PARÁLISIS DEL SUEÑO
PARÁLISIS
DEL SUEÑO
La
parálisis del sueño es un trastorno del sueño bastante común que se produce
durante la transición entre el sueño y la vigilia, ya sea en los momentos
previos a conciliar el sueño o en el momento del despertar. Quien la padece,
despierta bruscamente teniendo plena consciencia de sus pensamientos pero
manteniéndose paralizado físicamente, la persona se siente atrapada en su
propio cuerpo. Aunque puede abrir los ojos, no es capaz de emitir sonido ni
mover músculo alguno, lo cual le genera una considerable sensación de angustia
y de temor por estar sufriendo un episodio de una enfermedad grave. Por si
fuera poco, al encontrarse en un estado de limbo entre el sueño y la vigilia,
la persona suele padecer alucinaciones auditivas y visuales que generalmente
coinciden en una intensa sensación de presencia y de movimiento en torno a su
cuerpo indolente.
Este
trastorno se debe a una intrusión anormal de un estado de REM (movimiento
ocular rápido) durante un estado de vigilia: literalmente estás despierto, pero
parte de tu cerebro sigue sumido en el sueño. Durante la fase REM, el cerebro
inhibe el movimiento de la mayoría de nuestros músculos para evitar que
representemos los sueños y nos lesionemos de forma involuntaria, de ahí la
parálisis corporal. Suele manifestarse en contadas ocasiones en individuos con
plena salud mental pero sometidos a altos niveles de estrés, cansancio y jet
lag, que alcanzan la fase profunda del sueño con demasiada rapidez (antes de
las primeras dos horas) y que acostumbran a dormir boca arriba. Descansar lo
suficiente a menudo resuelve el problema. Sólo aparece de forma periódica en
pacientes de ansiedad, trastorno bipolar, depresión y trastorno de estrés
postraumático.
Los
ataques a menudo implican sensaciones de terror, ira y de muerte inminente, ya
que las alucinaciones suelen ser de carácter siniestro y malévolo. Es
recurrente la visión de un ser grotesco que se sienta sobre el pecho y oprime
la respiración. No existe, sin embargo, riesgo para la vida en ningún sentido,
ya que nada de lo que vemos y oímos (e incluso olemos) es real, y la parálisis
cede a los pocos minutos, normalmente a causa de un vasto esfuerzo por incorporarse
o del contacto con otra persona que acude alarmada. Una vez despiertos del
todo, es aconsejable levantarse y moverse; de lo contrario existe la
posibilidad de volver a experimentar un estado de parálisis del sueño.
Tipos
Son
seis las experiencias típicas que suceden durante el transcurso de la
parálisis:
1.
Sensación de
presencia: sensación de una o
varias presencias en la casa a las que se considera como «intrusos». Es una
impresión neutra acompañada de aprehensión y temor. Se presupone la presencia
sin necesidad de corroborarlo sensorialmente. En algún momento sienten que la
presencia se mueve, entra en la habitación, puede acercarse a la cama, incluso
sentir presión en el colchón. La mitad de las personas relatan que saben que
son observados fijamente, pero no saben identificar desde dónde.
2.
Presencia
amenazante: los encuestados
interpretan que la naturaleza de la presencia y el ambiente que la rodea es
peligrosa o malévola, y que intenta la posesión (a veces el rapto o abducción
en el caso de los visitantes de dormitorio). Se acompaña de un fuerte
sentimiento de terror, peligro y urgencia; necesitan despertarse lo más pronto
posible. Este estado de pavor no siempre se asocia a la posibilidad de sufrir
daño físico, sino más bien al sentido misterioso particular de la maldad que
desprende la entidad. Se siente la amenaza de fuerzas sobrenaturales y
demoníacas que buscan robar el alma o poseer el cuerpo del durmiente.
3.
Alucinaciones
visuales: más o menos vívidas,
inconstantes, vagas e indefinidas, cercanas a la pseudo-alucinación; el
estímulo externo percibido se reconoce como real. En el caso de la presencia,
esta queda fuera de la vista, o en la periferia del campo de visión, o
camuflada entre las sombras de la habitación; en algunos casos se relatan
imágenes detalladas de objetos y seres como fantasmas, figura oscura a los pies
de la cama, esqueletos, calaveras, etc.
4.
Alucinaciones
auditivas: al igual que en las
visuales, se tiene la convicción de que los sonidos son reales y que provienen
del exterior más que de su mente. Son sonidos elementales, mecánicos e
intensos, como zumbidos, rumores, siseos, correteos, rugidos, campanadas,
golpes, vibraciones, silbidos, chillidos, rechinadas y gimoteos. En otros casos
son sonidos identificables concretos como timbres de teléfono, sirenas,
herramientas, motor eléctrico, golpes de puerta, arrastrar de muebles, vidrios
o vajilla rompiéndose, música extraña, sonido de radio con ruido blanco o que
recibe varias estaciones, sonidos de viento, rugido de olas del mar, etc.; las
voces humanas son el sonido más frecuente en un 37 por ciento de los casos, en
forma de griterío o leves susurros, sin mensaje identificable ni claro.
5.
Alucinaciones
táctiles: comunes y relacionadas
con la presencia intrusiva; incluye la sensación de que el colchón se hunde, que
alguien se sienta, que le retira las sábanas o que la agarra de las manos.
6.
Dificultades
respiratorias: sensaciones de
presión en el pecho, dificultad para respirar, estrechez alrededor del cuello
como si fuera estrangulado, y sensaciones de sofocación y asfixia; estas
percepciones pueden explicarse por la parálisis de los músculos voluntarios; el
estado de sofocación produce gran angustia, pánico y temor de morir asfixiado.
Los ataques físicos en este sentido se asocian igualmente a la presencia maligna.
Tratamiento
Para
poder moverse, se recomienda relajarse y no perder la calma, ya que se trata
sólo de un proceso temporal, en el que en realidad no corremos ningún peligro.
Dado que la respiración se produce automáticamente, la persona sólo necesita
percibir que está respirando con normalidad para entender que se encuentra en
una fase temporal de parálisis del sueño.
Puede
ser útil intentar mover zonas del cuerpo lentamente, como las piernas, manos o
brazos; también abrir los ojos. Otra técnica consiste en intentar incorporarse
de golpe. Tras vencer el episodio de parálisis, es conveniente levantarse de la
cama y procurar estar despierto unos minutos, antes de volver a acostarse, para
evitar que aparezca de nuevo el episodio. En algunos casos el médico puede
recomendar la utilización de antidepresivos tricíclicos, por su acción inhibidora
de la fase de sueño REM.
Fuentes:
Wikipedia
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