la mucosidad.
Evolución
La evolución y el pronóstico de la fibrosis quística han
mejorado en los últimos años. Por el diagnóstico precoz y una mejora
significativa de la terapia sintomática, el promedio de la esperanza de vida de
la fibrosis quística actualmente es de unos 36 años, y algunos afectados
también alcanzan mayor edad. Alrededor del 80% de los pacientes llegan al menos
a los 30 años. Mientras que en el año 1980 sólo 1 de cada 100 pacientes con
fibrosis quística llegaba a la mayoría de edad, en la actualidad son de alrededor
del 80%. Un recién nacido con fibrosis quística tiene hoy en día la posibilidad
de llegar a los 50 años de edad.
Referencias
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