CORAZÓN. PERCY ZAPATA MENDO.
Corazón
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INTRODUCCIÓN
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En el interior del corazón
del adulto hay dos sistemas paralelos independientes, cada uno formado por una
aurícula y un ventrículo. Respecto a su posición anatómica, estos sistemas
reciben el nombre de corazón derecho y corazón izquierdo.
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ESTRUCTURA Y FUNCIONES
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La sangre del organismo,
sangre venosa, retorna a la aurícula derecha a través de dos grandes venas, la
vena cava inferior y la cava superior. Además, la sangre que irriga el músculo
cardiaco drena directamente en la aurícula derecha a través de los senos
coronarios. El regreso de la sangre venosa a la aurícula derecha tiene lugar
durante todo el ciclo cardiaco de contracción (sístole) y relajación
(diástole), mientras que el paso desde la aurícula derecha al ventrículo
derecho ocurre sólo durante el periodo de relajación o diástole, cuando las dos
cavidades derechas forman una cámara común. Al final de la diástole la
contracción de la aurícula derecha completa el llenado del ventrículo derecho
con sangre. Las contracciones rítmicas del ventrículo derecho impulsan la
sangre a través de las arterias pulmonares hacia los capilares pulmonares,
donde la sangre se oxigena. Posteriormente los capilares pulmonares se vacían
en las venas pulmonares, que a su vez desembocan en la aurícula izquierda. El
retorno de sangre por las venas pulmonares a la aurícula izquierda y su paso
hacia el ventrículo izquierdo se produce de forma simultánea, de la misma
manera que el retorno venoso a las cavidades derechas. La contracción del
ventrículo izquierdo impulsa de forma rítmica la sangre hacia la aorta y desde
ésta a todas las arterias del organismo, incluyendo las arterias coronarias que
irrigan el músculo cardiaco (miocardio).
Para evitar que la sangre
impulsada desde los ventrículos durante la sístole, o contracción, refluya
durante la diástole, hay válvulas localizadas junto a los orificios de apertura
de la arteria aorta y de la arteria pulmonar. Estas válvulas, llamadas
sigmoideas o semilunares, están formadas por tres repliegues membranosos semilunares
incurvados en la dirección del flujo de sangre, que se abren con rapidez bajo
presión en dicha dirección. Cuando la presión original cesa, la presión que
retrocede favorece la unión de los bordes de los repliegues. Otras válvulas que
impiden el reflujo de la sangre son la válvula tricúspide, interpuesta entre la
aurícula derecha y el ventrículo derecho, compuesta por tres repliegues
membranosos triangulares, y la válvula bicúspide o mitral, entre la aurícula y
el ventrículo izquierdos, formada por dos repliegues. Las bases de los
repliegues en las dos válvulas se unen a un surco que existe en la unión de la
aurícula y el ventrículo, su borde libre está anclado por cuerdas tendinosas,
denominadas chordae tendinae, a la pared muscular del corazón. Los
repliegues permanecen abiertos hasta que los ventrículos se llenan de sangre.
Cuando comienza la contracción del ventrículo la válvula se cierra por presión.
Las chordae tendinae previenen la inversión de los repliegues durante
este periodo de presión sistólica.
La frecuencia de los latidos
del corazón está controlada por el sistema nervioso vegetativo, de modo que el
sistema simpático la acelera y el parasimpático la retarda. Los impulsos
nerviosos se originan de forma rítmica en un nodo o nudosidad nerviosa
especial, conocido como seno o nodo sinoauricular, localizado en la aurícula
derecha junto a la desembocadura de la vena cava superior. Existen distintas
vías internodales que conectan el nodo sinoauricular con el nódulo
auriculoventricular, donde tiene lugar un retardo en la conducción del impulso
nervioso para facilitar el vaciado de las aurículas antes de que tenga lugar la
activación ventricular. El impulso eléctrico continúa a través del haz de His
que enseguida se divide en dos ramas, que a su vez se subdividen en las
llamadas fibras de Purkinge, en el espesor de las paredes ventriculares.
Aunque la excitación nerviosa,
algunos fármacos y ciertas sustancias químicas de tipo hormonal que segrega el
corazón influyen sobre la frecuencia cardiaca, el músculo cardiaco es por sí
mismo contráctil y continúa latiendo con una frecuencia regular y constante,
incluso cuando se interrumpen todas las conexiones con el sistema nervioso.
En el embrión el corazón
deriva de la fusión de las dos aortas ventrales, que forman un órgano pulsátil
único. Más tarde se formará un tabique interauricular y un tabique
interventricular (partición) que lo dividirá en corazón izquierdo y derecho.
Sin embargo, la separación no se completa hasta que los pulmones comienzan a
funcionar tras el parto. Antes del nacimiento la sangre se oxigena en la
placenta y regresa a la aurícula derecha a través de la vena cava inferior. Más
tarde, la válvula de Eustaquio la dirige a través del agujero oval, que es un
orificio persistente en el tabique interauricular. Después del nacimiento, la
válvula de Eustaquio involuciona convirtiéndose en un vestigio y, por lo
general, el agujero oval se cierra aunque puede persistir en el adulto con tamaño
variable en una quinta parte de la población.
El corazón produce dos
sonidos en cada ciclo del latido. El primer tono es sordo, y está causado por
la vibración de las válvulas auriculoventriculares y por la contracción de las
fibras musculares ventriculares. El segundo tono es más agudo y se debe al
cierre repentino de las válvulas aórticas y pulmonares. En las enfermedades
cardiacas estos ruidos regulares pueden ser reemplazados o estar acompañados
por soplos, originados por el paso violento de la sangre a través de orificios
o válvulas anómalas. La identificación de dichos soplos tiene gran importancia
para el diagnóstico. Véase Aparato circulatorio.
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ENFERMEDADES DEL CORAZÓN
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Los trastornos del corazón
son responsables de mayor número de muertes que cualquier otra enfermedad en
los países desarrollados. Pueden surgir como consecuencia de defectos
congénitos, infecciones, estrechamiento de las arterias coronarias, tensión
arterial alta o trastornos del ritmo cardiaco.
Las cardiopatías congénitas
incluyen la persistencia de comunicaciones que existían en el transcurso de la
vida fetal entre la circulación venosa y arterial, como el ductus
arteriosus, que es un vaso que comunica la arteria pulmonar con la aorta,
únicamente hasta que se produce el nacimiento. Otras anomalías importantes del
desarrollo afectan a la división del corazón en cuatro cavidades y a los
grandes vasos que llegan o parten de ellas. En los “bebés azules” la arteria
pulmonar es más estrecha y los ventrículos se comunican a través de un orificio
anormal. En esta situación, conocida como cianosis, la piel adquiere una
coloración azulada debido a que la sangre recibe una cantidad de oxígeno
insuficiente. En la antigüedad la expectativa de vida para dichos lactantes era
muy limitada, pero con el perfeccionamiento del diagnóstico precoz y el avance
de las técnicas de hipotermia, es posible intervenir en las primeras semanas de
vida, y mejorar la esperanza de vida de estos lactantes.
Anteriormente, las cardiopatías
reumáticas constituían una de las formas más graves de enfermedad cardiaca
durante la infancia y la adolescencia, por afectar al corazón y a sus válvulas.
Esta enfermedad aparece después de los ataques de fiebre reumática. El uso
generalizado de antibióticos eficaces contra los estreptococos ha reducido
mucho su incidencia, pero todavía en los países en vías de desarrollo sigue
siendo la primera o una de las primeras causas de cardiopatía.
La miocarditis es la inflamación
o degeneración del músculo cardiaco. Aunque suele ser consecuencia de diversas
enfermedades como sífilis, bocio tóxico, endocarditis o hipertensión, puede
aparecer en el adulto como enfermedad primaria, o en el anciano como enfermedad
degenerativa. Puede asociarse con dilatación (aumento debido a la debilidad del
músculo cardiaco) o con hipertrofia (crecimiento excesivo del músculo
cardiaco).
La principal forma de
enfermedad cardiaca en los países occidentales es la aterosclerosis. En este
trastorno, los depósitos de material lipídico denominados placas, formados por
colesterol y grasas, se depositan sobre la pared interna de las arterias
coronarias. El estrechamiento gradual de las arterias a lo largo de la vida
restringe el flujo de sangre al músculo cardiaco. Los síntomas de esta
restricción pueden consistir en dificultad para respirar, en especial durante
el ejercicio, y dolor opresivo en el pecho que recibe el nombre de angina de
pecho (angor pectoris). La placa de ateroma puede llegar a ser lo
bastante grande como para obstruir por completo la arteria coronaria, y provocar
un descenso brusco del aporte de oxígeno al corazón. La obstrucción, denominada
también oclusión, se puede originar cuando la placa se rompe y tapona el
conducto en un punto donde el calibre de la arteria es menor o cuando se
produce un coágulo sobre la placa, proceso que recibe el nombre de trombosis.
Éstas son las principales causas de los ataques cardiacos, o infartos de
miocardio, que frecuentemente tienen consecuencias mortales. Las personas que
sobreviven a un infarto deben realizar una rehabilitación integral.
El desarrollo de placas
de ateroma se debe en gran medida a la ingestión excesiva de colesterol y
grasas animales en la dieta. Se cree que un estilo de vida sedentario favorece
la aterosclerosis, y la evidencia sugiere que el ejercicio físico puede ayudar
a prevenir que el corazón resulte afectado. El temperamento perfeccionista,
luchador, que se refiere como personalidad tipo A se ha asociado también con un
riesgo mayor de infarto de miocardio, al igual que el consumo de tabaco. La
aparición de un infarto de miocardio es más probable en quienes tienen
hipertensión. En el proceso que precipita el ataque pueden estar implicados
productos que secretan las plaquetas en la sangre. Se han realizado estudios
clínicos para comprobar si las personas que han padecido un infarto estarán
protegidas frente al riesgo de un segundo ataque una vez que se emplean
fármacos que bloquean la acción de las plaquetas. Los factores de riesgo a los
que se ha hecho referencia se pueden clasificar en primarios (hipertensión
arterial, hipercolesterolemia y tabaco), secundarios (sedentarismo y estrés) y
terciarios (antecedentes familiares y otros).
Muchas personas que padecen
una angina grave debido a enfermedad aterosclerótica pueden recibir tratamiento
mediante fármacos, como los betabloqueantes (por ejemplo, propanolol) y
nitratos, que reducen la carga del corazón. Los pacientes que no mejoran con medidas
farmacológicas suelen recibir tratamiento a través de una técnica quirúrgica
denominada bypass coronario. En este procedimiento, que fue implantado
en la década de 1970, se sutura un trozo de una vena de la pierna (safena) a la
arteria coronaria ocluida para formar un puente que evite la zona
aterosclerótica. En la mayoría de los pacientes la intervención alivia el dolor
de la angina y en muchos de ellos evita un infarto mortal.
Un segundo procedimiento
quirúrgico que se desarrolló durante la década de 1970 para tratar la
aterosclerosis coronaria fue la cateterización y dilatación con balón, o
angioplastia coronaria transluminal percutánea. En esta intervención se
introduce en la arteria coronaria un conducto hueco (catéter) con un balón en
su extremo. Cuando el balón alcanza la zona aterosclerótica se insufla. La
placa se comprime y se restablece el flujo normal. Se calcula que una de cada
seis intervenciones de bypass puede ser sustituida por este método menos
agresivo.
Durante la década de 1970
y principios de la década de 1980 se puso de manifiesto un gran descenso de la
mortalidad por enfermedad cardiaca aterosclerótica en varios países
desarrollados. Aunque no se ofreció una explicación clara de su causa, las
autoridades sanitarias la han atribuido a un diagnóstico y tratamiento más
generalizado de la hipertensión arterial y a una disminución de la ingestión de
grasas animales en la dieta media occidental. Sin embargo, la coronariopatía
continúa siendo la principal causa de muerte en estos países.
Ciertas personas que fallecen
de infarto de miocardio no presentan aterosclerosis clara. Las investigaciones
han demostrado que una disminución del flujo de sangre al corazón puede deberse
a una vasoconstricción espontánea de una arteria coronaria en apariencia sana (vasoespasmo),
que puede contribuir a la aparición de algunos infartos de miocardio en
colaboración con la aterosclerosis.
La frecuencia cardiaca
responde a las necesidades del organismo y está sujeta a un amplio intervalo de
variaciones que, por lo general, se encuentran dentro de los límites normales.
Las variaciones pequeñas en el ritmo cardiaco suelen tener un significado
patológico mínimo. La alteración del ritmo cardiaco normal recibe el nombre de
arritmia. Cuando además supone una elevación del ritmo se denomina
taquiarritmia (fibrilación ventricular, auricular y sacudidas), mientras que
cuando lo retarda se denomina bradiarritmia (bloqueos auriculoventriculares y
de rama). La causa inmediata de muerte en muchos infartos de miocardio, haya o
no aterosclerosis, es la fibrilación ventricular, que conduce a una parada
cardiaca. Este tipo de taquiarritmia origina la contracción rápida e ineficaz
de los ventrículos. El ritmo cardiaco normal se puede restablecer con la
aplicación de una descarga eléctrica sobre el tórax.
Los defectos graves en
el nodo sinoauricular o en las fibras que transmiten los impulsos al músculo
cardiaco pueden provocar vértigo, desmayos y en ocasiones la muerte. El
trastorno más grave es el bloqueo cardiaco completo. Éste se puede corregir por
medio de la colocación de un marcapasos artificial, un dispositivo que emite
descargas eléctricas rítmicas para provocar la contracción regular del músculo
cardiaco. La mayor parte del resto de las arritmias no son peligrosas excepto
en quienes padecen una enfermedad cardiaca subyacente. En estos pacientes, en
especial en los que ya han sufrido un infarto, las arritmias requieren un
tratamiento a base de antiarrítmicos como propanolol, lidocaína y disopiramida,
entre otros.
Otra patología frecuente
entre las personas de edad avanzada es la afección cardiopulmonar, que suele
ser el resultado de una alteración pulmonar como el enfisema, o de una
enfermedad que afecta a la circulación pulmonar, como la arteriosclerosis de la
arteria pulmonar. Otro trastorno presente en los ancianos es la insuficiencia
cardiaca congestiva, en la cual, la función de bombeo de los ventrículos está
disminuida. Las paredes musculares de los ventrículos se dilatan esforzándose
por impulsar un volumen mayor de sangre hacia la circulación, dando origen a
una cardiomegalia (aumento de tamaño) característico de este síndrome. Las
personas con este trastorno suelen mejorar con uno de los derivados de la
digitalina, que aumenta la eficacia de la función de bombeo del corazón.
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DIAGNÓSTICO
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El electrocardiógrafo,
un instrumento que registra la corriente eléctrica producida por el músculo
cardiaco durante las distintas fases de la contracción, es una herramienta
importante de diagnóstico. La eficacia del corazón como bomba se puede determinar
con precisión mediante el cateterismo cardiaco. En esta técnica se introduce un
catéter a través de una vena o una arteria, o ambas, en las cavidades cardiacas
derechas, izquierdas, o en ambas, en la arteria pulmonar y en la aorta. Este
proceso permite determinar la tasa de flujo sanguíneo y registrar la presión
sanguínea intracardiaca y en los grandes vasos, y hace posible detectar
comunicaciones anómalas entre las cavidades cardiacas derecha e izquierda. Con
la ayuda de otra técnica diagnóstica, llamada angiocardiografía o
cinefluoroscopia, es posible obtener imágenes de las cavidades cardiacas y del
trayecto y contorno de los vasos pulmonares y de la aorta y sus ramificaciones.
Esta técnica implica la inyección de una sustancia opaca a los rayos X en una vena.
Hay otra técnica nueva que permite obtener una delineación incluso más exacta
de zonas del corazón con flujo sanguíneo reducido, mediante la visualización
del flujo de un isótopo radiactivo del talio en el músculo cardiaco. Una cámara
computerizada registra el grado de penetración del talio durante el ciclo
cardiaco de sístole-diástole, mostrando con precisión las pequeñas áreas de
tejido lesionado. Otra técnica que se utiliza mucho hoy es la obtención de
imágenes mediante ultrasonidos (ecocardiografía).
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TRASPLANTE DE CORAZÓN
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En 1967 el cirujano sudafricano
Christiaan Barnard llevó a cabo el primer trasplante del corazón de una persona
a otra. Desde entonces muchos cirujanos han realizado este procedimiento. Al
principio, el mayor problema fue la tendencia natural del organismo a rechazar
los tejidos ajenos. Sin embargo, a principios de la década de 1980 y gracias al
empleo de fármacos inmunosupresores, en particular la ciclosporina, el número
de pacientes con un trasplante de corazón que sobrevivía más de un año era
mayor. En la década de 1990, este tipo de intervención se ha hecho más habitual
en países desarrollados donde la tasa de supervivencia de pacientes trasplantados
ha aumentado de cinco a diez años después del trasplante.
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CORAZONES ARTIFICIALES
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Desde la década de 1950
se han desarrollado progresivamente los corazones artificiales. En 1966 se
implantó con éxito por primera vez una bomba auxiliar de propulsión como una
medida transitoria, y al menos un dispositivo de este tipo se mantuvo activo
durante varios años. En 1969 se implantó el primer corazón artificial en un ser
humano, de nuevo como medida temporal. El primer corazón artificial permanente,
diseñado por Robert Jarvik, fue implantado en 1982 a un paciente que sobrevivió
tres meses. Desde aquel momento gran número de pacientes ha recibido el corazón
artificial de Jarvik y otros corazones artificiales. En julio de 2001 se
realizó el primer implante de un corazón artificial totalmente autónomo. Este
nuevo prototipo, denominado AbioCor, está fabricado con plástico y titanio y
pesa aproximadamente 1 kilogramo.
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