martes, 17 de febrero de 2015

AMNESIA

AMNESIA


Es una alteración de la memoria usualmente permanente por la que se es incapaz de acceder a una parte o a todos nuestros recuerdos. Teniendo en cuenta que en la memoria están implicados principalmente tres procesos:

El de la creación del recuerdo, donde se aprenden nuevos nombres y situaciones. Todo lo que percibimos es información que está disponible por breves momentos en nuestro cerebro, en lo que se denomina memoria a corto plazo, y es la atención la encargada de seleccionar lo relevante que queremos recordar; si en ese momento nos distraemos, por ejemplo nos hablan de un tema de nuestro interés después de habernos presentado a una persona, puede que no seamos capaces de recordar su nombre. Usando el modelo del ordenador sería el equivalente a la memoria RAM, que pierde toda la información que contiene una vez apagado el aparato.

El de almacenamiento, una vez elegido lo importante nuestras neuronas lo registran participando en dicho proceso distintas regiones del cerebro, donde se crea la “huella de memoria” que nos acompañará durante años, en lo que se conoce como memoria a largo plazo. Continuando con el modelo del ordenador, equivaldría al disco duro, donde queda contenida toda la información a pesar del tiempo que pase.

El de la recuperación, donde se accede a dicho recuerdo. Éste, a pesar de ser un proceso que pudiese parecer menor, es de suma importancia para no mezclar recuerdos, y para recordar precisamente el momento o el nombre que necesitamos. En este punto es donde se realizará principalmente la intervención terapéutica para la recuperación de los pacientes con amnesia, enseñando nuevas estrategias de gestión de la información.

Entonces, cualquier alteración de alguno de estos procesos va a conllevar una incapacidad para el recuerdo, ya sea porque no se ha grabado y por ello no hay nada que recuperar; porque se haya dañado el soporte donde estaba registrado (la región del cerebro correspondiente); o porque no funciona adecuadamente la recuperación de lo registrado.

Esta alteración puede afectar tanto a la recuperación de eventos del pasado (amnesia retrógrada), que es el subtipo más conocido; como a la incapacidad de aprender y con ello de formar nuevas “huellas de memoria” (amnesia anterógrada). Ambos subtipos no son excluyentes entre sí, por lo que pueden presentarse a la vez.

Las causas que pueden alterar la memoria y producir amnesia son múltiples, desde la ingesta inadecuada de determinadas sustancias como psicotrópicos (amnesia inducida por drogas) o el alcohol (síndrome de Korsakoff), el traumatismo craneoencefálico (amnesia post-traumática, que es la más frecuente), algunos tipos de infecciones como encefalitis, malformaciones físicas del cerebro que impliquen a las áreas relacionadas con la memoria (amnesia orgánica), e incluso eventos traumáticos que provoquen shock (amnesia lacunar) o desorden emocional (amnesia disociativa).

Es fácil conocer el momento del inicio del trastorno sobre todo si se produce tras un accidente o intoxicación, pero a veces la causa puede tardar más tiempo en encontrarse, a pesar de la presencia evidente de sus efectos en la memoria, sobre todo si se está basado en un evento traumático o de origen orgánico.

Como se ha comentado con anterioridad, cualquiera de estas causas pueden afectar a alguno de los tres procesos, de adquisición, guardado o recuperación de la “huella de memoria”, con lo que haría imposible su recuerdo.

Los síntomas de la amnesia se centran básicamente en la pérdida del acceso al recuerdo, ya sea desde datos concretos y puntuales, como fechas o nombres, a acontecimientos más generales e incluso a la propia bibliografía de la persona. Dependiendo de la gravedad del trastorno, la afectación será de menor o mayor envergadura, incluso pudiendo llegar a la imposibilidad de recordar nada del pasado.

Esta pérdida de memoria, cuando es más grave y extensa, puede conllevar además un deterioro en las relaciones interpersonales y laborales de la persona, comportamiento antisocial con el que trate de aliviar la presión social que siente cuando se ve incapacitado para desenvolverse en la sociedad.

Cabe mencionar que si bien se puede producir un déficit en la memoria declarativa, es decir, puede que la persona no sea capaz de narrar los hechos del pasado, quede intacta la memoria procesual, gracias a la cual podemos desenvolvernos en la vida diaria, por la cual sabemos realizar tareas como andar, atarnos los cordones, etc.

Es frecuente que se produzca una pérdida de memoria de los momentos previos a sucesos como accidentes de tráfico que implique un golpe en la cabeza o por intoxicación etílica, debido a que el cerebro no tenido tiempo suficiente para registrar “la huella de memoria”, y con ello es imposible poder recuperarlo.

El diagnóstico dependerá del hecho que la haya causado. Así, en caso de accidente la detección temprana de alteraciones de la memoria suele realizarse mediante exploración del propio personal sanitario que le atienda, gracias a los protocolos de urgencia establecidos, en el que se evalúa su nivel de conciencia, con lo que la intervención puede iniciarse en cuanto la persona se estabilice y con ello esperar un mejor pronóstico, siempre que sea reversible.

En otros casos, es fundamental la detección por parte de los familiares y amigos de que algo no va bien, ya que la persona omite hablar de una determinada etapa de su vida sin razón aparente, tiene dificultades con el uso adecuado de las palabras atascándose al hablar o es incapaz de recordar fechas o nombres, o incluso de aprender nuevas tareas.

La persona que lo sufre, sobre todo al principio, no le suele dar la importancia debida a sus “fallos de memoria”, atribuyéndolos a causas pasajeras como el estrés, el cansancio o la falta de atención, sin darse cuenta de que puede estar encubriendo un trastorno que ha de ser diagnosticado y tratado a tiempo.

Para diagnosticar la amnesia es necesario realizar una valoración neuropsicológica mediante una batería de test, en la que se evaluará el desempeño en distintas tareas de memoria para explorar la extensión y gravedad del trauma, en caso de que exista.

En este punto hay que distinguir la amnesia de otras perdidas de memorias, como las asociadas a la edad debido al envejecimiento natural, o las provocadas por trastornos como la demencia, en el que se incluye el caso más conocido, el Alzheimer. En ambas circunstancias se trata de una pérdida progresiva de la memoria y los recuerdos, más o menos acusada, a diferencia de la amnesia, que se produce de forma episódica y brusca.

Algunas de las formas de amnesias existentes son incurables, sobre todo aquellas que están asociadas a alteraciones del cerebro, ya sea por malformación congénita o adquirida por traumatismo craneoencefálico; en otras ocasiones, los efectos suelen desaparecer de forma espontánea en poco tiempo, tal y como en el caso de la amnesia global transitoria con una duración inferior a 24 horas.

Dependiendo del tipo de amnesia que se sufra se aplicará un tratamiento u otro, en algunos casos se requiere una mayor supervisión médica para mantener controlado el colesterol o la presión arterial; en otros se deberá intervenir en la causa tratando directamente la enfermedad, como en el caso del tiroides, el hígado o el riñón.

En otros pacientes es importante aplicar terapia ocupacional, en la que se enseña a la persona a desarrollar estrategias que le ayuden a compensar su pérdida de memoria, de forma que pueda llevar una vida normal, para lo cual empleará estrategias de organización de la información, e incluso herramientas tecnológicas como notebooks que le ayuden a recordar citas y eventos importantes.

La psicoterapia está más indicada para aquellos casos en que existe un importante componente psicológico implicado, tal y como ocurre en la amnesia lacunar, donde un evento estresante o traumático provoca la imposibilidad parcial o total de recuperar información. El caso más extremo sería la amnesia disociativa, en la cual la persona es incapaz de recordar información personal relevante.

Además, es importante contar con la colaboración de familiares que convivan con la persona que sufre de amnesia para que les sirvan de apoyo en los momentos de desconcierto, así como para paliar las limitaciones que le pudiese provocar. También es bueno participar en grupos de ayuda donde liberar las preocupaciones y tensiones emocionales que provoca dicho trastorno.

Recomendaciones para prevenir los efectos de la amnesia

Al igual que en cualquier otro músculo, la salud del cerebro depende mucho de la cantidad y calidad de lo que le hagamos trabajar. Entre los consejos útiles para tener una adecuada memoria, previniendo de ésta forma la aparición de algunos casos de amnesia, estarían los siguientes:

Procura mantenerte ocupado en múltiples actividades que impliquen salir a la calle y relacionarte con otros, pues de ésta forma estarás ejercitando buena parte de tu memoria.

Trata de dormir aproximadamente ocho horas diarias, ya que son las que requiere tu cerebro para archivar los recuerdos de ese día.

Evita las situaciones de estrés, pues alteran el normal funcionamiento del cerebro y con ello el de la memoria.


Trata de llevar una vida saludable, sin excesos, comiendo habitualmente verduras y con ejercicio físico moderado, como el caminar, ya que eso alargará no sólo la salud de tu cerebro sino tu vida en sí.