lunes, 8 de noviembre de 2010

ACCIDENTE CEREBROVASCULAR ("DERRAME CEREBRAL","HEMORRAGIA CEREBRAL","INFARTO CEREBRAL"). PERCY ZAPATA MENDO.

Accidente cerebrovascular

Es una interrupción del suministro de sangre a cualquier parte del cerebro y, algunas veces, se le denomina "ataque cerebral" (derrame cerebral).

Causas

Un accidente cerebrovascular sucede cuando el flujo sanguíneo a una parte del cerebro se interrumpe debido a que un vaso sanguíneo en dicho órgano se bloquea o se rompe.

Si se detiene el flujo sanguíneo durante más de unos pocos segundos, el cerebro no puede recibir sangre y oxígeno. Las células cerebrales pueden morir, causando daño permanente.

Hay dos tipos principales de accidente cerebrovascular: accidente cerebrovascular isquémico y accidente cerebrovascular hemorrágico.

ACCIDENTE CEREBROVASCULAR ISQUÉMICO

El accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando un vaso sanguíneo que irriga sangre al cerebro resulta bloqueado por un coágulo de sangre. Esto puede suceder de dos maneras:

• Se puede formar un coágulo en una arteria que ya está muy estrecha, lo cual se denomina trombo. Si bloquea la arteria completamente, se denomina un accidente cerebrovascular trombótico.

• Un coágulo se puede desprender desde otro lugar en los vasos sanguíneos del cerebro o alguna parte en el cuerpo y subir hasta el cerebro para bloquear una arteria más pequeña. Esto se denomina embolia y causa un accidente cerebrovascular embólico.

Los accidentes cerebrovasculares isquémicos pueden resultar del taponamiento de las arterias, una afección llamada ateroesclerosis. Esto puede afectar las arterias dentro del cerebro o las arterias en el cuello que llevan sangre al cerebro. La grasa, el colesterol y otras sustancias se acumulan en la pared de las arterias formando una sustancia pegajosa llamada placa. Con el tiempo, la placa se acumula. Esto a menudo dificulta el flujo apropiado de la sangre, lo cual puede provocar que ésta se coagule.

Los accidentes cerebrovasculares isquémicos también pueden ser causados por coágulos de sangre que se forman en el corazón u otras partes del cuerpo. Estos coágulos viajan a través de la sangre y pueden atascarse en las pequeñas arterias del cerebro, lo cual se conoce como embolia cerebral.

Ciertos fármacos y afecciones médicas pueden hacer que la sangre sea más susceptible de coagularse y elevan el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico. Una causa común de accidente cerebrovascular isquémico en personas menores de 40 años es la disección carotídea o una ruptura en el revestimiento de la arteria carótida. La ruptura permite el flujo de sangre entre las capas de esta arteria. Esto causa estrechamiento de la arteria que no se debe a la acumulación de placa.

Algunos accidentes cerebrovasculares isquémicos empiezan sin ningún sangrado y luego éste se presenta dentro del área dañada.

ACCIDENTE CEREBROVASCULAR HEMORRÁGICO:

Un accidente cerebrovascular hemorrágico ocurre cuando un vaso sanguíneo en parte del cerebro se debilita y se rompe, provocando que la sangre se escape hacia el cerebro. Algunas personas tienen defectos en los vasos sanguíneos del cerebro que hacen que esto sea más probable. El flujo de sangre después de la ruptura del vaso sanguíneo causa daño a las células cerebrales.

RIESGOS DEL ACCIDENTE CEREBROVASCULAR:

La hipertensión arterial es el factor de riesgo número uno para accidentes cerebrovasculares. Los siguientes factores también incrementan el riesgo:

• Fibrilación auricular

• Diabetes

• Antecedentes familiares de la enfermedad

• Cardiopatía

• Colesterol alto

• Aumento de la edad

Ciertos medicamentos incrementan las probabilidades de formación de coágulos y, por lo tanto, aumentan las posibilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. Las píldoras anticonceptivas pueden aumentar las posibilidades de tener coágulos sanguíneos, especialmente en mujeres que fuman y tienen más de 35 años.

Los hombres tienen más accidentes cerebrovasculares que las mujeres; sin embargo, estas últimas tienen un riesgo más alto de presentar un accidente cerebrovascular durante el embarazo y en las semanas inmediatamente posteriores a éste.

Los siguientes factores incrementan el riesgo de sangrado dentro del cerebro, lo cual lo hace a uno más propenso a sufrir un accidente cerebrovascular:

• Consumo de alcohol

• Trastornos hemorrágicos

• Consumo de cocaína

• Traumatismo craneal

Síntomas

Los síntomas del accidente cerebrovascular dependen de qué parte del cerebro esté dañada. En algunos casos, es posible que una persona ni siquiera se dé cuenta de que ha tenido un accidente cerebrovascular.

Los síntomas generalmente se presentan de manera súbita y sin aviso o pueden ocurrir a intervalos durante el primero o segundo día. Los síntomas por lo general son más greves apenas sucede el accidente cerebrovascular, pero pueden empeorar lentamente.

Se puede presentar un dolor de cabeza, especialmente si el accidente cerebrovascular es causado por sangrado en el cerebro. El dolor de cabeza:

• Comienza repentinamente

• Ocurre al estar acostado

• Despierta a la persona

• Empeora cuando se cambia de posición o cuando se agacha, hace esfuerzo o tose

Otros síntomas dependen de la gravedad del accidente cerebrovascular y de la parte del cerebro afectada. Los síntomas pueden abarcar:

• Cambio en la lucidez mental (incluyendo coma, somnolencia y pérdida del conocimiento)

• Cambios en la audición

• Cambios en el sentido del gusto

• Torpeza

• Confusión o pérdida de memoria

• Dificultad para deglutir

• Dificultad para leer o escribir

• Mareos o sensación anormal de movimiento (vértigo)

• Falta de control de esfínteres

• Pérdida del equilibrio

• Pérdida de la coordinación

• Debilidad muscular en la cara, el brazo o la pierna (por lo regular sólo en un lado)

• Entumecimiento u hormigueo en un lado del cuerpo

• Cambios emocionales, de personalidad y estado de ánimo

• Problemas con la vista, incluyendo disminución de la visión, visión doble o ceguera total

• Cambios en la sensibilidad que afectan el tacto y la capacidad para sentir el dolor, la presión, las temperaturas diferentes u otros estímulos

• Problemas para hablar o entender a otros que estén hablando

• Problemas para caminar

Pruebas y exámenes

Se debe llevar a cabo un examen físico y neurológico completo. El médico:

• Verificará si hay problemas con la visión, el movimiento, la sensibilidad, los reflejos, la comprensión y el habla. El médico y las enfermeras repetirán este examen con el tiempo para ver si el accidente cerebrovascular está empeorando o mejorando.

• Auscultará para ver si hay un ruido anormal, llamado "soplo", al usar un estetoscopio para escuchar las arterias carótidas en el cuello. Un soplo es causado por flujo sanguíneo turbulento.

• Revisará y evaluará la presión arterial, la cual puede estar alta.

Los exámenes le pueden ayudar al médico a determinar el tipo, la localización y la causa del accidente cerebrovascular y descartar otros trastornos que pueden ser responsables de los síntomas.

• Una tomografía computarizada del cerebro a menudo se realiza poco después del comienzo de los síntomas del accidente cerebrovascular. Asimismo, se puede hacer una resonancia magnética del cerebro en lugar o después de ésta.

• Se puede realizar una angiografía por resonancia magnética (ARM) o angiografía por tomografía computarizada para ver si hay vasos sanguíneos anormales en el cerebro que puedan haber causado el accidente cerebrovascular.

• Se puede hacer una ecocardiografía si el accidente cerebrovascular pudo haber sido causado por un coágulo sanguíneo proveniente del corazón.

• Un dúplex carotídeo (un tipo de ecografía) puede mostrar si el estrechamiento de las arterias del cuello (estenosis carotídea) llevó a un accidente cerebrovascular.

• Una angiografía de la cabeza puede revelar cuál vaso sanguíneo está bloqueado o sangrando y ayudarle al médico a decidir si la arteria se puede reabrir usando una sonda delgada.

• Los exámenes de laboratorio incluirán un conteo sanguíneo completo (CSC), tiempo de sangría y exámenes de la coagulación sanguínea (tiempo de protrombina o tiempo parcial de tromboplastina). También se verificará en nivel de azúcar y colesterol en la sangre.

• Un electrocardiograma (ECG) y un monitoreo del ritmo cardíaco pueden ayudar a determinar si un latido cardíaco irregular (como fibrilación auricular) causó el accidente cerebrovascular.

• También se puede efectuar una punción raquídea (examen del líquido cefalorraquídeo).

Tratamiento

Un accidente cerebrovascular es una emergencia médica. El tratamiento inmediato puede salvar vidas y reducir la discapacidad. Llame al número local de emergencias (911 en los Estados Unidos) o busque atención médica inmediata ante los primeros signos de accidente cerebrovascular.

Es muy importante para las personas que están experimentando síntomas de un accidente cerebrovascular llegar al hospital lo más rápidamente posible. Si el accidente cerebrovascular fue causado por un coágulo sanguíneo, se puede administrar un fármaco trombolítico para disolverlo.

La mayoría de las veces, los pacientes deben llegar al hospital dentro de un período de tres horas después del comienzo de los síntomas. Algunas personas pueden ser capaces de recibir estos fármacos hasta por 4 a 5 horas después del inicio de los síntomas.

El tratamiento depende de la gravedad y causa del accidente cerebrovascular. Se requiere hospitalización para la mayoría de los accidentes cerebrovasculares.

TRATAMIENTO EN EL HOSPITAL

Los trombolíticos (terapia trombolítica) se pueden usar si el accidente cerebrovascular es causado por un coágulo de sangre. Dichos medicamentos disuelven los coágulos de sangre y ayudan a restablecer el flujo sanguíneo al área dañada. Sin embargo, no todas las personas pueden recibir este tipo de medicamento.

• Para que estos fármacos hagan efecto, la persona debe ser examinada y tratada dentro de las tres primeras horas siguientes al inicio de los síntomas. Se debe realizar una tomografía computarizada para ver si el accidente cerebrovascular es por un coágulo o sangrado.

• Si el accidente cerebrovascular es causado por sangrado en vez de coagulación, los trombolíticos pueden causar más sangrado.

Otros tratamientos dependen de la causa del accidente cerebrovascular:

• Los anticoagulantes, como heparina o warfarina (Coumadin), se pueden utilizar para tratar accidentes cerebrovasculares debidos a coágulos sanguíneos. También se puede utilizar ácido acetilsalicílico o clopidogrel (Plavix).

• Se pueden necesitar otros medicamentos para controlar otros síntomas, incluyendo hipertensión arterial. Los analgésicos se pueden administrar para controlar el dolor de cabeza severo.

• En algunas situaciones, radiólogos expertos y un equipo especial para accidente cerebrovascular pueden emplear una angiografía para resaltar el vaso sanguíneo obstruido y destaparlo.

• En caso de accidente cerebrovascular hemorrágico, a menudo se requiere cirugía para extraer la sangre que se encuentra alrededor del cerebro y reparar los vasos sanguíneos dañados.

• Se puede necesitar cirugía en la arteria carótida.

Pueden ser necesarios nutrientes y líquidos, en especial, si la persona presenta dificultades para deglutir. Éstos se pueden suministrar a través de una vena (intravenosos ) o una sonda de alimentación en el estómago (sonda de gastrostomía). Las dificultades para deglutir pueden ser temporales o permanentes.

La fisioterapia, la terapia ocupacional, la logopedia y la terapia de deglución se iniciarán todas en el hospital.

TRATAMIENTO A LARGO PLAZO

El objetivo del tratamiento después de un accidente cerebrovascular es ayudarle al paciente a recuperar la mayor funcionalidad posible y prevenir accidentes cerebrovasculares futuros.

El tiempo de recuperación y la necesidad de tratamiento a largo plazo difiere de una persona a otra. Los problemas para movilizarse, pensar y hablar con frecuencia mejoran en las semanas o meses después de un accidente cerebrovascular. Muchos personas que han tenido un accidente cerebrovascular aún seguirán mejorando en los meses o años después de éste.

Pronóstico

El pronóstico depende del tipo de accidente cerebrovascular, de la cantidad de tejido cerebral dañado, de qué funciones corporales están afectadas y de la prontitud para recibir el tratamiento. La recuperación puede ocurrir por completo o puede haber alguna pérdida permanente de la función.

Más de la mitad de las personas que tienen un accidente cerebrovascular son capaces de desempeñarse de manera independiente en el hogar.

Si el tratamiento con trombolíticos tiene éxito, los síntomas de un accidente cerebrovascular pueden desaparecer por completo. Sin embargo, los pacientes con frecuencia no llegan al hospital a tiempo para recibir estos fármacos o hay afecciones médicas complicadas que impiden su uso.

Las personas que tienen un accidente cerebrovascular isquémico (accidente cerebrovascular debido a un coágulo de sangre) tienen una mejor probabilidad de sobrevivir que aquéllos que tienen un accidente cerebrovascular hemorrágico (accidente cerebrovascular debido a sangrado en el cerebro).

El riesgo de un segundo accidente cerebrovascular es más alto durante las primeras semanas o meses después del primero y luego empieza a disminuir.

Posibles complicaciones

• Broncoaspiración de alimento (aspiración)

• Disminución del período de vida

• Dificultad en la comunicación

• Fracturas

• Desnutrición

• Espasticidad muscular

• Pérdida permanente de las funciones del cerebro

• Pérdida permanente del movimiento o la sensibilidad en una o más partes del cuerpo

• Problemas debido a la pérdida de movilidad, incluyendo contracturas articulares y úlceras de decúbito

• Disminución de la capacidad para desempeñarse o cuidarse

• Disminución de la interacción social

• Efectos secundarios de los medicamentos

Prevención

Para ayudar a prevenir un accidente cerebrovascular:

• Evite los alimentos grasos. Siga una dieta saludable y baja en grasas.

• No beba más de 1 a 2 tragos de alcohol por día.

• Haga ejercicio en forma regular: 30 minutos al día si no tiene sobrepeso y de 60 a 90 minutos si lo tiene.

• Hágase revisar la presión arterial al menos cada 1- 2 años, especialmente si la hipertensión arterial es hereditaria.

• Hágase revisar el colesterol. Si está en alto riesgo de accidente cerebrovascular, el colesterol "malo" LDL debe estar por debajo de 100 mg/dL. Es posible que el médico le recomiende que intente reducir el colesterol LDL hasta 70 mg/dl.

• Siga las recomendaciones de tratamiento del médico si presenta hipertensión arterial, diabetes, colesterol alto y cardiopatía.

• Deje de fumar.

La terapia con ácido acetilsalicílico o aspirin (81 mg al día o 100 mg cada dos días) se recomienda para la prevención del accidente cerebrovascular en todos los hombres que tengan factores de riesgo de sufrirlo y en las mujeres menores de 65 que también estén en riesgo, en tanto los beneficios superen dichos riesgos. Se debe considerar para mujeres de más de 65 años sólo si su presión arterial está controlada y si el beneficio es mayor que el riesgo de sangrado gastrointestinal y hemorragia cerebral. Pregúntele a su médico si el ácido acetilsalicílico (aspirin) es apropiado en su caso.

El médico también le puede recomendar que tome ácido acetilsalicílico u otro anticoagulante si ha tenido un accidente isquémico transitorio o un accidente cerebrovascular en el pasado o si actualmente tiene:

• Insuficiencia cardíaca congestiva

• Latidos cardíacos irregulares (como fibrilación auricular)

• Válvula cardíaca mecánica

• Otros factores de riesgo para accidente cerebrovascular

Un tipo de cirugía llamada endarterectomía carotídea puede ayudar a evitar que ocurran nuevos accidentes cerebrovasculares en personas con grandes obstrucciones en las arterias del cuello.

Nombres alternativos

Enfermedad cerebrovascular; Derrame cerebral; ACV; Infarto cerebral; Hemorragia cerebral; Accidente cerebrovascular isquémico; Accidente cerebrovascular de tipo isquémico; Accidente cerebrovascular hemorrágico

Referencias

Latchaw RE, Alberts MJ, Lev MH, Connors JJ, Harbaugh RE, Higashida RT, et al. Recommendations for imaging of acute ischemic stroke: a scientific statement from the American Heart Association. Stroke. 2009;40:3646-3678. Epub 2009 Sep 24.

Del Zoppo GJ, Saver JL, Jauch EC, Adams HP Jr: American Heart Association Stroke Council, Expansion of the time window for treatment of acute ischemic stroke with intravenous tissue plasminogen activator: a science advisory from the American Heart Association/American Stroke Association. Stroke. 2009;40:2945-2948. Epub 2009 May 28.

Adams RJ, Albers G, Alberts MJ, Benavente O, Furie K, Goldstein LB, et al. Update to the AHA/ASA recommendations for the prevention of stroke in patients with stroke and transient ischemic attack. Stroke. 2008;39:1647-1652. Epub 2008 Mar 5.

Chung CS, Caplan LR. Stroke and other neurovascular disorders. In: Goetz, CG, eds. Textbook of Clinical Neurology. 3rd ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2007:chap 45.

ANEMIA. PERCY ZAPATA MENDO.

ANEMIA


La anemia, uno de los trastornos sanguíneos más frecuentes, ocurre cuando la concentración de glóbulos rojos o hematíes es demasiado baja. Esto puede generar problemas de salud porque los glóbulos rojos contienen hemoglobina, que transporta oxígeno a los tejidos corporales. La anemia puede ocasionar diversas complicaciones, incluyendo la fatiga y el agotamiento por el sobreesfuerzo de muchos órganos corporales.

La anemia puede estar provocada por muchos factores, pero los tres principales mecanismos corporales que la producen son:

1. destrucción excesiva de glóbulos rojos

2. pérdida de sangre

3. producción inadecuada de glóbulos rojos

Entre muchas otras causas, la anemia puede ser el resultado de trastornos hereditarios, problemas nutricionales (como la deficiencia de hierro o de vitaminas), infecciones, algunos tipos de cáncer o la exposición a fármacos o toxinas.

Anemia provocada por destrucción de glóbulos rojos

La anemia hemolítica ocurre cuando los glóbulos rojos se destruyen prematuramente (la vida media normal de los hematíes es de 120 días pero en la anemia hemolítica es mucho menor). La medula ósea (el tejido blando y esponjoso del interior de los huesos que fabrica nuevas células sanguíneas) sencillamente no puede compensar la demanda de nuevas células por parte del organismo. Esto puede ocurrir por diversos motivos. A veces, las infecciones o ciertos medicamentos -como los antibióticos o los anticonvulsivos- son los culpables.

En la anemia hemolítica autoinmunitaria, el sistema inmunológico confunde a los glóbulos rojos con células invasoras y empieza a destruirlos. Otros niños heredan alteraciones en los hematíes que evolucionan hacia una anemia. Las tipos más frecuentes de anemia hemolítica heredada incluyen la anemia falciforme, la talasemia, la deficiencia de glucosa 6 fosfato deshidrogenasa (G6PD) y la esferocitosis hereditaria.

La anemia falciforme o perniciosa es un tipo grave de anemia que ocurre con mayor frecuencia en personas de origen africano, aunque puede afectar a personas de ascendencia caucásica o procedente de Arabia Saudita, la India o el área mediterránea. En esta afección la hemoglobina forma largas varas al repartir el oxígeno y los glóbulos rojos se deforman hasta adquirir forma de hoz. Esto conlleva una destrucción prematura de los glóbulos rojos, una concentración crónicamente baja de hemoglobina y episodios recurrentes de dolor, así como problemas que pueden afectar prácticamente a cualquier órgano del cuerpo. Aproximadamente uno de cada 625 niños americanos de origen africano nace con este tipo de anemia.

La talasemia, que afecta prioritariamente a personas de origen mediterráneo, africano o del sudeste asiático, se caracteriza por unos glóbulos rojos anómalos y de escasa vida media. La talasemia mayor, también conocida como anemia de Cooley, es un tipo grave de anemia en que los hematíes se destruyen rápidamente y el hierro se deposita en la piel y en los órganos vitales. La talasemia menor se asocia solo a una leve anemia y a mínimos cambios en los hematíes.

La deficiencia de glucosa 6 fosfato deshidrogenasa (G6PD) afecta mayoritariamente a hombres de ascendencia africana, aunque también se ha diagnosticado en muchos otros grupos raciales. En este trastorno, los glóbulos rojos o bien no producen suficiente cantidad de la enzima G6PD o la enzima que producen es anómala y no funciona adecuadamente. Cuando una persona que nace con esta deficiencia tiene una infección, toma ciertos medicamentos o se expone a sustancias específicas, sus hematíes experimentan un estrés adicional o sobreesfuerzo. Sin una cantidad adecuada de G6PD para protegerlos, muchos de esos glóbulos rojos se destruyen de forma prematura.

La esferocitosis hereditaria es un trastorno de origen genético que afecta a la membrana de los glóbulos rojos y puede cursar con anemia, ictericia (piel de tonalidad amarillenta) y agrandamiento del bazo. Los glóbulos rojos tienen una superficie menor que los glóbulos rojos normales, lo que hace que se abran y rompan con mayor facilidad. Los antecedentes familiares incrementan el riesgo de padecer este trastorno, que es más frecuente en personas originarias del norte de Europa, aunque se puede dar en cualquier raza

Anemia provocada por pérdida de sangre

La pérdida de sangre también puede provocar anemia, sea por una hemorragia excesiva ocasionada por una herida o una intervención quirúrgica o por un problema en la capacidad del organismo para coagular la sangre. Una pérdida de sangre más lenta y prolongada, como las hemorragias intestinales provocadas por la enfermedad inflamatoria intestinal, también puede provocar anemia. La anemia también puede estar ocasionada por menstruaciones muy copiosas en chicas y mujeres. Cualquiera de estos factores incrementará los requerimientos de hierro del organismo, ya que este mineral es necesario para producir nuevos hematíes.

Anemia provocada por una inadecuada producción de glóbulos rojos

La anemia aplástica o aplásica ocurre cuando la medula ósea no puede producir una cantidad suficiente de glóbulos rojos. Esto puede obedecer a una infección vírica, a estar expuesto a ciertas sustancias químicas de carácter tóxico, a la radiación o a determinados medicamentos (como los antibióticos, los anticonvulsivos o los tratamientos contra el cáncer). Algunos cánceres propios de la infancia también pueden provocar la anemia aplástica, así como ciertas enfermedades crónicas que afectan a la capacidad de la medula ósea para fabricar hematíes.

Las concentraciones altas de hemoglobina y glóbulos rojos en la sangre fetal ayudan a transportar suficiente oxígeno en un cuerpo en proceso de formación y un ambiente uterino con una cantidad de oxígeno relativamente baja. Una vez que nace el bebé, tiene más oxígeno a su disposición y la concentración de hemoglobina normalmente desciende considerablemente alrededor de los dos meses de vida, un trastorno conocido como anemia fisiológica del lactante. Este descenso temporal y esperado de la cantidad de hematíes se considera normal y no requiere tratamiento alguno porque el cuerpo del bebé enseguida empieza a fabricar glóbulos rojos por su cuenta.

La anemia también ocurre cuando el cuerpo no es capaz de producir suficientes glóbulos rojos sanos debido a una deficiencia de hierro. El hierro es esencial para producir hemoglobina. La ingesta de una cantidad insuficiente de hierro en la dieta (o la excesiva pérdida de hierro por parte del cuerpo) puede provocar una anemia ferropénica (o por deficiencia de hierro), la causa más frecuente de anemia en la población infantil. La anemia ferropénica puede afectar a niños de cualquier edad, pero es más frecuente en niños menores de dos años. Los niños pequeños que beben cantidades excesivas de leche están más expuestos a este tipo de anemia.

Las niñas que están atravesando la pubertad tienen un riesgo particularmente elevado de sufrir anemia ferropénica debido al comienzo de la menstruación; la pérdida mensual de sangre incrementa la cantidad de hierro que necesitan incorporar a través de la dieta.

Signos y síntomas de la anemia

Si su hijo tiene anemia, sus primeros síntomas pueden ser una leve palidez de la piel y una disminución del color rosado de labios y uñas. No obstante, puesto que estos cambios pueden ocurrir gradualmente, pueden ser difíciles de detectar. Otros síntomas habituales de la anemia incluyen los siguientes:

irritabilidad

fatiga

mareo, sensación de vacío en la cabeza y taquicardia (aceleración de la frecuencia cardiaca)

Si la anemia está provocada por una destrucción excesiva de glóbulos rojos, los síntomas también pueden incluir ictericia (tonalidad amarillenta del blanco de los ojos), bazo agrandado y orina más oscura de lo normal.

En los lactantes y preescolares, la anemia ferropénica puede provocar retrasos del desarrollo y alteraciones del comportamiento, tales como disminución de la actividad motora y problemas en la interacción social y en la tareas que requieren atención. Las investigaciones indican que los problemas evolutivos pueden persistir durante y después de la etapa escolar si la anemia ferropénica no se trata adecuadamente.

Diagnóstico de la anemia

En muchos casos, los médicos no diagnostican la anemia hasta que solicitan análisis de sangre como parte de una exploración física sistemática. Un hemograma completo puede indicar que un niño tiene menos glóbulos rojos de lo normal. Otras pruebas diagnósticas podrían incluir:

Examen de frotis de sangre: la sangre se coloca en un portaobjetos de vidrio y se observa al microscopio a fin de examinar los glóbulos rojos, lo que a veces puede indicar la causa de la anemia.

Pruebas de hierro: estas incluyen evaluar el hierro total en suero y la ferritina, lo que puede ayudar a determinar si la anemia obedece a una deficiencia de hierro.

Electroforesis de hemoglobina: se utiliza para identificar varios tipos de hemoglobina anómala en sangre y para diagnosticar la anemia falciforme, la talasemia y otras formas heredadas de anemia.

Aspiración y biopsia de medula ósea: esta prueba puede ayudar a determinar si la producción de células está ocurriendo o no con normalidad en la médula ósea. Es la única forma de diagnosticar la anemia aplástica de forma definitiva y también se emplea si una enfermedad que afecta a la medula ósea (como la leucemia) podría ser la causa de la anemia.

Conteo de reticulocitos: se determina el porcentaje de los glóbulos rojos jóvenes que ayuda a determinar si la producción de hematíes se encuentra a niveles normales.

Aparte de efectuar estas pruebas, es posible que el pediatra de su hijo le pregunte sobre los antecedentes médicos familiares en lo que respecta a la anemia y sobre los síntomas de su hijo y los medicamentos que toma. Esto puede llevar al pediatra a programar otras pruebas para evaluar enfermedades específicas que podrían estar provocando la anemia.

Tratamiento de la anemia

El tratamiento de la anemia depende de su causa. Es importante no asumir que cualquier síntoma que tenga su hijo obedece a una deficiencia de hierro. Asegúrese de que a su hijo lo evalúe un pediatra.

Si su hijo padece anemia ferropénica, es posible que el pediatra le recete medicamentos en forma de gotas (para lactantes), en forma líquida o en comprimidos (para niños mayores), que generalmente se deben tomar durante un período de unos tres meses para restablecer las reservas de hierro del organismo. Es posible que el pediatra también recomiende añadir ciertos alimentos ricos en hierro a la dieta del niño, así como reducir el consumo de leche.

Si su hija adolescente es anémica y tiene periodos menstruales copiosos o irregulares, es posible que su pediatra le recete un tratamiento hormonal para ayudarla a regular el sangrado menstrual.

Los suplementos de ácido fólico y de vitamina B12 se pueden recetar en el caso de que la anemia obedezca a deficiencias de estos nutrientes, aunque esto es sumamente infrecuente en la población infantil.

Las anemias provocadas por infecciones generalmente mejoran cuando la infección remite o recibe un tratamiento adecuado. Si cierto medicamento parece ser la causa, el pediatra de su hijo es posible que interrumpa la medicación o la sustituya por otro medicamento alternativo, a menos que los efectos beneficiosos de la medicación superen claramente sus efectos secundarios.

Dependiendo de la causa, el tratamiento de las formas más graves o crónicas de anemia puede incluir:

transfusiones de glóbulos rojos normales procedentes de un donante

extirpación del bazo o un tratamiento farmacológico para evitar que las células sanguíneas sean eliminadas de la circulación o destruidas demasiado deprisa

medicamentos para combatir las infecciones o para estimular a la medula ósea a fabricar más células sanguíneas

El transplante de medula ósea puede utilizarse en algunos casos de anemia falciforme, talasemia y anemia aplástica. En este procedimiento, las células de médula ósea extraídas de un donante se inyectan en la vena del niño; estas células recorren el torrente sanguíneo hasta llegar a la médula ósea del receptor, donde comenzarán a producir nuevas células sanguíneas.

El cuidado de un niño que padece anemia

El tipo, la causa y la gravedad de la anemia de su hijo determinarán qué tipo de cuidados necesita. De todos modos, puede estar tranquilo porque los niños habitualmente toleran la anemia mucho mejor que los adultos.

En general, un niño con anemia significativa puede cansarse más fácilmente que otros niños y, por lo tanto, necesitará limitar su nivel de actividad. Asegúrese que los profesores de su hijo y otros cuidadores del niño conocen el trastorno que padece. Si la causa de la anemia es la ferropenia, siga las indicaciones de su pediatra sobre cambios dietéticos y toma de suplementos de hierro.

Si su hijo tiene el bazo agrandado, es posible que le prohíban participar en deportes de contacto debido al riesgo de que el bazo se le rompa o sangre si su hijo sufriera alguna lesión. Ciertos tipos de anemia, como la anemia falciforme, requieren otros tipos de cuidados y tratamientos más específicos.

Prevención de la anemia

La posibilidad de prevenir la anemia depende de su causa. Actualmente no hay forma de prevenir las anemias de origen genético que afectan a la producción de glóbulos rojos o de hemoglobina.

De cualquier modo, usted puede ayudar a prevenir la deficiencia de hierro, la causa más frecuente de anemia. Antes de seguir cualquiera de las siguientes instrucciones, asegúrese de hablar al respecto con el pediatra de su hijo.

Consumo de leche de vaca. Durante los primeros seis meses de vida, los bebés suelen estar protegidos de desarrollar una deficiencia de hierro por las reservas de este mineral presentes en sus cuerpos antes del nacimiento. Pero, a partir de los seis meses, generalmente no obtienen suficiente hierro a partir de la leche materna o de la leche de vaca común (que contiene menos hierro que las leches artificiales para lactantes enriquecidas con este mineral). La leche de vaca común puede provocar que algunos lactantes pierdan hierro por el intestino, y el hecho de beberla en mucha cantidad puede hacer que el bebé tenga menos interés en ingerir otros alimentos que son mejores fuentes de hierro. Por estas razones, la leche de vaca común no es recomendable para lactantes a menos que hayan cumplido un año y sigan una dieta rica en hierro. Además, estos bebés no deberían beber más de 710 a 950 ml (de 24 a 32 onzas) de leche al día. Si no consigue que su hijo consuma más alimentos ricos en hierro, hable con su pediatra sobre los suplementos de hierro.

Papillas de cereales y leches artificiales enriquecidas con hierro. Estos productos pueden ayudarle a tener la seguridad de que su bebé obtiene suficiente hierro, especialmente durante la etapa de transición de la leche materna o artificial a los alimentos sólidos.

Dieta bien equilibrada. Asegúrese que su hijo ingiere alimentos ricos en hierro regularmente. Entre las mejores elecciones, se incluyen los cereales y papillas enriquecidos con hierro, la carne roja, las yemas de huevo, las verduras de hoja verde, las verduras y frutas amarillas, la piel de patata, los tomates, la melaza y las pasas. Si su hijo es vegetariano, usted necesitará hacer un esfuerzo adicional para asegurarse de que ingiere suficiente hierro porque el hierro que se encuentra en la carne de vaca, la carne de ave y el pescado es más fácilmente absorbible que el hierro que se encuentra en alimentos de origen vegetal y en alimentos enriquecidos con este mineral. Asimismo, deberá tener en cuenta que ciertas combinaciones de alimentos pueden inhibir o bien favorecer la absorción de hierro. Por ejemplo, tomar café o té (incluyendo el té helado) con la comida puede reducir significativamente la cantidad de hierro absorbido, mientras que la vitamina C ayuda al organismo a absorber hierro.

Si usted tiene alguna pregunta referente a la anemia o considera que su hijo podría padecer este trastorno, hable con su pediatra.

Revisado por: Robin E. Miller, MD