domingo, 16 de septiembre de 2012

¡VOYME PANCOCO!. PERCY ZAPATA MENDO.

¡VOYME PANCOCO!
Trujillo, Perú,
Julio de 1932
El bombardeo había terminado hacía tres horas, sin embargo, aún sentía agudos pitidos en ambos oídos en tanto que en su cerebro habían quedado grabados el ruido de las granadas cayendo en la cercanía de su trinchera o el silbido de la muerte de los obuses disparados incomprensiblemente por los barcos de la armada peruana, comprados para defenderlos de amenazas externas y no para masacrar a su propia gente. Las sienes le ardían horriblemente mientras su corazón latía desbocadamente  y tenía la sensación de querer atorársele en la garganta. Cerró los ojos y se recostó así, acuclillado como estaba sobre la pequeña loma de tierra que le servía de defensa en uno de esos tupidos cañaverales. Una brisa tímida que no supo identificar de dónde venía le refrescó el rostro y le imprimió nuevos bríos. Abrió los párpados y dejó caer los brazos con energía  a los lados del cuerpo para desentumecerlos; el rifle con el cañón recalentado seguía encima de sus muslos. El índice de su mano derecha lo tenía medio agarrotado y el hombro homolateral le dolía como si fuera a descoyuntársele. Retiró hacia un costado la solapa de su saco y se desabotonó la camisa para apreciar mejor la zona que le molestaba; se percató que todos los alrededores de la axila estaban moreteados por los culatazos que le imprimió el viejo rifle en cada descarga.
Llevaba combatiendo ya tres días y  no había dormido en todo ese tiempo. La barba ligeramente crecida, negra y muy tupida, propia de los Zapata de Piura, ya le comenzaba a picar. Rascóse frenéticamente la barbilla y las mejillas encontrando cierto alivio. Miró su terno dominguero y apreció que en varias partes  éste lucía hecho jirones. Recordó que él y otros veinte compañeros más de su sector, al igual que los otros cientos, o tal vez miles de militantes apristas levantados en armas en Trujillo contra el régimen de Sánchez Cerro, habían acordado caer defendiendo sus ideales vestidos con sus mejores ropas. Los zapatos que otrora fueran de charol lucían  con las punteras peladas y uno de ellos tenía la suela abierta hasta casi la mitad de la planta del zapato.
La sed volvió a quemarle la garganta, el ardor del estómago por ausencia de alimentos era atroz. Las compañeras que se encargaban de traer los ranchos no habían aparecido desde hace dos días. Al incorporarse para apreciar mejor un poco más allá del reducto donde estaba, se percató que varias de ellas habían caído abatidas por las ráfagas de las ametralladoras de las fuerzas leales del gobierno; en tanto que otras, según se enteró después, habían perecido  aplastadas bajo el peso del techo producto del feroz bombardeo aéreo y de la escuadra de guerra, cuando estaban preparando las pailas para los combatientes.
Un jovencito llego zigzagueando a su trinchera trayéndole un zurrón de agua. Le pregunto al “charango”1 cómo estaba la resistencia. El joven apresurado e impaciente le respondió:
-El reducto del Mansiche ya está por caer, ya no quedan casi compañeros que lo defiendan, se han quedado sin munición y los soldados de caballería al darse cuenta de ello se aprovecharon de la situación y cargaron contra los pocos compañeros que quedaban con vida…vi cómo los pobres compañeros trataban de defenderse a culatazos, pero casi todos murieron al degollarlos como a reses a punta de sablazos y otros quedaron tasajeados los brazos por defender su cara y cabeza, después fueron rematados a bayonetazos por los soldados que venían tras ellos. Pero de la nada aparecieron  más compañeros del Valle Chicama gritando con sus machetes en alto e hicieron retroceder a los soldados. Pero no creo que duren mucho, están viniendo más camiones del ejército por el sur y por el  norte y están apostando varios cañones nuevecitos frente a los sacos de arena que los compañeros están apilando para protegerse. Y la aviación y la marina no dejan de bombardear…a propósito, el compañero jefe de zona le envía estos tres cartuchos para su máuser, y dice que reserve uno…para usted.
Tras paladear con fruición el agua, Alfredo Zapata devolvió el latón al mozalbete y le vio perderse en la oscuridad.
Se paró en toda su extensión, sacudió las adormecidas piernas y casi al instante, sintió el ruido de un disparo y el zumbido de una bala que pasó rozando su cabeza. Se maldijo por haberse olvidado de tomar precauciones tan elementales como el protegerse de la fusilería contraria, y agachándose se fue a la carrera hacia el reducto principal mientras veía en el trayecto a los cuerpos inertes de decenas de sus compañeros, muchos de ellos conocidos apenas tres días atrás, evocó esos momentos en que llegaron jubilosos, montando caballos percherones2 y otros, caballos de paso3 arrebatados a los hacendados azucareros;  todos con el machete en la cintura y algunos con una escopeta de perdigones en bandolera. Los cuerpos parecían sólo estar durmiendo, una sonrisa beatifica se dibujaba en muchos de aquellos rostros curtidos por el sol en los campos norteños, adolescentes, jóvenes, hombres maduros y hasta ancianos, todos confundidos y hermanados en la muerte… y no pocos lucían con el cráneo destrozado o las gargantas abiertas en canal…el suelo negruzco y resbaladizo por la sangre de los defensores le hizo perder el equilibrio en varias ocasiones.
A pocos metros de las trincheras de vanguardia, se había formado un pequeño corrillo de defensores que tenían además la responsabilidad de dirigir al resto del personal. Se acercó a escuchar lo que los compañeros dirigentes discutían:
-“¿De todas maneras piensan matar a Víctor Raúl4?”
-“¡Quién sabe!, lo que me jode es que no hubo coordinación para hacer un levantamiento simultaneo, el Búfalo y su gente se adelantó, ahora está allí, muerto y cosido a balazos, los gendarmes han usado balas Dum Dum5
-“¿Cómo sabes eso?”
-“¡Pues todos nuestros muertos tienen el orificio de entrada pequeño pero la salida es del tamaño de un mamey6!”
-“¿Qué pasó con el resto de compañeros de las haciendas azucareras? ¡Ya deberían estar aquí!”
-“No vendrán, nos mandaron avisar hace media hora que dos trenes provenientes de las haciendas azucareras llenas con compañeros fueron interceptados por el mayor “X” que llegó ayer con tropas de Lima, y éste descargo sus seis Krupp sobre los trenes despedazando a todos los vagones, y luego ametrallaron a los sobrevivientes…y si quedaron algunos…sería milagro...”
-“¿Y aquí como andamos de personal? Quiero un reporte de activos y bajas…”
- “No le va a agradar compañero jefe…las bajas son enormes…no tenemos armas y peleamos con las que le quitamos a los soldados…a ojo de buen cubero, ya tenemos sólo en este sector más de 80 muertos y unos 300 heridos…”
- “Diablos, diablos, diablos…!”
Alfredo se retiró a hacia otro corrillo de combatientes…uno de ellos estaba cantando yaravíes7 de su tierra…se acercó y uno de ellos sin decir palabras le acerco una taza de mate de coca, el cual bebió con desgano. Dejó su rifle recostado sobre una pequeña loma y se tendió en el suelo cubierto por gramalote, recostado como estaba, pudo mirar las estrellas que ahora parecían haber duplicado su tamaño…sentía que los ojos tenían arena por dentro, cerro sus parpados y ni bien hizo esto cuando rememoró a su hijo con menos de un mes de nacido…¿Entenderá el pequeño algún día por qué estaba haciendo esto?¿Se dejaría llevar por la propaganda gobiernista quien los tachó de sediciosos a todo un departamento, siempre dócil con los gobiernos de turno?¿Cedería el gobierno en el reclamo de mejoras salariales, mejores horarios de trabajo, implementos necesarios y adecuados para cada faena laboral?,¿Realizaría el gobierno una investigación y pondría tras las rejas a los soldados que ingresaron al local del Partido Aprista de Trujillo el pasado 24 de diciembre de 1931, ametrallando y matando a mujeres y niños que departían la tradicional chocolatada por Nochebuena?,¿Darían la amnistía al compañero Jefe Víctor Raúl, a quien amenazaban fusilarlo en el Panóptico8 de Lima donde estaba preso, y que el dictadorzuelo, mocho de un dedo, no quería dejar en libertad a pesar que presidentes de Europa, literatos de todo el mundo, y hasta el mismo Albert Einstein habían abogado por su vida?, las preguntas lentamente se fueron disipando de su mente y comenzó a ponerse en blanco, en tanto que un sopor se apoderó de todo el y se abandonó al cansancio de varias noches en vela y de tensión producto de estar defendiendo su vida y sus convicciones.
Después de algún tiempo que no pudo precisar, se levantó sobresaltado, seguía al lado de esos compañeros taciturnos, musitó una disculpa torpe y se sintió sumamente avergonzado por haberse quedado dormido. Los demás sólo emitieron un gruñido, tal vez de reprensión, tal vez de comprensión, pues sabían que él venía de la vanguardia y que había peleado sin cesar por tres días seguidos, y que las “brigadas” que con él estaban habían sido casi aniquiladas en su totalidad, quedando sólo unos cuantos sobrevivientes que ahora estaban replegados a lo que era la retaguardia.
Los pensamientos de uno y otros fueron bruscamente interrumpidos, un obús estalló cerca haciendo volar en pedazos una ranchería donde estaban algunas mujeres afanosas preparando el shane9. No hubo tiempo para ver si había o no sobrevivientes. Los que llevaban la voz de mando gritaron pidiendo que todos volvieran a los reductos. Alfredo se incorporó pero un vahído le hizo trastabillar…una mano áspera y fuerte le asió por sobre los hombros y le ayudó a mantener la bipedestación. Era un mochero10 de corta estatura, anchísimo de hombros, con una amplia faja en la cintura del cual pendía un descomunal machete…o tal vez parecía serlo en ese pequeño pero macizo cuerpo.
-Gracias compañero…-musitó Alfredo.
-¡Hummm!, ¡vamos!, ¡poco a poco!, ¡apoyase bien maestrito!…está débil…ya después de esto le invitaré una canchita serrana que me preparó el otro día mi mujercita.
Llegaron a los parapetos…o lo que quedaban de ellos…lo que otrora había sido una nutrida fila de defensores con escopetas, espingardas11 y rifles, ahora lucían raleadas en hombres. Una mujer laredina estaba más halla animando a sus paisanos, llevaba una ametralladora la cual descargaba sobre las filas de las tropas de asalto, aunque sin causar víctimas, ya sea por su mala puntería, o tal vez porque veía en esos soldaditos bisoños el rostro de algunos de sus hijos o el de sus coterráneos que habían llegado con ella. Ante la férrea defensa de esa mujer, las tropas retrocedían hacia sus bases mientras que sus oficiales, sables y pistolas en mano, les amenazaban con dispararles si retrocedían.
En lo más álgido de la batalla, Alfredo vio que varios de sus compañeros desataban los nudos de sus ojotas y amarraban con ella el muslo a la pierna…el mochero que le sirvió de apoyo le miró, y adivinando en el rostro inquisitivo de Alfredo le saco de esa curiosidad.
-Es para evitar la tentación de huir compañerito, por eso…así mis antepasados le resistieron a los incas por varios meses, los flecheros se amarraban la pierna para seguir en su puesto y no abandonarlo…
Ni bien terminó de escuchar la explicación del mochero, cuando un griterío de las tropas leales al gobierno atronó el ambiente…no hubo ya casi disparos por parte de los defensores, puesto que las municiones estaban casi agotadas. El choque entre los hombres de ambos bandos fue terrible. Ninguno de los grupos se daba cuartel. Si los unos que atacaban no hubieran estado uniformados de caqui, fácilmente hubieranse confundido con los otros que defendían y estaban vestidos de overol o de bayal…peruanos contra peruanos, hermanos contra hermanos, y muy probablemente, parientes contra parientes. Las imprecaciones, los gritos de dolor, las vivas al Perú por un lado y  por el otro al Perú igualmente y a Víctor Raúl, se sucedían unos tras otros… hasta que poco a poco el silencio fue apoderándose del campo de batalla.
Alfredo, herido de bala en su hombro izquierdo, en la sien derecha por una esquirla y con un larguísimo corte de sable en el muslo hasta la pierna, fue sacado por otros escasos supervivientes, y mientras se alejaba, vio al mochero que le había ayudado no hace mucho, ser rodeado por tres soldados quienes clavaron sus bayonetas en su cuerpo una y otra vez… escena que se repitió a lo largo de esos reductos superados.
Casi a rastras fue conducido a las casas que estaban en la periferia del centro de Trujillo. En una casita de caña brava y barro fueron acogidos por una anciana matriarca, quien sin mediar palabra, hirvió agua y acompañada de su nieta, se puso a limpiar las heridas lo mejor que pudo a los siete hombres que habían buscado refugio en su casa.
Era ya medio día, se escuchaban disparos raleados en toda la ciudad. Aun se peleaba casa por casa. Alfredo y los que le acompañaban hicieron un repaso de su parqué: dos balas para máuser, un cartucho para escopeta, una bolsa casi a terminar de perdigones para las espingardas. No, con ello no sería suficiente ni para suicidarse. Estaban discutiendo en lo que iban a hacer cuando escucharon toques en la puerta de la vivienda. Todos se miraron tensos… fue la anciana que con aplomo se levantó del horcón12 donde estaba sentada, abrió de golpe la puerta y se encontró con un hombrecito pequeño, de rostro casi aceitunado, mirada vivaracha y taimada y que hacía demasiados aspavientos con las manos las manos al momento de hablar. Sus ojillos no paraban de mirar por encima del hombro de la anciana mientras le inquiría si tenía está un poquito de azúcar para endulzar le leche de su hijita. La abuela refunfuñando le negó y de manera abrupta le cerró la puerta casi en sus narices.
-Es Pancoco, este gusarapo13 es un traidor, estos dos últimos días se la ha pasado delatando a todos los compañeros a cambio de unos cuanto soles. Él les avisa a los guardias civiles o a los soldados y éstos vienen y se llevan a los compañeros delatados por esa rata miserable.
-¿Si nos habrá visto ese tipo, señora?... Tal vez debamos dejar ya su casa, no vaya a ser que los soldados se la emprendan contra usted y su familia. Se han portado ustedes de maravilla, le estaremos eternamente agradecidos.
-No tienen porqué…perdí a mis tres hijos peleando el primer día en el Mansiche…hasta la fecha no he podido irme a recuperar sus cadáveres, no por temor a que me maten a mí, sino porque mi nieta está sola, y no tiene a nadie más que a mí en este mundo…
-Señora, nosotros nos ofrecemos ir al Mansiche y…
Alfredo no pudo continuar con su diálogo pues la puerta fue abierta violentamente de una patada e ingresaron en tropel varios soldados que a punta de culatazos doblegaron a unos, y remataron a tiros a dos de los heridos que no obedecieron sus órdenes de levantarse del suelo donde estaban, no porque se negaran, sino porque sus lesiones se agravaron y les impidieron obedecer.
Cuando salieron, vieron la sonrisa sarcástica de Pancoco, quien frotándose las manos les insultaba mientras eran subidos uno a uno en los varios camiones donde se apilan las decenas de prisioneros apristas, mucho de ellos heridos, en tanto que otros, estaban desangrándose recostados en la base de las tolvas de los camiones.
Todos los “insurgentes” fueron declarados culpables en menos de un día por un coronel enviado desde Lima, quien al llegar a Trujillo fue recibido por la alta sociedad local en un conocido ambiente de “grandes eventos”. Le calificaron de “Emisario del Orden”, “Supremo Benefactor de la Ciudad”, “Mártir de la Democracia” (¿?)…entre otros elogiosos calificativos…y este ensoberbecido militar, vestido a la usanza de los oficiales franceses, levantó la copa de licor con le habían agasajado y les dijo a la “gente de bien”:
-¡Damas, Caballeros, los revoltosos insurgentes ya no serán un problema para Trujillo! ¡Les prometo que en menos de una semana, ellos dejarán de serlo de manera definitiva, tanto para ustedes, como para sus generaciones futuras… se los garantizo!
Desde esa noche, los soldados de refresco que habían llegado con ese oficial vestido a la francesa  formaron varios pelotones de fusilamiento que se alternaban cuando los cañones de sus rifles se recalentaban. Habían probado inicialmente con las ametralladoras Glating para acelerar los fusilamientos de las decenas, centenas y miles de los insurrectos, pero la fina arena que era traída por los vientos de Huanchaco hacia que las municiones de la ametralladora se encasquetaran dentro de las cámaras e impidieran seguir disparando.
Eran ya casi las cinco de la tarde del décimo día del inicio de la revolución trujillana, cuando Alfredo y otros seis más fueron conducidos hacia el paredón. Al llegar, vio una largo foso cavado cerca a las ruinas pre incas de Chan Chan, dentro de ella habían no menos de treinta cadáveres, y en otros lugares, cercanos y distantes, se veían idénticos espectáculos dantescos en fosas similares a la que él estaba destinado caer.
Un oficial de contextura delgada, piel extremadamente pálida, ojos azules claros, pelo ligeramente rubio y ensortijado, con bien recortados bigotes de igual tonalidad, nariz respingada y con la cara levantada hacia atrás, manos largas, nervudas y con las venas bien definidas que le surcaban el dorso, miró con desdén acercarse al grupo de condenados:
-¡Apristas de mierda…montonera de cholos14…no hay cuándo se acaben…ojalá y pudiera tenerlos a todos en un solo puño y aplastarlos a todos de una sola vez!
Les empujaron al borde de la fosa y el oficial figurín ordeno formarse a los siete soldados.
-¡Condenados, digan sus oraciones si saben…!
Pero todos los prisioneros no le estaban escuchando, sus atenciones estaban centradas en uno de los ángulos de los muros de barro, pues allí estaba Pancoco, quien estaba trabajando ahora como chofer de los camiones militares. Se había parado allí a mirar los fusilamientos, el rostro del Judas esbozaba una sonrisa burlona. Les hizo mordazmente señas de despedida con la mano, y los condenados respondieron de la misma forma, pero sin odio ni reprobación:
-¡Voyme Pancoco, voyme…dile a mi mujer que la amo, y diles a mis niños que los adoro!… ¡no te olvides Pancoco!… ¡Pancoco, tengo unos reales en mi bolsillo de este saco, los sacas después y le das a mi mujer para que compren unas ceras15 para mi velorio o una misas Pancoco!… ¡Pancoco, que mi mujer le ponga mi nombre a mi hijo…!
Y pedidos similares le fueron diciendo al pérfido.
-¡Pelotón…preparen!-clamó el oficial-¡apunten…!
Alfredo sintió como si las tripas se le hicieran un nudo, el corazón se le aceleró y la vejiga casi vacía por la deshidratación aun quiso relajársele al último momento…miró de frente a los soldados, y como si se hubieran puesto de acuerdo - o tal vez fue así, previos a su fusilamientos - los siete condenados levantaron el brazo izquierdo gritando con todas las fuerzas que les quedaban:
-¡Viva el Apra!
-¡Fueeeeeeeegooooooooooo…!
Pancoco siguió realizando sus deleznables actividades por algunos días más. Provisto al fin de una nutrida bolsa de dinero, se mudó a la capital peruana. Allí, el cuantioso dinero manchado de sangre se le hizo humo en un santiamén, producto de la vida desenfrenada que llevó, las visitas a los prostíbulos, el consumo de opio y sobre todo, de alcohol.
El motivo de tales excesos radicaban en que Pancoco procuraba no dormir, pues le aterraba la noche…manifestaba a todos aquellos que estaba prestos a escucharle,  que cuando ya eran las seis de la tarde,  los huesos le dolían como si estuvieran congelados, aun si el día rebozara de calor con un sol pletórico, el seguía teniendo frío, sentía como si la médula de ellos estuviera repleto de agua helada, mientras que sudores gélidos perlaban su frente. Pero lo que más le aterraba era cuando por el cansancio, tenía que cerrar los parpados… los ayees de dolor de los fusilados, los encargos para sus familiares gritados por los condenados que nunca fueron cumplidos a pesar que junto con los soldados hurgaron y esquilmaron las pertenencias de los asesinados.
Así anduvo un buen tiempo Pancoco, hasta que embrutecido por el alcohol y el remordimiento, fue despedazado por el tranvía al tratar de cruzar su vía.


VOCABULARIO:
1.- CHARANGO: Instrumento musical de cuerda, usado especialmente en la zona andina, parecido a una pequeña guitarra de cinco cuerdas dobles. En ciertas zonas del Perú, se les conoce familiarmente a los niños o jóvenes, por la comparación entre el pequeño instrumento de cuerda y el mayor que sería la guitarra.

2.- PERCHERÓN: Dicho de un caballo o de una yegua: Perteneciente a una raza que por su fuerza y corpulencia es muy a propósito para arrastrar grandes pesos.

3.- CABALLO DE PASO PERUANO: Descendiente del Caballo Árabe, actualmente se le considera como una raza más propia del Perú. Se caracteriza levantar sus patas delanteras doblándolas casi en ángulo de 90 grados a cada paso que da, brindándole gracilidad y  suavidad en el trote.

4.- VICTOR RAÚL: Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), pensador y político peruano. Nació en Trujillo. Líder estudiantil enfrentado a la dictadura del presidente Augusto Bernardino Leguía (1908-1912; 1919-1930), tuvo que exiliarse en Panamá, Cuba y, finalmente, en México, donde en 1924 fundó la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). De nuevo en Perú tras la destitución de Leguía (1930), defendió una política indígenoamericanista, antiimperialista y reformista; perdió las elecciones de 1931 frente a Luis Sánchez Cerro, fue encarcelado en 1932 y su partido resultó ilegalizado (1936). En 1945, el movimiento aprista fundó el Partido del Pueblo y apoyó al candidato José Luis Bustamante y Rivero, que ganó las elecciones presidenciales. Aunque Haya le solicitó la aprobación de las medidas de reforma que preconizaba, el presidente fue incapaz de llevarlas a cabo, debido a la presión de los conservadores. Tras el golpe de Estado del general Manuel Arturo Odría (1948), se asiló en la embajada colombiana hasta 1954, en que pudo salir del país para exiliarse en México una vez más. Regresó a Perú en 1956.
En las elecciones presidenciales de 1962, aunque obtuvo la mayoría de los votos, no llegó al tercio necesario que le hiciera vencedor absoluto de las mismas, y, cuando el Congreso debatía la situación, un golpe militar obligó a la repetición de los comicios al año siguiente, en los cuales Haya de la Torre perdió frente a Fernando Belaúnde Terry. Fue presidente del Congreso Constituyente de 1979. Autor de obras como Por la emancipación de América Latina (1927), ¿Adónde va Indoamérica? (1935) y El antiimperialismo y el APRA (1936), falleció en 1979 en Lima.

5.- DUM-DUM: Una de las primeras balas consideradas como explosivas, inventada por la fábrica Dum Dum, en la India, cuando era colonia del Imperio Inglés, su uso se difundió globalmente, hasta que fue prohibida durante las guerras mundiales por el enorme destrucción que producía en los tejidos donde impactaba. El daño que provocaba en los organismos radicaba en que la punta del proyectil estaba cortada en cruz, el cual al impactar en el cuerpo, producía una fragmentación mayor y por ende, en una mayor lesión.

6.- MAMEY: Árbol americano de la familia de las Gutíferas, que crece hasta quince metros de altura, con tronco recto y copa frondosa, hojas elípticas, persistentes, obtusas, lustrosas y coriáceas, flores blancas, olorosas, y fruto casi redondo, de unos quince centímetros de diámetro, de corteza pardusca, correosa y delgada, que se quita con facilidad, pulpa amarilla, aromática, sabrosa, y una o dos semillas del tamaño y forma de un riñón de carnero.

7.- YARAVÍ: Melodía dulce y melancólica de origen incaico, que se canta o se interpreta con quena.

8.- PANÓPTICO: Cárcel, Penitenciaría.

9.- SHANE: Comida sobrante vuelta a calentar.

10.- MOCHERO: Natural de Moche, distrito aledaño de la ciudad de Trujillo.

11.- ESPINGARDA: Arma de fuego alargada que se cargaba por delante.

12.- HORCÓN: Maderos dispuestos de tal manera que sirve de asiento a las personas o como columna para sostener el techo de una vivienda rústica.

13.- GUSARAPO: Una de las fases evolutivas de los batracios, de hábitat exclusivamente acuático.

14.- CHOLO: Del Yunga “Chulu”: niño, joven. También se le usa como término despectivo.

15.- CERAS: Velas, cirios.

A MI SEÑOR PADRE. PERCY ZAPATA MENDO.

A MI SEÑOR PADRE
Junio del 2012

El tiempo ha marcado en tu viril rostro las inmisericordes huellas de su paso. El pelo azabache que antaño adornaba tu cabeza se ha tornado ahora en cenizo y ha terminado por retroceder ampliando tu augusta frente… mientras que tu andar rápido y decidido se trocó por el pausado y cavilante de hoy. Aquellas fuerzas hercúleas que poseías a pesar de tu frágil figura, ahora han escapado de tus otrora acerados músculos cultivados por el pesado trabajo manual que realizaste desde tu casi incipiente adolescencia hasta muy la muy entrada madurez en que te jubilaste.

Rememoras con amargura y nostalgia tu sacrificada niñez…El brillo del orgullo, que no soberbia, asoma en tus ojos cuando compartes tus cuitas de juventud sana y tu pecho cobra nuevamente su expansión juvenil cuando evocas tus época de aguerrido dirigente…periodos en los que entregaste tus aportes de intelectual de la vida, sin recibir siquiera - la mayoría de las veces-  un gracias por lo que aportaste, pero eso jamás te importó, pues fuiste concebido con una naturaleza desinteresada y proba…y saliste de esos cargos, sin haberte aprovechado de ellos.

Quien no te conociera, jamás se le ocurriría que tras ese rostro adusto se encuentra un alma ávida de cariño y huérfana de amor desde su parvulez, y que por lo mismo teme demostrar cariño por temor a ser lastimado, acorazándote en una armadura de seriedad y acartujamiento…jamás de esos labios emergió un te quiero o un te amo para con tus hijos, pero no eran necesarias esas palabras Papaíto lindo, pues lo demostraste de mil formas para con tu familia, pues jamás nos faltó que comer; la educación, de la mejor; la vestimenta, lo esencial; en tanto que los modales, la honradez y dignidad, son tu herencia, capitales y tesoros sin par.

¡Nunca me faltes Taita Lindo!, ¡Quédate por siempre con nosotros!, ¿Qué será de nosotros aquel día en que Tú y Mamaíta nos falten?... ¡Dios aún aleje ese día en que inevitablemente él desee compensarlos por lo bien que lo hicieron como Padres!

A MI TÍA FLORENCIA, CON TODO EL AMOR QUE ME INSPIRA. PERCY ZAPATA MENDO.

A MI TÍA FLORENCIA, CON TODO EL AMOR QUE ME INSPIRA.
Abril del 2012

Recuerdo que siendo un infante esperaba con anhelo tu venida querida tía. Y la esperaba con regocijo y ansias dado que  marcaba un hito en mi melancólica e introvertida vida. Tu llegada estaba marcada por las tardes de lectura de un viejo breviario que traías contigo donde me enseñabas a ser un católico sin medias tintas….o era o no era católico, así de simple.  Y las noches se convertían en toda una revelación para mi mente que tapiaba los vacíos de tus historias verbales con mis elucubraciones infantiles…
Por ti me llegué a enterar de mi antepasado viril y rebelde. Por ti llegué a aprender el Credo Aprista. Por ti llegué a sopesar que nada vale más que la dignidad impoluta de una persona. Que la vida no es vida si uno no defiende sus valores y principios. Que un hombre arrodillado o con la cerviz  doblegada no es sino la mitad de un hombre.
Por ti llegue a aprender cánticos guerreros ahora extintos que estimulaban a marchar sin mirar atrás.
Por ti llegue a aspirar repetir las hazañas de aquel que hidalgamente yace en una fosa común en Chan Chan junto a otros cinco mil de sus compañeros, yertos los cuerpos pero juntos en una comunión ideológica rubricada en el último aliento de su vida con el brazo izquierdo en alto y con la palma de la mano ahuecada imitando una “C” de compañero.
Tú fuiste quien me inició en acciones arcanas que en la actualidad pocos saben y que está condenada a desparecer con mi existencia.
Fuiste tú quien me enseño a querer a cantantes de vida polémica para aquella época, de una sociedad tan pacata y llena de perjuicios y que ahora en un desbande de liberalismo moral abraza en su seno actos escandalosos e impúdicos, que, de no hacerlo así, sería perseguida por el sambenito de las “fobias” y la “discriminación”. Las canciones de Raphael calaron hondamente en mi memoria y corazón de niño, y desde esos años me están  acompañando como una banda sonora en los distintos pasajes de la película de mi vida.
Fuiste tú quien me enseñó a querer esos valses limeños, sosos a mis oídos en aquel entonces, apreciado ahora con la experiencia que la edad nos da.
Fuiste tú quien me tejió esa tortuga de lana multicolor, donde cada segmento de su variopinta caparazón emulaba las siete carnes que se supone sabe la carne de un quelonio.
Fuiste tú igualmente quien se preocupaba por estimular mi afición al dibujo, y cuyos garabatos llevabas muy ufana a pegar en los murales del Partido Aprista de Lima, y que en una ocasión mereció el elogio de una leyenda del partido de la época de las catacumbas, fue el brillo de tus ojos y el orgullo con que mostraste mis trazos lo que le indujo al cartujo Jorge Idiáquez expresar casi telegráficamente unas palabras de aprobación.
Fuiste tú quien me ponía la “Silla del Presidente” a la cabecera de la mesa del comedor cuando te visitaba con mi madre en nuestros esporádicos viajes a Lima.
Fuiste tú quien a manera de descuido dejaba al alcance de mis manos ejemplares del “Selecciones del Rider Digest” o de “Sputnik”, y con ello, despertar en mí el espíritu de la lectura antes que el de la “ojeada” de las tiras cómicas.
Fuiste tú igualmente quien me envió un lapicero marca Parker para que mantuviera siempre contacto epistolar a la distancia…lástima que el lapicero tenía la tinta casi seca, e hice los mayores esfuerzos por mantener la correspondencia, logrando arrancar sólo unos escuetos párrafos a dos lánguidas cartas…tras lo cual éstas se ausentaron, no por desidia, sino porque consideré indignos a cualquier lapicero de plasmar palabras que tu pudieras leer y que no fueran escritos por tu bolígrafo precioso.
La última imagen que guardo de ti ha sido eclipsada por las fotos que mi sobrino se tomó contigo en tu casa querida tía, en esa foto te pareces tanto a la abuelita de Piolín, el canario travieso que le hace la vida imposible al gato Silvestre de una conocida serie animada, que fácilmente encarnarías con éxito si hicieran la película con esos personajes humanos y antropomorfizados. Déjame decirte querida tía que el cabello completamente cano le da más prestancia a tu augusta cabeza.
El primer accidente que tuviste no doblegó tu cuerpo y espíritu adorada tía. Estás hecha de roble de antaño, tú no te ibas a dejar someter por ese contratiempo que a cualquier otra persona que no se tratase de ti, la postraría en cama a disfrutar de su molicie y cuidados familiares. ¡No!, ¡Noooo!,  ¡Tú no eres así!, te sobrepusiste a tus dolores y reiniciaste prematuramente tus labores cotidianas, como si no tuvieras a cuestas nueve décadas sino muchas menos. Pero fue el destino o el Ángel de la Luz que siempre está presto a poner a prueba la fe de las personas, quien hizo que zozobrara tu equilibrio y nuevamente te arrojara a los brazos del sufrimiento ingrato que vuelve herejes a las personas con menos temple que tú. Dos años estás luchando a brazo partido, sumida en los ramalazos que Dante Alighieri habla en su escrito famoso. Y a pesar de ello, sigues amando y tratando de no ser un estorbo, pero las heridas crueles ya hicieron sucumbir a ese cuerpo cansado que no merece la bravura de tu mente. El espíritu está dispuesto a dar batalla, pero el cuerpo se niega a acompañarte.
Ahora ya eres más esencia que carne, más espíritu que cuerpo, más Ángel que persona, estás más cerca de Dios que nosotros, y esto es el premio a toda una vida de trabajo, dedicación y virtud.
Un velo de sopor ahora ha acallado tus graciosas declamaciones poéticas, ¿Dónde quedará aquel numen que atesora innumerables e incunables versos que no han sido plasmadas en letras de molde? ¡Dios mío perdona este vil descuido de no haber siquiera grabado tu sapiencia enciclopédica, tía de mi corazón!
Que triste querer ahora hacer mucho contigo querida tía, y lo más triste es que ya no se podrá hacer realidad lo mucho que se planifique… ¿por qué siempre tan a destiempo ocurren las cosas? Cronos impertérrito no está dispuesto a ceder ni un ápice de su dominio a estos nautas descuidados del tiempo.
Quisiera seguir plasmando palabras que relaten tu ejemplar vida tía querida, pero las que viene a mi mente no son las idóneas, ya sea por la vacuidad de ellas que no reflejan en su verdadera magnitud lo que has sido y eres para la familia, o tal vez sea la restringida capacidad de este narrador el factor limitante de este epílogo inexorable.
Sean cuales fueren los motivos, dejo como testimonio el amor que profeso por ti querida tía Florencia.
Te adoro mi tía preciosa, te adoro y te querré siempre como una madre más.
Tú siempre agradecido hijo, Percy.

EL AMOR DE MIS PADRES. PERCY ZAPATA MENDO.

EL AMOR DE MIS PADRES
A mis padres: Julio y Rita.
Enero del 2012

Mis padres llevan cincuenta y siete años de casados; juntos han pasado por mil peripecias. Les oí referir en numerosas ocasiones que al inicio de su convivencia como pareja, sólo tenían una naranja como alimento para  comer durante el día, la cual compartían en medio de la conversación cotidiana que versaba sobre el trabajo de mi padre en la fábrica azucarera o en los percances que tenía mi madre en su discurrir como novel ama de casa, y que ella para ayudar en la escasa economía familiar se encargaba de lavar la ropa de uso diario o de cama de los vecinos.
No tenían más muebles sobre el cual sentarse que dos adobes  descascarados y la única distracción por la noche era salir a la puerta de su domicilio de quincha a mirar el cielo estrellado en silencio y abrazados, y al poco de esto, se retiraban a un desvencijado horcón que servía de cama con no más abrigo que el saco de un terno viejo de mi padre. Poco a poco se fueron haciendo de los utensilios necesarios para el hogar: unos platos de peltre, unas toscas cucharas de madera, un cubrecamas de lana burda, etc., etc. Conforme mi padre fue especializándose en su trabajo y ascendiendo de categoría, el sueldo fue incrementándose y ello le permitió mejorar la provisión del hogar. Los hijos vinieron después sucesivamente. Nunca nos faltó la alimentación básica; y el vestido, sino era nuevo, nos era heredado del hermano mayor que mi madre acondicionaba según las dimensiones del nuevo usuario, demás está decir que mi  madre se ocupó que luciéramos siempre con la ropa limpia, con algunos remiendos invisibles, pero siempre impecables y erguidos sin asomo de vergüenza por el uso de la ropa de segunda.
El matrimonio fue puesto a prueba tal y como rezan sus preceptos al momento de contraer nupcias: “estar juntos en la salud y en la enfermedad”, y ¡vaya que lo estuvieron! Inicialmente mi padre contrajo una enfermedad cuyo diagnóstico le fue esquivo para los médicos del hospital de la empresa, y por más de dos años estuvo ingresando periódicamente al nosocomio y no es pocas ocasiones fue hospitalizado. Para algunos galenos era algo psicológico, para otros era un claro caso de tuberculosis, terceros opinaban que era un cáncer agresivo y que sólo le quedaba más que pedir la absolución de sus pecados… y “X” hipótesis se fueron tejiendo a lo largo de ese tiempo mientras que la salud de mi padre se resquebrajaba más y la pérdida de peso lo dejó sumido casi en su arquitectura ósea y completamente exánime. Mi madre, con dos niños a su cuidado y gestando al tercero, se encargaba de llevarle en brazos al hospital mientras que a su paso recibía los cuchicheos insidiosos o muestras de repulsión de la gente ante el espectáculo que ofrecía mi enfermo padre. Fue mi abuelita materna quien era ama de llaves de los alemanes la que se compadeció del duro trance por el que pasaban su hija y yerno, y resuelta fue a ver al médico de cabecera de los Gildemeisters e hincándose le suplicó llorosa tratase a mi padre. El médico impresionado por la forma en que fue hecho el pedido y mirando el rostro marchito de esa madura mujer de largas trenzas azabaches bien acicaladas que caían a los largo de ese rostro cobrizo de facciones suaves pero firmes, rematados en unos ojos almendrados, ataviada con ropas muy humildes pero limpias, y que le tomaba implorante uno de los faldones de su larga, impoluta y alabastrada bata de médico con una mano firme que había lavado un sinnúmero de vestimentas germánicas de gruesa tela, aceptó conmovido el caso con un leve asentimiento de cabeza y citó a mi ya desfalleciente y resignado a la muerte, progenitor. Le practicó un exhaustivo examen físico, y tras una hora, dio su veredicto: era una Gastritis, se trataba sólo de eso, y ésta fue agudizada por las terapias previas de los otros facultativos, el doctor le dijo en tono risueño: “Tú vas a salir de alta comiendo frijoles”. En menos de un mes, mi padre recuperó peso con el tratamiento brindado por este médico y pudo valerse por sus propios medios y reincorporarse al trabajo. Demás está decir que los frijoles se constituyeron en su plato preferido y que no pasa semana en que los comamos por lo menos dos veces con el almuerzo. Mi padre también fue puesto a prueba en su juramento de esposo, pues mi madre posterior a mi parto, desarrolló una serie de úlceras uterinas que le provocaban hemorragias incontenibles. Fue llevada por mi padre a un médico particular en Trujillo cuya sola consulta le costaba el 30% de lo que mi papaíto percibía en un mes de trabajo. El facultativo la sometió a una serie de dolorosas cauterizaciones…pero continuaron irrefrenables los sangrados. Mi padre estaba desesperado, le fue proporcionado el nombre de uno de los más prestigiosos médicos de Trujillo y sin dudarlo dos veces la llevó a su consultorio. Tras la consulta, el clínico concluyó que debía de operar de inmediato a mi madre y que se requería de una cantidad de dinero que superaba el cuádruple de lo que mi padre percibía al mes. Lo bueno era que tenía solución la enfermedad de mi mamita, lo trágico era que mi padre ya no contaba con efectivo y los amigos y conocidos a los que recurrió, o bien se negaron a hacerle el préstamo, o no tenían para hacerlo…pero como dicen, “Dios actúa de maneras misteriosas” , mi padre estaba contrito en la puerta de la casa donde vivía cuando se le acercó un apenas conocido compañero de trabajo, le inquirió el motivo de su pesar, y sin mediar palabras, le dijo: “Hermanito, vente por la noche y te soluciono el problema, yo tengo un dinerito guardado que no lo necesito sino hasta dentro de tres meses, ése es el plazo que te doy para que me lo devuelvas, hoy por ti, mañana por mí, me enteré de tu caso por medio de esos avarientos que te negaron prestarte y aquí estoy”. ¿Y así dicen que los milagros no ocurren en la actualidad? Mi mamita se recuperó a los dos meses de ello.
¿Cómo es mi padre? Físicamente no deseo encasillarlo en una descripción tediosa, es su manera de ser la que deseo rescatar: formal hasta lo indecible, serio como un guardia suizo, responsable y esclavo de su palabra como nadie, con una preclara inteligencia puesta a prueba en numerosas oportunidades en su centro de trabajo, entiéndase a la inteligencia como la capacidad de poder resolver problemas nuevos. Nunca nos dijo un “te quiero” o un “te amo hijo”, o “estoy orgulloso de sus logros”, pero ello jamás nos preocupó, pues lo demostró a su modo, trabajando como un culí de sol a sol para educarnos y que no nos falte lo esencial, pues lujos jamás tuvimos y no somos pegados a ellos por la manera de ser en que fuimos criados. El nos enseñó desde pequeños que todo debe ser planificado, las cuestiones monetarias deben ser presupuestadas de mes a mes y que debemos separar siempre un pequeño extra para urgencias, que no debemos de regatear cuando de salud se trata, y sobre todo, que el dinero sólo sirve para satisfacer nuestra necesidades elementales y erradicar la avaricia de nuestra mente y corazón. Y a pesar que nuestro padre llegó en algún momento ocupar un cargo dirigencial de fiscalización en la empresa cooperativa, jamás hizo uso de ese poder para beneficiar a su familia, pues seguía esta máxima moral: “no quiero que nadie me señale ni diga que tengo rabo de paja”.
¿Y mi madre? Ella es el prototipo de una gallinita de los cuentos de hadas, no sólo está dispuesta a sacrificarse por sus hijos, sino que ha puesto en práctica esta virtud maternal, pues en numerosas ocasiones dejó de llevarse un bocado a su estómago con tal de ver satisfecho el hambre de sus retoños. Desde los cinco años de edad ella se encargó del cuidado de sus hermanos pequeños y se adjudicó de lleno las labores de cocina a esa temprana edad. El deber “maternal” hizo que sacrificara su niñez, adolescencia y juventud. Es sumamente inteligente para las manualidades, siempre en su escaso tiempo está ideando la manera de hacer muñequitos de algodón y plástico, quizás como una reminiscencia de la niñez truncada, o confeccionando unos cuadros primorosos y casi churriguerescos con estampitas o calcomanías que adquiere por ella misma o le es suministrada por mi hermana. Siempre está inquiriendo si hemos almorzado o desayunado bien, y constantemente pregunta por los ausentes a la visita diaria y no concilia el sueño con tranquilidad mientras no sepa si el hijo que no vino a cenar o a saludar se encuentra bien.
En lo que más pusieron énfasis mis padres fue en la educación. Nos matricularon en uno de los primeros centros educativos particulares de Casa Grande, la plana docente fue la idónea, y mediante una férrea disciplina casi militarizada nos inculcaron los conocimientos necesarios que sirvieron de base para nuestros futuros estudios profesionales. Puedo decir que hemos tenido la fortuna de nacer de estos padres maravillosos, que aun en el ocaso de sus fuerzas, se esmeran por seguir proveyéndonos no sólo entregas materiales de su magro sueldo de jubilados, sino de aspectos mucho más valiosos: su amor, consejos  y cariños.
Su amor por nosotros sus hijos jamás mengua, pero con el advenimiento de sus nietos, cambiaron un tanto su manera de ser, mi mamita se transformó en una abuela súper protectora, tanto que al mayor de mis sobrinos aun entrada su adolescencia, le seguía peinando su rebelde cabellera con aceite para pelo; a mi sobrina le proveía de sendas viandas que terminaban engullidas en un santiamén sepultadas en su estómago, y hasta los huesos del pollo eran machacados y reducidos a su mínima expresión; y con el último, consintiéndole en prepararle en el almuerzo sus infaltables frituras y el puré de papas. Mi papá, con cada uno de sus nietos les ha llevado a pasear o a jugar, aspecto que no lo hizo con nosotros sus hijos y que no reprochamos en absoluto, todo lo contrario, nos alegra que su carácter se haya disipado un poquitín por el amor a los nietos que llevan su sangre.
No se imaginan la imagen tierna que llevo grabada en mis retinas cuando a hurtadillas espío por un costado de la puerta de la cocina y veo a mi padre acompañando en la cocina a mi madre, ambos ya octogenarios, pero cual Secuoyas americanos, se resisten al paso del tiempo. Y más curioso es escuchar sus conversaciones: que no se cuidó la llama del gas y el aire le apagara inmisericorde, que los frijoles no tienen suficiente agua y se están por quemar, que por dos soles la verdulera ya no da la misma cantidad de chilche que antes, que al último de mis sobrinos no le gusta las menestras y sólo apetece comer papas fritas y que ello no le nutre adecuadamente, que el día anterior uno de mis hermanos no vino de visita y si habrá comido bien, etc.
¿Cómo no amarles? No solo por el hecho de cumplir con el precepto bíblico, sino por lo valiosas personas que son y han sido con nosotros. Muchas veces me levanto en la madrugada, me acerco a la cama donde duermen, y pego mi oído al pecho de ellos para cerciorarme si respiran y el tipo de respiración que llevan; y cuando a veces por la edad, sufren de lo que se llama apnea del sueño (periodo de parada respiratoria), una ansiedad creciente se apodera de mí hasta dar el tiempo prudencial para volver a sentir expandirse sus pulmones debajo de mis manos o de escuchar sus sonoros ronquidos regulares. El alma vuelve a mi cuerpo y otra madrugada pasa con tranquilidad.
La verdad no se qué será de mí y de mis hermanos el día en que mis padres nos llegaran a faltar…sé qué dirán que “el mundo sigue su curso”, pero las cosas no volverán a ser las mismas…no, no lo serán definitivamente.
Amor como el de mis padres, jamás.

EL DESPENADOR. PERCY ZAPATA MENDO.

EL DESPENADOR
Abril del 2012

Bordeaba los cinco años de edad, cuando mi abuelita materna  Rosalía me llamó por medio de señas apremiantes me acercara a su butaca que estratégicamente había ubicado cerca a la puerta del corral, para aprovechar la tibieza de los rayos matinales  junto a la luz que pletóricamente iluminaba su rostro trigueño, ajado por los mil sacrificios y desvelos que había sufrido hasta muy entrada su madurez, para proveer del sustento a su numerosa prole, hoy, menguada y reducida a su mínima expresión producto de las vicisitudes de la vida o de los zarpazos que la muerte agazapada enviaba furtivamente .
Presuroso y solícito me acuclillé frente a ella, más intrigado que curioso. Ella se caló esos lentes que poco le servían  ya para la lectura, debido a que la focalidad de éstos ahora estaban tan  desfasadas en relación a sus ojos centenarios y curiosos, de tonalidad gris acuosa y que habían visto miles de peripecias en nuestro republicano país a lo largo de esa vida que llevaba a cuestas. Acercó su rostro al mío y envolviendo un rosario en su mano derecha, me narró esta historia la cual les transmito a ustedes:
“Debes saber hijito que en mi tierra había una persona que se dedicaba al triste pero necesario oficio de aliviar las penas de los moribundos, cuando éstos ya estaban a punto de entregar su alma al Todopoderoso, era la familia quien le enviaban buscarle para acelerar la muerte del agonizante.
Pero no te hagas la idea que los familiares trataban por todos los medios de acelerar la muerte de sus agonizantes, no, no es así, primero se le llamaba al curandero, quien después de invocar a los Jircas1 procedían a curarle con coca, keroseno, roncito y otras hierbas de su conocimiento. Pero si el doliente aún se resistía a curarse, la familia entonces preparaba las viandas más apetecidas por el enfermo, invitaban a todos los vecinos y se ponían a comer delante de él, exagerando lo rico que estaban las papas sancochadas con los ollucos hervidos, alababan al ají recién molido que por cucharadas diluían con el tocus2, bebían en panzudos vasos la chicha de maíz tierno fermentado y escogían  del huallqui3 las hojas de coca con pintas verdes que son las más deliciosas y las que mejor se prestan para ver el futuro, y se las llevaban a la boca aderezándolas con cal,  para terminar bebiendo a grandes tragos ischcay realgota4. Si después de tres días de tentar al moribundo con los platillos y las bebidas más apreciadas por él, no había ningún signo de mejoría, entonces la familia, ya con los bolsillos casi vacíos por los gastos realizados, se reunía y acordaban enviar a buscar al despenador.
El despenador era un cholo5 macizo, pequeño pero de hombros anchos, su nariz ganchuda y la frente muy estrecha, los pelos enmarañados casi le tapaban los ojos siempre rojizos producto del consumo frecuente de aguardiente. Un sombrero viejísimo cubría su cabeza, en tanto que su cuerpo estaba cubierto por un poncho rotoso en varias partes dejando expuesta su piel morena. Las manos lucían sumamente enormes para el pequeño cuerpo del hombrecito, los pantalones deshilachados a mitad de muslos dejaban ver su gigantesca rodilla derecha, toda callosa, endurecida de tanto golpear y destrozar rocas aledañas a su cabaña. Cerca de él, un perro legañoso y carachoso con la cola parecida a la de una serpiente estaba rematado en un penacho de cerdas a la manera de un puerco, ladraba nerviosamente ante la presencia de los más que atemorizados familiares. Estos, sin llegar a la cabaña, depositaban los dos soles que sabían cobraba el indio con rodilla de karateca, en el suelo frente a su desvencijada puerta, le dejaban además  unos bizcochos a los que el indio era muy aficionado, y una botellita de agua de florida llena de aguardiente…y sin darle la espalda, los parientes del moribundo se retiraban con la cabeza casi tocando el suelo en una profunda reverencia y se allegaban  hasta donde estaban sus caballos y demás acémilas, montando en ellas y cabalgando de regreso como almas perseguidas por el diablo no sin después de haberle indicado a gritos desde donde estaban la dirección de la casa a visitar.
A las dos o tres horas, la pequeña pero cuadrada figura del despenador se recortaba a trasluz en la puerta de la casa de la familia doliente... El Ángel de la muerte se acercaba a la cabecera del moribundo con paso cansino y si estaba consciente aun, le preguntaba:
-¿Sufres mucho hermano?
-Sí sufro hermano…
-¿Deseas que te ayude hermano?
-Hazlo por caridad hermanito…
-Entonces perdóname por lo que voy a hacer, encomiéndate a la Santísima Virgen y a todos los Santos, muy pronto veras al Taita6 Dios.
Y levantando con una mano la cabeza,  flexionábala sobre su pecho, le hundía la uña gruesa y desconchada de su pulgar de la mano en la horquilla del esternón, mientras que la gruesa rodilla se aplastaba contra la boca del estómago.
Solo unos segundos bastaba… y el moribundo ya se convertía en finadito…
Después de hecho su oficio,  el despenador se retiraba de la casa mientras los dolientes la abrían paso no sin antes hacerle gestos de asco con la cara.
El último de los despenadores que anduvo por mi tierra murió en los años 50, pero para mí, que no fue el último…así es mi shullkita7, así es mi cholo guañón8.”
Demás está decir que por varias noches no pude conciliar el sueño…


VOCABULARIO:
1.- JIRCAS: Deidades andinas, representadas por las montañas, a quienes se les invocaban para todo tipo de empresas y se les rendían homenajes como si de personas de trataran. Los creyentes manifestaban que regularmente visitaban los poblados a cuyas laderas se asentabas las poblaciones adoptando la apariencia de ancianos o mendigos (JIRCA YAYAG: Señor Dios), para saber de la bondad de sus protegidos.
2.-TOCUS: Caldo de papas.
3.-HUALLQUI: Bolsa tejida de lana con un asa larga que se cuelga del hombro o se cruza alrededor del pecho. Es usada exclusivamente por hombres.
4.-ISHCAY REALGOTA: Un real de aguardiente.
5.-CHOLO: Del vocabulario Yunga, con él se designaba a los jóvenes; actualmente, se le utiliza como término despectivo.
6.-TAITA: Señor.
7.-SHULLKA: El último de los hijos.
8.-GUAÑÓN: “Chocho”, consentido.
 

LA PROCESIÓN. PERCY ZAPATA MENDO.

LA PROCESIÓN
Marzo del 2012
“Déjame decirte hijito que una mujer nada saca de estar metiéndose en donde no le han llamado, o ponerse en las  PRCESIÓNventanas o puertas a tratar de indagar sobre la vida de los demás, descuidando a su propia familia, eso es oficio de vagas y chismosas. La mujer decente no chismosea, se dedica a su hogar o a su trabajo”. De esta manera empezó su narración mi abuelita Rosalina, con una repasata de buenos modales y costumbres.
“Cuando era una guagua1 y vivía en la casa de mis taitas2 allá por la lejana sierra, en ese lugar también vivía una señora muy chismosa que se ponía a husmear desde la puerta de su casa lo que acontecía en la de sus vecinos e inmediatamente se ponía a cotorrear con las otras mujeres tentadas por su filosa y maledicente lengua, descuidando a su esposo e  hijos.
Esta mujercita estaba escudriñando hasta muy de madrugada, a tal extremo que al día siguiente no se levantaba al canto del gallo, sino del coclear asmático de las gallinas, y siempre con la tremenda pechuga3 de molestarse si su esposo le reclamaba.
Una de esas noches cercana a Semana Santa, vio a través de los enormes ventanales de la Iglesia que quedaba al fondo de su cuadra, que sus luces se encendían tímidamente, una tras de la otra, y a pesar que la Iglesia y otros pocos edificios tenían ya luz a gas, vio que en el Templo los vidrios traslucían las iluminaciones lóbregas de unas velas, que lejos de alumbrar más, terminaban por acentuar  las sombras.
Repentinamente se abrieron las puertas de la Parroquia y salió una larguísima procesión de monjes, que tenían bien calada su capucha cubriéndoles toda la cabeza, y todos  llevaban en sus manos unos largos cirios que no emitían la incandescencia necesaria.
Al pasar frente a su casa, el primero de ellos se le acerco muy amablemente:
-¿Hermanita, podrías hacernos el favor de guardarnos estas velitas? Que la próxima semana pasaremos a estas horas recogerlas.
La muy ladina empezó a maquinar un plan, tan pronto como acopiase los cirios, que eran un artículo caro para la época, pensaba venderlos y mudarse a la casa de un familiar en otra provincia hasta que las aguas se calmasen, para después regresar como si nada hubiera pasado.
Y cada monje con la capucha bien puesta y con la cabeza gacha como en penitencia o tal vez un trance religioso, le iban entregando su respectivo cirio. La deslenguada solicita y feliz iba haciendo rumas de cirios en la sala de su casa, hasta que pasado varios minutos, era ya poseedora de más de trescientas de esas gigantescas velas.
Muy contenta y haciendo cálculos sobre cuánto le reportaría de ganancia la venta de esas bujías, se fue a dormir a su lecho con el sueño de los pícaros ante una artimaña redonda.
Al día siguiente, presurosa fue a ver los cirios mientras pensaba en contratar a un compadre suyo poseedor de una acémila, para valerse de ella para transportarlos hasta la capital de la provincia donde le darían seguramente mejor precio. Al llegar a la habitación donde había dejado los cirios, vio con horror que lo que eran velas sagradas, se habían convertido en canillas4 y fémures de cristianos…el grito se le ahogó en la garganta…se quedó paralizada por un buen rato, y cuando recobró parte de su dominio, se precipitó a la calle aullando como una posesa y no paró hasta el púlpito de la Iglesia donde el Padre estaba aún celebrando la Santa Misa.
-¡Padre, Padre, que me lleva al patudo5, me lleva el patudo, confesión Padre, confesión…!
-Cálmate hija, cálmate y cuéntame lo que te aterra.
La habladora se sentó en la banca más próxima, tomo a sorbos el vaso con agua que por arte de magia apareció alcanzado por uno de los solícitos feligreses que estaban a esa hora en misa.
Atolondradamente la mujer les narró lo acontecido en la madrugada, despertando exclamaciones de sorpresa, gente haciéndose la señal de la cruz y no pocos escandalosos(as) que fueron corriendo a gritos a la calle anunciando el fin del mundo.
Una vez ya solos y la mujer sosegada por unos buenos tragos de Agua de Azahar6, le narró cómo habían sido los eventos al Padre, con lujo de detalles y exagerando en no pocos pasajes el relato.
El Padre se puso pensativo, y le aconsejó que esa noche escondiera bajo un manto a un niño de pecho, que cuando estuvieran ya en su casa los monjes a reclamar sus velas y de paso, probablemente llevársela a ella, pellizcara al rorro para hacerle llorar, de esta manera, los enviados del mas allá por no cargar con el infante, la dejarían en paz.
Así hizo esa noche la chismosa, se agenció de un nene que le pidió a una vecina suya ‘cuidar’ mientras aquella hacía sus quehaceres con ‘paciencia’. Bordeaba ya la media noche, cuando sintió sendos toques en su puerta, fuertes y pausados…al abrir, se dio con la cara…mejor dicho, con la ausencia de cara  del monje bajo la sombra de la capucha…éste con voz  muy amable pero firme, la invitó a unírseles en la procesión. La muy ladina siguiendo los consejos dados previamente por el sacerdote, cargó en sus brazos al mamón y le dio un pellizco que le levantó de su soporífero sueño, rompiendo inmediatamente en llanto a la cruel acción. Los monjes que habían ya cruzado el dintel de la puerta y estaban por asir a la mujer, se sobresaltaron ante los quejidos lastimeros del pequeño mientras retrocedían moviendo sus extremidades superiores muy contrariados.
-Bien hermanita-manifestó el monje líder- por hoy no nos acompañarás, por hoy nos conformamos de tu ausencia entre nosotros…pero volveremos a insistir…hasta dentro de muy poco.
Y cuando los monjes ya se retiraban con los huesos que se habian transformado otra vez en cirios, habló nuevamente  el que llevaba la voz cantante:
-¿Hermanita, podrías guardarme esta bolsita con limosnas? Es para el rezo de un pecador que no supo contenerse a la avaricia.
La vieja picada por la curiosidad aceptó el bolso que resultó ser pesado, pero éste no estaba bien sujeto por el borde que se desasió el nudo dejando escapar parte de su contenido, desparramándose por la tierra varios doblones de oro macizo…el brillo de la codicia nuevamente se aposento en sus ojos. Dejó al nene en una mesa aledaña para recoger las monedas...y ni bien tocó apenas uno de los dineros…la mujer desapareció.
Al día siguiente no se supo más de la vieja deslenguada, solo estaba el bebé llorando de hambre sobre el tablero de la casa.       
¿Ves por qué el chisme es una mala costumbre de los ociosos, mi cholo güañón7?”.
Y esta costumbre de no mirar ni entrometerme en altercados familiares que no me competen  la mantengo a rajatabla aun en la actualidad…y por siempre.

VOCABULARIO:
1.- GUAGUA: Niño(a).
2.- TAITA: Señor(a).
3.- PECHUGA: Sinvergüencería.
4.- CANILLAS: Tibias.
5.- PATUDO: Diablo, Demonio, Satanás.
6.- AGUA DE AZAHAR:Azahares” o “flor de azahar”, es el nombre de varias flores blancas, por antonomasia, la del naranjo o limonero. El nombre procede del árabe hispánico azzahár, y este del árabe clásico az-zahr (flores). El nombre se asocia popularmente a la flor de naranjo, la más apreciada por su belleza, aroma y propiedades tradicionalmente consideradas terapéuticas. En  nuestro país, se le usa por sus propiedades sedantes.
7. GUAÑÓN: Consentido, “chocho”.