viernes, 24 de octubre de 2014

EL MAL DE ALTURA (“SOROCHE”)

EL MAL DE ALTURA (“SOROCHE”)

El mal de altura (también conocido como el mal de montaña agudo o soroche en el Perú) es el nombre dado a las reacciones fisiológicas del cuerpo humano (respuesta), que se producen como consecuencia de la exposición a la baja presión de oxígeno que existe a gran altitud. A medida que ascendemos, se produce una disminución progresiva de la presión atmosférica y también de la presión parcial de oxígeno en el aire que inspiramos. El oxígeno es esencial para la vida y su disminución brusca produce importantes alteraciones que, de mantenerse durante un tiempo excesivo, pueden llevar incluso a la muerte. Por este motivo, durante el ascenso a las cumbres los montañeros han de someterse a un periodo de aclimatación con el fin de que su organismo se vaya adaptando a estas bajas presiones de oxígeno.

Los primeros síntomas del mal de montaña pueden empezar a sentirse a partir de los 2.500-3.000 metros por encima del nivel del mar. Muchas estaciones de esquí se encuentran a estas alturas. En personas sensibles, pueden aparecer incluso a menores alturas, por tanto, el riesgo de padecer mal de altura en áreas como las montañas de Nepal y los Andes, donde las regiones turísticas pueden estar a una altura entre los 3.000 y 4.000 metros, es completamente real. El índice de mortalidad es aproximadamente de un 4% para ascensos a picos con alturas superiores a los 7.000 metros.

Factores que favorecen la aparición

La incidencia del mal de altura varía mucho de un individuo a otro (variabilidad individual). Hay personas que soportan mejor que otras las ascensiones rápidas. Otros factores que influyen son la velocidad de ascenso (cuanto más rápida, mayores son las probabilidades de aparición), la duración de la estancia a una altura determinada, el ejercicio continuado a gran altura y la edad (los más jóvenes y los ancianos presentan mayor predisposición). El mal de altura no depende de la forma física de la persona y puede afectar incluso a los atletas más experimentados.

Aclimatación

Al disminuir la presión de oxígeno en el aire inspirado y, por tanto, en la sangre, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos destinados a aportar una mayor cantidad de oxígeno a las células. Aumentan la respiración y el pulso, así como la eficacia de bombeo del corazón y el número de glóbulos rojos (las células de la sangre responsables de la capacidad transportadora de oxígeno). Sin embargo, la reducción de oxígeno tiene una serie de consecuencias no deseadas: aumento de presión en la circulación pulmonar (hipertensión pulmonar), cambios de los valores del pH sanguíneo (acidez), alteraciones del equilibrio entre líquidos/electrolitos (sal), así como paso de sangre o líquido a tejidos colindantes (extravasación de líquido o edema).

El mal de altura se produce al ascender rápidamente de una altura determinada a otra mayor, y permanecer a esa altura sin una aclimatación previa adecuada.

Prevención

·        Haciendo un ascenso gradual. Lo primero y más importante es subir relativamente despacio, realizando periodos adecuados de aclimatación de 2 a 3 días a una altura determinada (empezando desde los 2.000 m) antes de pasar la noche a una altura mayor. Es decir, escalar durante el día, durmiendo dos noches consecutivas en el campamento inferior. Son aconsejables los siguientes ritmos de ascenso: hasta los 5.000 metros ascender un promedio de 340- 400 metros como máximo, a partir de los 5.000 m y hasta los 6.000 m, ascender 250 metros por día; y por encima de los 6.000 m, ascender un máximo de 150-200 m por día.

·        En caso de aparecer problemas, es fundamental descender a una cota inferior a la que estaba aclimatado y descansar durante 24 o 48 horas antes de reanudar el ascenso. Si los síntomas son graves, iniciar el descenso inmediatamente, siempre acompañado.
·        Beber mucho líquido (al menos 3 ó 4 litros diarios).
·        Evitar beber alcohol.
·        Dieta hiperglucídica: rica en azúcares y féculas sobre todo.
·        Evitar quedarse frío.
·      El mal de altura se puede evitar, hasta cierto punto, con una medicina llamada Acetazolamida, a dosis de 250 mg/12 horas o 500 mg, en dosis única nocturna. Algunos expertos sugieren que para conocer los posibles efectos secundarios del medicamento es mejor darle 2 días de prueba antes del viaje. Los posibles efectos secundarios incluyen náuseas, alteración del gusto, hormigueo en manos y pies, orina frecuente y abundante, alteraciones visuales y sarpullido en la piel. Tomar este medicamento no significa que se pueda ignorar el consejo de subir despacio.

Señales de peligro para el mal de altura

Las señales de peligro se desarrollan generalmente en las primeras 36 horas. Afectan a más del 50% de los viajeros por encima de los 3.500 metros y casi al 100% de las personas que suben rápidamente a 5.000 metros sin aclimatarse.
·        Un dolor de cabeza leve que desaparece con analgésicos (paracetamol, aspirina, etc.)
·        Náuseas y malestar general
·        Ligeros mareos
·        Dificultades para dormir
Si aparecen estos síntomas a alturas por debajo de los 3.000 metros se debería parar y descansar un par de días antes de continuar subiendo. A alturas de 3.500 metros, se debe intentar bajar de 300 a 500 metros, y quedarse allí durante 2 días antes de otros ascensos permanentes.

Síntomas graves del mal de altura

·        Un dolor de cabeza intenso y grave, que no desaparece con analgésicos corrientes; vómitos.
·        Náuseas marcadas
·        Mareos, descoordinación, alteraciones visuales
·        Presión en el pecho, respiración y pulsos rápidos, sensación de dificultad respiratoria
·        Hinchazón o edema, generalmente alrededor de los ojos y, en algunos casos, en tobillos y manos
·        Disminución de la cantidad de orina
·        Confusión, desorientación
·        Cambios psicológicos (indiferencia, pérdida del sentido del peligro, etc.)
·        Convulsiones.
Cuando se presenten estos síntomas se debe buscar ayuda médica de inmediato e iniciar rápidamente el descenso a la menor altura posible.

Formas graves del mal de altura

Existen dos formas graves del mal de altura. Pueden ir precedidas de síntomas leves (dolor de cabeza, insomnio, falta de apetito, aturdimiento leve) o bien aparecer bruscamente en un alpinista previamente sano, a causa de un ascenso de gran desnivel o realizado con gran rapidez. Las dos tienen un alto índice de mortalidad y pueden ocurrir cuando ya ha pasado un día o un día y medio, a demasiada altura (normalmente, por encima de 3.500 metros). Son los siguientes:

1.      HAPE - Edema pulmonar de gran altura (líquido en los pulmones).
2.      HACE - Edema cerebral de gran altura (líquido en el cerebro).

Edema pulmonar de gran altura (HAPE)
Los síntomas de HAPE son graves, e incluyen dificultad respiratoria importante, tos seca, expectoración sanguinolenta, presión o dolor en el pecho, palpitaciones y fatiga. Se puede oír un ruido de burbujeo durante la respiración (edema pulmonar). Los labios, bordes externos de las orejas y uñas pueden parecer azuladas (cianóticas), debido a la falta de oxígeno.
Edema cerebral de gran altura (HACE)
Es la forma de presentación más grave y rápida del mal de altura. Los síntomas de HACE son fundamentalmente: náuseas, vómitos, dolores de cabeza, alteraciones visuales, irritabilidad, descoordinación, distracción, confusión, posible pérdida de conciencia, convulsiones e incluso coma.

Tratamiento

Si los síntomas son leves, el reposo sobre el mismo terreno durante 24 - 48 horas, junto con una buena hidratación y con una dieta rica en azúcares, suelen ser suficientes. Debe prohibirse el ascenso a personas que padecen síntomas de mal de altura -aunque sean leves- ya que pueden evolucionar hacia formas más graves.

Si los síntomas son más graves o empeoran, debe iniciarse inmediatamente el descenso del afectado a la menor altura posible, y siempre acompañado. A veces, un descenso de 400 metros suele ser suficiente para notar una mejoría.

Otra medida es administrar oxígeno a través de mascarilla, una cantidad de 3 a 5 litros por minuto a una concentración no inferior al 40%. Para el tratamiento del dolor de cabeza se pueden usar analgésicos menores (paracetamol, aspirina, etc.) En cuanto al insomnio de altura, sobre todo si es provocado por pausas periódicas de la respiración, debe tratarse con acetazolamida, pero nunca con fármacos hipnóticos o sedantes como los que se usan para dormir, ya que pueden empeorar aún más la respiración.

Si hay un médico disponible, podrá administrar los medicamentos que crea necesarios. La medicación no sustituye al descenso.

Contraindicaciones para el ascenso

·        Las personas con enfermedades cardiacas/pulmonares crónicas (Ej.: angina de pecho, bronquitis crónica, enfisema, y algunas personas con asma grave).
·        Las personas con anemia, incluida la anemia drepanocítica (bajo contenido de hemoglobina en sangre).
·        Las personas con trastornos de coagulación sanguínea sin tratamiento y con un historial de trombosis (coágulos).
·        Las personas que han tenido HAPE o HACE con anterioridad.

¿Quién debe tener cuidado a grandes alturas?

·        Las personas con enfermedades cardiacas/pulmonares tratadas con éxito.
·        Mujeres embarazadas
·        Niños
·        Personas con presión sanguínea elevada
·        Personas con tendencia a la apnea durante el sueño.
·        Personas que han tenido HAPE o HACE con anterioridad.
Otros problemas que se deben considerar en la alta montaña son las quemaduras solares, ceguera pasajera causada por la nieve (oftalmía) o el frío y la congelación.

Fuente:

Dr.  Charlie Easmon  (especialista en Medicina del Viajero). netdoctor.es

TERRORISMO ¡NUNCA MÁS!

CONMOCIÓN CEREBRAL

CONMOCIÓN CEREBRAL

En la conmoción cerebral (commotio cerebri) el paciente sufre un leve traumatismo craneoencefálico provocado por una caída o un golpe en la cabeza. El desencadenante también puede ser un fuerte choque con la cabeza, por ejemplo, con un marco de la puerta. La conmoción cerebral no deja secuelas en el tejido cerebral, es decir, la lesión es reversible.

El término traumatismo craneoencefálico alude a todas las lesiones cerebrales debidas a la acción de una fuerza en las que el tejido cerebral se lesiona o ve alterada su funcionalidad. Normalmente el cráneo protege el cerebro de las influencias externas. No obstante, si el cerebro se golpea bruscamente contra el hueso, se puede ver afectado el tejido cerebral. La conmoción cerebral es una posible consecuencia.

Por lo general, la conmoción cerebral (al contrario que la contusión craneal) va ligada a una pérdida de consciencia breve y a una laguna en la memoria.

CAUSAS

Las causas de la conmoción cerebral (commotio cerebri) siempre están vinculadas a la fuerza externa. La lesión se produce debido a la acción de una fuerza brusca en la cabeza, por ejemplo, por una caída, un golpe o una colisión fuerte de la cabeza contra una resistencia dura.

El cerebro “nada” en el líquido cefalorraquídeo dentro del cráneo. Este último se puede acelerar mucho debido a la acción brusca externa. Cuando el movimiento cesa, el cerebro se golpea contra el hueso, lo que puede dar lugar a una conmoción cerebral. Si, por ejemplo, una persona se cae de la bici, el choque contra el suelo frenará la caída de forma abrupta, de manera que el cerebro puede golpearse contra el cráneo.

Así pues, una conmoción cerebral se puede producir de forma frecuente mientras se practica deporte como, por ejemplo, boxeo, patinaje en línea o ciclismo. Pero en casa o conduciendo también se producen caídas o accidentes que producen conmociones cerebrales.

SÍNTOMAS

Una conmoción cerebral (commotio cerebri) se manifiesta mediante unos síntomas determinados.

Éstos son los siguientes:

·        Pérdida de consciencia transitoria: la mayoría de las veces el paciente pierde la consciencia durante un breve espacio de tiempo. Este puede durar unos pocos segundos o prolongarse hasta los 15 a 30 minutos como máximo. En raras ocasiones el paciente manifiesta los síntomas durante una hora.
·        Lagunas de memoria (amnesia): tras una conmoción cerebral el paciente no suele recordar con exactitud la secuencia del accidente. Pero las lagunas de memoria también pueden abarcar el tiempo inmediatamente anterior al accidente (lo que se denomina amnesia retroactiva o retrógrada) o posterior a él (amnesia anterógrada).
·        Dolor de cabeza.
·        Desde las náuseas hasta el vómito.
·        Trastornos del equilibro y aturdimiento: la persona está ligeramente aturdida y sufre mareos. Se siente débil y apenas puede levantarse sin ayuda.
·        Presión arterial baja y pulso lento.
·        En ocasiones, algunas molestias aparecen más tarde, hasta 12 horas después de la conmoción cerebral. Según cómo se haya producido el accidente, se puede observar una herida o un chichón. Incluso si no existen estos signos, puede haber una conmoción cerebral u otro daño en el cerebro.

DIAGNÓSTICO

La sospecha de conmoción cerebral (commotio cerebri) se debe confirmar mediante un examen minucioso. Para asegurar el diagnóstico, el médico pregunta primero al paciente (y dado el caso a los testigos) sobre los síntomas, comprueba la consciencia y la motricidad, así como el estado general de la persona.

Una conmoción cerebral es un traumatismo craneoencefálico leve. Por medio de la Escala de Coma de Glasgow (del inglés: Glasgow Coma Scale, GCS) el médico determina el nivel de gravedad del traumatismo. Con ayuda de la escala determina el estado de consciencia del afectado: para ello el médico realiza pruebas de reacción y da puntos a cada reacción. Con ellas comprueba de forma sencilla tres aspectos: ¿el paciente abre los ojos? ¿Se mueve (motricidad)? ¿Habla? Cuanto peor es la reacción, menos puntos se le dan. Si el paciente no reacciona a una prueba, sólo obtiene 1 punto en esa categoría. En total se pueden obtener entre 3 y 15 puntos, donde 3 puntos indican que se trata de un traumatismo craneoencefálico grave y 15 puntos que es leve. Si se trata de un traumatismo craneoencefálico leve, como es el caso de la conmoción cerebral, el paciente obtiene entre 13 y 15 puntos en la escala.

Además, el médico examina la zona de la cabeza y comprueba si existen lesiones óseas visibles o palpables. Con ayuda de una tomografía computarizada (TC) o una radiografía puede determinar si existen más daños, como, por ejemplo, lesiones cerebrales graves, pero también problemas adicionales, por ejemplo, en la columna vertebral cervical.

A menudo el médico toma sangre. Puede determinar si existen más daños, por ejemplo, lesiones cerebrales graves, pero también problemas adicionales, por ejemplo, en la columna vertebral cervical. A menudo el médico mide la coagulación de la sangre. La mala coagulación podría ser peligrosa en caso de sufrir una lesión grave en la que también resultasen dañados los vasos sanguíneos, ya que se sangra más.

En particular, si la persona estuvo sin conocimiento durante mucho tiempo o presenta lagunas de memoria (amnesia) más duraderas, el médico debe descartar lesiones más serias, como una contusión cerebral (contusio cerebri) o un derrame cerebral. Si a pesar de las fuertes molestias la tomografía computarizada no proporciona ningún resultado claro, también puede realizar una tomografía por resonancia magnética (TRM).

TRATAMIENTO

El primer paso del tratamiento de la conmoción cerebral (commotio cerebri) consiste en asistir al paciente en el mismo lugar del accidente. La persona debe interrumpir la actividad que estaba realizando, por ejemplo, finalizar una competición deportiva.

Si se sospecha que otra persona ha sufrido una conmoción cerebral es importante seguir las siguientes medidas:

·        Mantener la calma.
·        Tranquilizar a la persona y no dejarla sola bajo ningún concepto.
·        Curar las heridas y si el paciente tiene capacidad de reacción preguntar cómo se produjo el accidente.
·        Llamar al servicio de urgencias (911).

Si el paciente está consciente:

·        Colocar con el tronco ligeramente elevado y cubrirlo en la medida de lo posible.
·        Prestar atención al pulso, el latido y la respiración del paciente.
·        Si la persona tiene náuseas, colocarla de lado.
·        Aunque la persona se encuentre aparentemente mejor no hay que darle alimentos, bebidas, ni medicamentos.

Si el paciente está sin conocimiento:

·        Comprobar el pulso, el latido y la respiración de la persona (signos vitales).
·        Colocar al herido en la posición lateral de seguridad.
·        Cubrir la frente y la nuca con paños fríos.

Tratamiento subsiguiente

En caso de conmoción cerebral, el paciente debe permanecer en observación médica 24 horas para descartar secuelas u otras lesiones.

El paciente debe guardar cama durante un par de días y cuidarse físicamente. Es importante que renuncie a la práctica de deporte hasta que el médico lo considere oportuno. Previa consulta con el médico, pueden tomarse analgésicos para combatir el dolor de cabeza. Si se sienten náuseas, el médico puede recetar medicamentos contra las náuseas y el vómito denominados antieméticos.

EVOLUCIÓN

Por lo general, una conmoción cerebral (commotio cerebri) disminuye en pocos días sin dejar secuelas. Al cabo de una o dos semanas, el paciente ya está de nuevo en condiciones de trabajar. Lo importante es tomarse tiempo suficiente para la restablecerse y no volver a practicar deporte o estar activo de forma prematura.

Si se han sufrido varias conmociones cerebrales, como ocurre a menudo en el boxeo, la capacidad intelectual puede verse afectada a largo plazo. En algunos casos esto puede provocar incluso demencia (lo que se denomina dementia pugilistica).

FUENTES:
1.      Lesiones deportivas: diagnóstico, tratamiento y rehabilitación; Bahr; 2009; Medica Panamericana.

2.      Fundamentos de Medicina Osteopática; Osteophatic Associacion Americana; 2006; Médica Panamericana.

3.      Manual Oxford de Medicina Deportiva; Eughene Sherry; 2002; Ed. Paiodotribo.


4.      Onmeda International