lunes, 4 de agosto de 2014

LESIONES PRODUCIDAS POR LA CORRIENTE ELÉCTRICA. PERCY ZAPATA MENDO,

LESIONES PRODUCIDAS POR LA CORRIENTE ELÉCTRICA

Una lesión por corriente eléctrica es el daño que se produce cuando una corriente eléctrica atraviesa el cuerpo y quema el tejido o interfiere el funcionamiento de un órgano interno.

La corriente eléctrica que atraviesa el cuerpo genera calor, pudiendo quemar gravemente los tejidos y destruirlos. Una descarga eléctrica puede producir un cortocircuito en los sistemas eléctricos del organismo, provocando una interrupción en el funcionamiento del corazón (paro cardíaco).

Causas

Las lesiones eléctricas pueden producirse por la caída de un rayo sobre una persona o bien por contacto con cables, líneas eléctricas derribadas, o algún elemento que conduzca la electricidad desde un cable eléctrico activo, como un estanque de agua. La gravedad de la lesión, que puede oscilar entre una quemadura leve y la muerte, está determinada por el tipo y la intensidad de la corriente, la resistencia del cuerpo a dicha corriente en el punto de entrada, el recorrido de la misma dentro del organismo y la duración de la exposición.

En general, la corriente continua es menos peligrosa que la corriente alterna. Los efectos de la corriente alterna sobre el cuerpo dependen, en gran medida, de la velocidad con que ésta varía (es decir, su frecuencia), un factor que se mide en ciclos por segundo (hercios). Las corrientes de baja frecuencia, de 50 y 60 hercios, son más peligrosas que las corrientes de alta frecuencia y entre tres y cinco veces más peligrosas que la corriente continua del mismo voltaje e intensidad (amperaje). La corriente continua tiende a causar fuertes contracciones musculares que, con frecuencia, alejan a la víctima de la fuente de energía.

La corriente alterna a 60 hercios hace que los músculos queden congelados (contraídos) en su posición, lo que impide que las víctimas puedan soltar la fuente de corriente. Como resultado, la exposición puede ser prolongada y causar graves quemaduras. Por lo general, cuanto más alto es el voltaje y el amperaje, mayor es el daño que producirá la corriente, independientemente de su tipo.

La potencia de la corriente eléctrica se mide en amperios. Un miliamperio (mA) es 1/1000 de 1 amperio. El cuerpo puede percibir el contacto con la corriente continua que entra por la mano a alrededor de 5 a 10 miliamperios; puede percibir la corriente doméstica común, que es una corriente alterna de 60 hercios, a alrededor de 1 a 10 miliamperios. La corriente máxima que hace que los músculos del brazo se contraigan pero permite que la mano suelte la fuente de corriente recibe el apropiado nombre de corriente de liberación. Este valor es de aproximadamente 75 miliamperios para la corriente continua y, en el caso de la corriente alterna, de 2 a 5 miliamperios en los niños, de 5 a 7 miliamperios en las mujeres y de 7 a 9 miliamperios en los hombres, dependiendo de la masa muscular del brazo de la persona.

En las corrientes de baja potencia, entre 60 y 100 miliamperios, la corriente alterna de 60 hercios de bajo voltaje (de 110 a 220 voltios) que cruce el tórax durante un segundo puede provocar ritmos cardíacos irregulares que ponen en peligro la vida. Para producir el mismo efecto se necesitan entre 300 y 500 miliamperios de corriente continua. Si la electricidad va directamente al corazón, por ejemplo a través de un marcapasos, una corriente mucho más baja (de menos de 1 miliamperio) puede producir arritmias graves.

La resistencia es la capacidad de detener o desacelerar el paso de la corriente eléctrica. La máxima resistencia del cuerpo se concentra en la piel y depende directamente de su estado. La resistencia media de la piel seca y sana es 40 veces mayor que la de la piel delgada y húmeda. Cuando la piel está raspada o tiene heridas, o bien cuando se aplica corriente sobre membranas mucosas húmedas como la boca, el recto o la vagina, dicha resistencia es sólo la mitad de la de la piel húmeda e intacta. La resistencia de la piel gruesa y callosa de la palma de la mano o la planta del pie es 100 veces mayor que la de las zonas de piel más delgada. Mientras la corriente eléctrica atraviesa la piel, puede liberar gran parte de su energía en la superficie porque allí encuentra resistencia. Si la resistencia de la piel es alta, pueden producirse grandes quemaduras superficiales en los puntos de entrada y salida, con carbonización de los tejidos intermedios. Los tejidos internos también se queman, dependiendo de su resistencia.

El recorrido que realiza la corriente dentro del cuerpo puede ser crucial a la hora de determinar el grado de lesión. El punto de entrada más frecuente de la electricidad es la mano; el segundo es la cabeza. El punto de salida más frecuente es el pie. Debido a que la corriente que va de brazo a brazo o de un brazo a una pierna puede atravesar el corazón, es mucho más peligrosa que la corriente que va de una pierna al suelo. La corriente que atraviesa la cabeza puede causar hemorragias cerebrales, parálisis respiratorias, cambios psicológicos (como problemas de memoria a corto plazo, cambios de personalidad, irritabilidad y alteraciones en el sueño) e irregularidad en el ritmo cardíaco. Las lesiones en los ojos pueden producir cataratas.

La duración de la exposición es importante. Lógicamente, cuanto mayor es el tiempo de exposición, mayor es la cantidad de tejido dañado. Una persona que queda pegada a una fuente de corriente eléctrica puede sufrir quemaduras graves. Por otro lado, una persona que haya sido alcanzada por un rayo, rara vez sufre quemaduras externas o internas graves, porque todo sucede de forma tan rápida que la corriente tiende a pasar por fuera del cuerpo sin causar daños de importancia en los tejidos internos. Sin embargo, el rayo puede provocar un cortocircuito en el corazón y los pulmones, llegando a paralizarlos, así como dañar los nervios o el cerebro.

Síntomas

Los síntomas dependen de las complejas interacciones de todas las características de la corriente eléctrica. Un shock de corriente eléctrica puede sobresaltar a una persona, derribarla o producirle fuertes contracciones musculares. Cualquiera de estos efectos podría provocar dislocaciones, fracturas y contusiones. La víctima puede quedar inconsciente. La respiración y el corazón pueden paralizarse. El trayecto de las quemaduras eléctricas puede verse como una línea claramente dibujada sobre la piel e incluso en los tejidos internos.

Una corriente de alto voltaje en ocasiones mata los tejidos localizados entre los puntos de entrada y salida, produciendo extensas superficies de músculo quemado. Como resultado, se pierden grandes cantidades de líquidos y sales (electrólitos) y, en ciertos casos, la presión arterial baja peligrosamente, como en las quemaduras graves. Las fibras musculares dañadas liberan mioglobina, que puede lesionar los riñones y provocar insuficiencia renal.

Una persona mojada puede entrar en contacto con una corriente eléctrica (por ejemplo, cuando un secador de pelo cae dentro de la bañera o se pisa un charco que está en contacto con una línea eléctrica subterránea). En estas situaciones, la resistencia de la piel se reduce hasta tal punto que la víctima no se quema pero puede sufrir un paro cardíaco y morir si no se le practican maniobras de resucitación rápidamente.

Los rayos rara vez causan quemaduras de entrada y salida y en pocas ocasiones producen daño muscular o mioglobina en la orina. En un primer momento se puede perder la consciencia e incluso, a veces, entrar en estado de coma, o bien sufrir confusión temporal, pero estos estados suelen desaparecer en cuestión de horas o días. La causa más frecuente de muerte cuando un rayo alcanza a una persona es la parálisis del corazón y de los pulmones (paro cardiorrespiratorio).

Los niños que accidentalmente chupan extremos de cables pueden sufrir quemaduras en la boca y en los labios. Estas quemaduras no sólo causan deformaciones en la cara sino también problemas de crecimiento de los dientes, la mandíbula y la cara. El niño debería ser examinado por un especialista en ortodoncia o por un estomatólogo, así como por un cirujano experto en quemaduras. Un peligro añadido es que cuando la costra se desprende, se produzca una grave hemorragia de una arteria del labio, por lo general entre 7 y 10 días después de la lesión.

Prevención

La educación acerca de la electricidad y el respeto hacia ella son fundamentales. Asegurarse de que todos los aparatos eléctricos estén correctamente diseñados, instalados y en buen estado de mantenimiento puede ayudar a evitar lesiones eléctricas tanto en el hogar como en el trabajo. Cualquier aparato eléctrico que entre en contacto con el cuerpo debería tener una descarga a tierra y estar enchufado a circuitos que contengan equipos de protección. Los interruptores diferenciales que cortan el circuito cuando se pierde una cantidad de corriente tan baja como 5 miliamperios constituyen unos dispositivos de seguridad de fácil adquisición.
Para evitar las descargas de rayos durante las tormentas, es conveniente adoptar ciertas precauciones, como evitar los espacios abiertos, los campos de fútbol o de golf y buscar refugio (pero nunca bajo un árbol aislado o una construcción con techo metálico, puesto que ambos atraen los rayos). También se debería salir de las piscinas, los estanques o los lagos. Permanecer dentro de un automóvil resulta seguro.

Tratamiento

El tratamiento consiste en apartar a la persona de la fuente de corriente eléctrica, restaurar el ritmo cardíaco y la respiración mediante la reanimación cardiopulmonar si fuese necesario, y tratar las quemaduras y otras lesiones que puedan haberse producido.

La mejor manera de alejar a la víctima de la fuente de electricidad consiste en cortar la misma de inmediato (por ejemplo, poniendo en funcionamiento el interruptor diferencial o desenchufando el aparato). Si las líneas fuesen de alto voltaje, nadie deberá tocar a la víctima hasta que la corriente haya sido cortada. Muchas personas que han intentado rescatar a una víctima han sufrido lesiones a causa de la electricidad. Las líneas de alto y bajo voltaje son difíciles de distinguir, especialmente al aire libre.

Una vez que la víctima puede ser tocada sin peligro, quien la rescate debería comprobar que respire y tenga pulso. Si no respira y no se le encuentra el pulso, es necesario poner en práctica una reanimación cardiopulmonar de inmediato. El personal hospitalario o de urgencias debería descartar la presencia de fracturas, dislocaciones, contusiones o lesiones de la columna vertebral. Si el daño muscular es importante, la mioglobina puede dañar los riñones, por lo que se administran grandes volúmenes de líquidos para intentar evitar dichas lesiones.

Con frecuencia, las víctimas de rayos pueden volver en sí mediante la reanimación cardiopulmonar. La atención inmediata es fundamental y siempre hay que intentar reanimar a las víctimas aunque parezcan muertas, porque si se las estimula a respirar por sí mismas, casi siempre se recuperan.

Se realizan electrocardiogramas para controlar el ritmo cardíaco de la víctima. Si se sospecha que el corazón ha recibido un shock eléctrico, se mantiene al paciente en observación durante un período de 12 a 24 horas. Si la víctima ha estado inconsciente o ha sufrido una lesión en la cabeza, se le puede realizar una tomografía computadorizada (TC) para descartar un posible daño cerebral.

HOWARD HUGHES Y EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (T.O.C) . PERCY ZAPATA MENDO.

HOWARD HUGHES Y EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (T.O.C)

Entre los personajes polifacéticos, Howard Hughes resulta un caso representativo. Originario de Texas, donde nació en 1905, llegó a ser en distintos momentos de su vida ingeniero autodidacta, aviador, aeromodelista, industrial, eximio golfista, cineasta, filántropo y gran seductor mimado por la farándula del arte y las más exquisitas actrices de Hollywood. En las últimas décadas de su vida, sufrió un trastorno obsesivo compulsivo de tal magnitud que lo llevó a la tumba transformado en una piltrafa humana.
                     
Descendía de una familia de buena posición social y heredó los genes para los negocios y los inventos de su padre, quien diseñó las cabezas perforadoras para buscar petróleo y con esa patente amasó una fortuna que pronto pasó a las manos de su hijo que la multiplicó con creces.

Howard Hughes había sido obsesivo-compulsivo durante toda su vida. En los años 30, los amigos cercanos divulgaron su obsesión por el tamaño de los guisantes (uno de sus alimentos preferidos), y que incluso utilizaba una bifurcación especial para clasificarlos por tamaño antes de consumirlos.

Mientras producía The Outlaw, Hughes se obsesionó por un defecto de menor importancia en una de las blusas de Jane Russell, argumentando que la tela se agrupaba a lo largo de una costura, con lo que daba la apariencia de que cada uno de los pechos de Russell tenía dos pezones. Estuvo tan preocupado por ello que llegó a redactar un detallado memorándum sobre cómo resolver el problema, y lo repartió entre los miembros del equipo de rodaje.

Hughes llegó a recluirse por completo, se encerró en cuartos oscurecidos, inducido por el uso de medicamentos y drogas, aunque siempre mantuvo las visitas de un peluquero. Varios doctores vivían en la casa cobrando un sueldo sustancial, sin embargo Hughes raras veces los veía y por lo general rechazaba seguir su consejo.

Siendo muy joven, Howard contrajo la sífilis. El tratamiento en aquella época era experimental y con efectos secundarios graves. Podía dañar el sistema nervioso central, y provocar así complicaciones psiquiátricas. Los médicos no consiguieron curarle, y su sífilis empeoró. Uno de los síntomas era la aparición de pequeñas ampollas en sus manos, por lo que le recomendaron no dar la mano a nadie en una temporada. Hughes no volvió a hacerlo el resto de su vida, y siempre que necesitaba tocar algo lo hacía con pañuelos de papel como protección ante los gérmenes.

A partir de 1940, los síntomas se volvieron incontrolables, pero, gracias a su enorme fortuna, se pudo dar el lujo de trasladar sus obsesiones a terceros que se vieron forzados a realizar muchos de los rituales que formaban parte de la mente trastornada de Hughes. Una característica típica de quienes padecen el trastorno obsesivo compulsivo es el temor a la contaminación. En Hughes, esto se manifestó en forma superlativa, exigía a sus sirvientes que le entregaran cada cubierto envuelto en un papel especial sellado con cinta adhesiva y él los tomaba con las manos enguantadas. Jamás se animaba a tocar la puerta de un edificio público, esperaba pacientemente que alguien la abriera para deslizarse subrepticiamente.

A finales de 1950 Howard Hughes había desarrollado ya claros síntomas debilitantes de trastorno obsesivo-compulsivo (T.O.C.). El que fuera uno de los hombres más vistos de América, ahora desaparecía totalmente de la vida pública, aunque los tabloides continuaron informando sobre su comportamiento y paradero.

El 12 de enero de 1957, Hughes se casó con Jean Peters, a la que había conocido hacía varios años. Su segundo matrimonio fue también tormentoso, debido a sus cada vez más obsesivas manías y a su tendencia a recluirse. De hecho, llegó un momento a partir del cual sólo contactaba con su esposa por teléfono. En varias ocasiones, los medios publicaron que estaba en fase terminal, mentalmente inestable, e incluso muerto.

Sus objetos personales le debían ser entregados después de que el mucamo se hubiera lavado las manos con un jabón nuevo y los envolviera en numerosas servilletas de papel. La obsesión por la contaminación lo convirtió en un verdadero recluso que rara vez se aventuraba fuera de las habitaciones de los lujosos hoteles de los que era dueño.

Residía en la entonces moderna y próspera Managua, capital de Nicaragua, en el hotel más exclusivo de América Central de aquella época: Hotel Intercontinental (actualmente Crowne Plaza), cuando lo sorprendió el terremoto de Managua de 1972, el 23 de diciembre, ese mismo año huyó despavorido de allí en forma misteriosa. Se dice que quería hacer negocios allí con el General Anastasio Somoza Debayle. Por precaución, posterior al terremoto antes de partir de Nicaragua, fue huésped en uno de los palacios de la familia Somoza.

El 5 de abril de 1976, a la edad de 70 años, completamente autor recluido en una suite de un prestigioso hotel de Acapulco, Hughes agoniza. Toman un avión hacia el Hospital Metodista de Houston, pero nada se puede hacer ya por él. Se cree que pudo haber fallecido en pleno vuelo, o incluso antes de salir de México.

Ya en Houston, los médicos pudieron ver un cuerpo de aspecto muy envejecido y muy delgado, con una larga barba y con las uñas muy crecidas. A causa de su reclusión, y por culpa de la grave desatención autoinflingida, estaba irreconocible, por lo que el FBI tuvo que identificarle con sus huellas dactilares.

La causa de la muerte fue un fallo renal, según la autopsia, que también certificó una severa desnutrición, así como detalles escabrosos como los trozos de agujas hipodérmicas rotas que tenían metidas bajo la piel de sus brazos. Aunque sus riñones fallaron, el resto de órganos estaban perfectamente sanos.

El 7 de abril fue enterrado en el panteón familiar del histórico Cementerio Glenwood de Houston.

EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) estuvo considerado hasta hace algunos años como una enfermedad psiquiátrica rara que no responde al tratamiento. Actualmente es reconocido como un problema común que afecta al 2 por ciento de la población. El TOC es un trastorno perteneciente al grupo de los trastornos de ansiedad caracterizado por:
Ø Obsesiones: son ideas, pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes que no son experimentados como producidos voluntariamente, sino más bien como pensamientos que invaden la conciencia y que son vividos como repugnantes o sin sentido.
Ø Compulsiones: son conductas repetitivas y aparentemente finalistas, que se realizan según determinadas reglas de forma estereotipada. El acto se realiza con una sensación de compulsión subjetiva junto con un deseo de resistir a la compulsión, por lo menos inicialmente.

CAUSAS

No se sabe todavía la causa del TOC, aunque sí se sabe que no surge como respuesta a un supuesto conflicto intrapsíquico ni tampoco por un conflicto sexual reprimido, como decían las teorías psicoanalíticas antiguas. La eficacia de los antidepresivos inhibidores de la recaptación de la serotonina en el tratamiento del TOC hace pensar que el origen puede deberse a una alteración de la serotonina. Se cree que este neurotransmisor ayuda a regular la disposición de ánimo, la agresión y la impulsividad.

SÍNTOMAS DE TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Las obsesiones y compulsiones más frecuentes en personas con TOC incluyen:
Obsesiones
·        Temor a contaminarse
·        Temor a causar daños a otros o a que le pase algo a los padres, familia, etc.
·        Ideas agresivas o de contenido sexual
·        Escrupulosidad /religiosidad excesiva
·        Pensamientos prohibidos
·        Necesidad de simetría
·        Necesidad de decir o confesar
Compulsiones
·        Lavarse
·        Repetir una acción hasta hacerla 'bien'
·        Asegurarse de haber cerrado la puerta, de haber cerrado el agua...
·        Tocar
·        Contar objetos o hasta un determinado número
·        Ordenar
·        Acumular (no poder tirar nada)
·        Rezar

TIPOS DE TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Dentro del TOC se pueden diferenciar ocho tipos:
1.     Lavadores y limpiadores: son personas a las que carcomen obsesiones relacionadas con la contaminación a través de determinados objetos o situaciones.
2.     Verificadores: las que inspeccionan de manera excesiva con el propósito de evitar que ocurra una determinada catástrofe.
3.     Repetidores: son aquellos individuos que se empeñan en las ejecuciones de acciones repetitivas.
4.     Ordenadores: son personas que exigen que las cosas que les rodean estén dispuestas de acuerdo con determinadas pautas rígidas, incluyendo distribuciones simétricas.
5. Acumuladores: coleccionan objetos insignificantes, de los que no pueden desprenderse.
6.     Ritualizadores mentales: acostumbran a apelar a pensamientos o imágenes repetitivas con el objeto de contrarrestar su ansiedad provocadora de ideas o imágenes, que constituyen las obsesiones.
7.     Atormentados y obsesivos puros: experimentan pensamientos negativos reiterados, que resultan incontrolables y bastante perturbadores.
8.     Sexuales: consiste en pensamientos sexuales recurrentes, que incluyen sobre todo un temor exagerado a ser homosexual.

DIAGNÓSTICOS

El TOC en niños comienza entre los 7 a 10 años y tiene una prevalencia de entre 0,3 al 1,9 por ciento en niños y adolescentes. Un 33 por ciento de los adultos con TOC dicen que sus síntomas empezaron en la infancia. Frecuentemente el niño se avergüenza de sus compulsiones porque no son lógicas, pero no las puede evitar, por miedo a que algo mucho peor suceda. A veces los síntomas afectan mucho al niño en el colegio. Otras veces sólo están presentes en casa, y los padres pueden creer que el niño los hace para fastidiarles.
El TOC es más frecuente de lo que se creía hace años. Se calcula que aproximadamente el 2 por ciento de la población lo padece. Esta cifra incluye la estimación de pacientes que encubren su enfermedad y que todavía no han sido diagnosticados.

TRATAMIENTOS

Farmacoterapia: La medicación es útil en el control de los síntomas del TOC pero a menudo, si se deja el fármaco, sobreviene una recaída. La mayoría de las personas necesitará medicarse indefinidamente. El primer tratamiento específicamente aprobado para su uso en el TOC fue el antidepresivo tricíclico clomipramina (Anafranil). Los psicofármacos de segunda generación, que son utilizados hoy en día, se llaman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Estudios extensos han demostrado que estos inhibidores favorecen, al menos ligeramente, a casi el 80 por ciento de los pacientes. Y en más de la mitad de los casos, la medicación alivia los síntomas del TOC al disminuir la frecuencia e intensidad de las obsesiones y compulsiones. La mejoría por lo general no se alcanza hasta las dos o más semanas de tratamiento.


Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (EPR): La psicoterapia tradicional y el psicoanálisis, dirigido a ayudar al paciente a percibir su problema, no es útil para el TOC. Sin embargo, un método específico psicológico, denominado EPR, es eficaz en muchas personas, especialmente en las que presentan rituales conductistas. Mediante este método el paciente se enfrenta, deliberada o voluntariamente, al objeto o idea temida, ya sea directamente o con la imaginación. Al mismo tiempo, el paciente es alentado a evitar sus rituales con apoyo y medios provistos por el terapeuta, y posiblemente por otros que el paciente reclute para asistirle. Los estudios realizados y la práctica diaria demuestran que la EPR es una terapia muy exitosa para la mayoría de los pacientes que la completan y los efectos positivos perduran una vez finalizado el tratamiento.