jueves, 23 de mayo de 2013

EL IMPACTO DE LA INFIDELIDAD DE LOS PADRES EN SUS HIJOS. PERCY ZAPATA MENDO.


EL IMPACTO DE LA INFIDELIDAD DE LOS PADRES EN SUS HIJOS

Varios adultos consideran que ser infieles a su pareja no causa ningún perjuicio a su familia, salvo en el caso de que sean descubiertos. piensan que los niños, sus hijos son muy resistentes y que pronto se olvidarán de ese duro trance que vulnera con la integridad familiar y podrán seguir adelante con sus vidas como si nada hubiese pasado. Cada vez más investigaciones niegan este punto y señalan que los cambios en el comportamiento del infiel pueden ser fácilmente percibidos por su retoño y, de esa manera, influir de forma totalmente perniciosa en su desarrollo emocional. La escritora Kate Figes, que tras una investigación de tres años ha escrito Our Cheating Hearts: Love and Loyalty, Lust and Lies, que recoge los testimonios de multitud de infieles, a los que analiza desde el punto de vista de la psicología, la sociología y otro tipo de investigaciones, al dar lectura de ese texto, podemos apreciar que los resultados de una infidelidad conyugal son mucho más devastadores de lo que podemos sospechar.
El principal problema, señala la autora, es que los niños descendientes de padres infieles, cuando crecen, no piensan únicamente que sus padres fueron deshonestos con sus parejas, sino también con ellos mismos. Ello suele dar lugar a problemas de autoestima, comportamiento asocial o diversas conductas derivadas de la sensación de abandono por parte de su padre. Todos estos problemas no se dejan notar únicamente en el corto plazo, sino también en el largo, por ejemplo en su manera de amar a los demás o de mantener una relación a largo plazo.
Existen dos estudios realizados a lo largo de un cuarto de siglo que refrendan dicha idea sobre lo que Figes denomina el “gen de la infidelidad” y que fueron realizados por Judith Wallerstein. La psicóloga indica que la mayor parte de efectos de una infidelidad no se perciben en su totalidad durante la infancia y la adolescencia, como la mayor parte de la gente piensa, sino que estos son más visibles con el paso del tiempo y alcanza su cénit durante la edad adulta. Debido a que fueron traicionados en el pasado, los descendientes de infieles sienten que eso mismo puede volver a ocurrir, por lo que sus relaciones amorosas están marcadas por la incertidumbre. Wallerstein señala la diferencia que existe con aquellas personas que simplemente han perdido a su padre, y que no presentan los mismos comportamientos. Los hijos de parejas donde se ha cometido una infidelidad están más inclinados a hacer lo mismo.
Figes propone una serie de estrategias para aliviar esta situación, si llegado el caso no se puede hacer nada para evitarlo. En primer lugar, y de forma bastante obvia, evitar que las discusiones de la pareja sean violentas o atenten contra la dignidad de la otra persona. En segundo lugar, recordar que el niño no puede ser el terreno de batalla en el que se disputan los problemas de la pareja, sino que los padres deben permanecer siempre unidos en lo que respecta a sus hijos. Por último, hay que evitar que los sentimientos negativos afloren delante de los niños. Lo importante es la confianza de estos, por lo que hay que vigilar en todo momento que no vean heridos sus sentimientos. La forma en que los niños reaccionan a las infidelidades de sus padres varía significativamente según su edad.
Menos de cinco años. Los pequeños detectan que sus padres ya no les dedican tanta atención como de costumbre, por lo que empiezan a necesitar más y más muestras de afecto, aunque sea un simple contacto visual. Es complicado para los padres infieles cumplir con las expectativas de afecto que sus hijos requieren de ellos, por lo que la ansiedad de estos niños puede aumentar sensiblemente durante su edad adulta.
De cinco a diez años. En esta edad suele aparecer un peligroso sentimiento de culpabilidad entre los niños, que piensan que el comportamiento de sus progenitores está causado por su presencia. Su mayor miedo es que sus padres se separen, y por lo tanto comienzan a tener pesadillas y a sentirse mal consigo mismos, o a regresar a previos estados infantiles. Aún les cuesta comprender el significado de una separación.
De once a dieciocho años. Es el perfil del joven que tiene más probabilidades de descubrir las infidelidades de sus padres, debido a que su comprensión del mundo social es mayor, o puede utilizar las redes sociales para hacerlo. Es muy probable que si en esa época descubren la deshonestidad de sus padres, sus convicciones morales sufran y pasen a comportarse de manera mucho más descreída en sus propias relaciones personales. El peor de los casos posibles es el de los jóvenes que han de actuar como cómplices de sus padres, lo que les sitúa en una posición peligrosa y estresante dentro de la familia.
De 18 años en adelante. Muchos padres creen que a partir de cierta edad, la revelación de la verdad no puede causar ningún daño, pero incluso a tales edades puede resultar perjudicial para sus descendientes. Una de las reacciones frecuentes es la absolutamente opuesta a la que aparecía durante la adolescencia, es decir, en lugar de comportarse como sus padres, se convierten en personas altamente intolerantes ante cualquier infidelidad. Ello influye de manera negativa en sus relaciones, ya que puede conducir a establecer criterios excesivamente rígidos en su relación con los demás que dificultan su mejora de los problemas personales.