sábado, 13 de septiembre de 2014

EL DUELO

EL DUELO

El duelo psicológico (a diferencia del que se refiere a combate) es un proceso que tiene lugar tras una pérdida irreparable. El duelo es una reacción natural y necesaria ante la pérdida de un ser amado (muerte de un familiar, un amigo, una mascota, etc.) o de un evento o condición (un divorcio, un despido laboral). La pérdida produce desconsuelo a quien la sobrelleva y el duelo aparece como el proceso mediante el cual la persona comienza a aceptarla y a comprender que deberá continuar con su vida.

Si bien es cierto que el duelo es un proceso psicológico, hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los hay fisiológicos y sociales. La intensidad y la duración serán proporcionales a la dimensión y al significado de la pérdida. Sigmund Freud definió el duelo como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción equivalente”.

En el duelo, el sujeto ha experimentado una pérdida real del objeto, y en el proceso, que se prolonga un tiempo necesario para la elaboración de esta pérdida, éste pierde el interés por el mundo exterior, sustrayendo la libido de todo objeto que no remita al objeto perdido. Por lo común dura entre 2 y 12 semanas, aunque puede persistir hasta los 6 meses cuando se trata de la pérdida de un ser querido muy allegado (Madre, hijo, cónyuge...).

En caso que las sintomatologías no concluyeran después de los espacios de tiempo anteriormente citados e indujeran problemas al afectado para desenvolverse en su vida rutinaria, es de vital importancia acudir cuanto antes a buscar la ayuda de un psiquiatra o psicólogo, ya que la persona afectada puede estar sufriendo un episodio de depresión crónica.

Manifestaciones externas del duelo

La manifestación externa del duelo es el luto, que es su expresión más o menos formalizada y cultural, y se puede exteriorizar con sollozos, ira, ataques violentos y un buen número de reacciones, todas ellas consideradas "normales" en esos momentos. Hay que tener en cuenta que los especialistas reconocen que para una buena elaboración y superación del duelo no es aconsejable querer huir de esas sensaciones de dolor, pues no se pueden enfrentar si no se sienten. Lo contrario es la negación de la pérdida, lo que llevaría a comportamientos des adaptativos.

Etapas del duelo individual

1. Fase inicial o de evitación: Reacción normal y terapéutica, surge como defensa y perdura hasta que el Yo consiga asimilar progresivamente el golpe. Es frecuente el shock e incredulidad, e incluso la negación del evento, que puede durar horas, semanas o meses.

El duelista tiene un sentimiento arrollador de tristeza, el cual se expresa con llanto frecuente. Inicia el proceso de duelo (el poder ver el cuerpo), y lo que oficializa la realidad de la muerte es el entierro o funeral, que cumple varias funciones, entre ellas la de separar al muerto de los vivos.

2. Fase aguda de duelo: El dolor por la separación se hace evidente, se acompaña de desinterés por el mundo y las cosas cotidianas, existe preocupación por la imagen del muerto, incluso pseudo alucinaciones, la rabia no es infrecuente y se vive en constante angustia. Va disminuyendo con el tiempo, pero pueden repetirse en ocasiones como los aniversarios y puede durar 6 meses o más.

3. Resolución del duelo: Es la fase final, el duelista se reincorpora a los quehaceres diarios y poco a poco, se va estabilizando los altibajos de la etapa anterior. Se recuerda a la persona o evento que generó el duelo, con sentimientos de cariñoso mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo y la nostalgia de la etapa anterior.

También se pueden encontrar otras fases del duelo pues por discrepancia de autores se tiene entre 3 o 4 fases.

Tipos de duelo

El duelo no es una enfermedad, aunque puede llegar a serlo si su elaboración no es correcta. Diferentes autores han dado diferentes tipologías de duelo, si bien se carece de una tipología comúnmente aceptada por todos. Se ha hablado, por ejemplo, de duelos complicados, crónicos, congelados, exagerados, reprimidos, enmascarados, psicóticos... y una larga lista.

1. Duelo bloqueado: Ocurre una negación a la realidad de la pérdida, donde hay una evitación del trabajo de duelo, y un bloqueo emocional-cognitivo que se manifiesta a través de conductas, percepciones ilusorias, síntomas somáticos o mentales o relacionales.

2. Duelo complicado: Síntomas o conductas de riesgo sostenidas en el tiempo y de intensidad riesgosas para la salud dentro de un contexto de pérdida.

3. Duelo patológico: La persistencia o intensidad de los síntomas ha llevado a alguno o varios de los miembros de la familia a detener la vida laboral, social, académica, orgánica.

Final del duelo

Se describen 4 tareas para completar el duelo:

·        Aceptar la realidad de la pérdida.
·        Experimentar la realidad de la pérdida.
·        Sentir el dolor y todas sus emociones.
·        Adaptarse a un ambiente en el cual falta el ser que murió, aprender a vivir en su ausencia, tomar decisiones en soledad, retirar la energía emocional y reinvertirla en nuevas situaciones o relaciones.


Referencias

·        Marc Bekoff, “Sobre la conciencia animal”.
·        Navarro Serer, Mariano (2006). «La muerte y el duelo como experiencia vital: acompañando el proceso de morir.». Información psicológica (88). ISSN 0214-347 X - D.L. V-841-1983. pág. 17
·        Alizade, A. M. (1996). Clínica con la muerte. Buenos Aires: Amorrortu.
·        Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca.
·        Gómez Sancho, M. (2004). La pérdida de un ser querido. El duelo y el luto. Madrid: Arán ediciones.

·        Navarro Serer, M. (2006). La muerte y el duelo como experiencia vital: acompañando el proceso de morir. Información Psicológica, (88). ISSN 0214-347 X - D.L. V-841-1983. p. 17.

LO QUE SE SIENTE AL MORIR. PERCY ZAPATA MENDO.

LO QUE SE SIENTE AL MORIR

La muerte es un tema que nos genera curiosidad y ha sido la causa de no pocos y encendidos debates, más lo usual, es que todos los que han tenido esa experiencia de manera directa o indirecta, omitan su sola mención, otorgándole el estatus de tabú; quizá porque nadie pueda saber a ciencia cierta qué es lo que sucede al finalizar nuestra existencia hasta llegado ese momento, pero ello no ha sido obstáculo al hombre cuestionarse al respecto, pues siempre le ha fascinado conocer qué es lo último que experimentaremos antes de perder perennemente la conciencia.

Precisamente esto es lo que intentó averiguar Anna Gosline de la revista New Scientist, tras conversar con expertos y revisar testimonios tanto de testigos como de supervivientes a 10 tipos distintos de muertes, que van desde el paro cardíaco hasta la decapitación.

1. Ahogamiento

El ahogamiento puede no ser una de las muertes más dolorosas para una persona, pero sí una de las más angustiantes, debido a la abrumadora sensación de pánico que significa no poder respirar.

Tal como describe el fisiólogo y experto en supervivencia marina de la Universidad de Portsmouth en Reino Unido, Mike Tipton, la mayoría de los decesos por ahogamiento en el mar son eventos en extremo repentinos, donde dos tercios de las víctimas se reconocen como buenos nadadores.

A partir de entonces comienza una desesperada lucha por mantener la cabeza fuera del agua, donde los intentos por tomar una bocanada de aire impiden gritar por ayuda. Muchas veces, los cuerpos son hallados erguidos, con las manos levemente empuñadas, como si hubieran tratado de asirse a una escalera invisible.

Cuando la persona finalmente se sumerge, trata de mantener el aire lo máximo posible, por lo regular entre 30 a 90 segundos. Tras ello respira agua, tose y respira aún más agua, a medida que esta inunda los pulmones e impide la oxigenación de la sangre.

“Hay una sensación de desgarramiento o de quemadura a medida que el líquido invade la vía respiratoria. Luego sobreviene un estado de calma y tranquilidad”, explica Tipton en base a testimonios de supervivientes.

La tranquilidad es producto de la falta de oxígeno en el cerebro. Finalmente, el corazón se detiene y se produce la muerte cerebral.

2. Paro cardíaco

Los infartos pueden parecer una forma más natural de morir en comparación con ejecuciones o accidentes, sin embargo también puede ser una de las más dolorosas.

Aunque algunos pueden ser fulminantes, en la mayoría de los casos se producen síntomas con hasta 6 horas de anticipación, los que suelen ser menospreciados por las víctimas -sobre todo las mujeres- quienes lo atribuyen a una indigestión, al cansancio o a un calambre.

Estos incluyen dolor en el pecho, que puede venir como presión o apretamiento, en lo que los enfermos comúnmente describen como “sentir un elefante sentado encima”. El dolor puede ser tan agudo que se extiende por la mandíbula, la garganta, la espalda y los brazos.

Buscar ayuda médica es esencial: más del 85% de los pacientes que llegan a un recinto asistencial a tiempo sobreviven. Los que no, sentirán detenerse su corazón, perderán la conciencia en menos de 10 segundos y, minutos después, morirán.

3. Hemorragias

Morir desangrado -dependiendo de la forma en que esto devenga- puede no ser tan horrible como suena.

Según el doctor John Kortbeek de la Universidad de Calgary en Alberta, Canadá, si una persona se corta la arteria aorta en un accidente, morirá en pocos segundos. Sin embargo, si se trata de una arteria o vena más pequeña, el proceso puede tardar horas, donde la persona experimentará las distintas etapas de un shock hemorrágico.

Considerando que un adulto posee 5 litros de sangre, una pérdida de 750 mililitros sólo provocará síntomas leves. Si aumenta a 1.5 litros, la persona se sentirá débil, sedienta y ansiosa, comenzando a respirar rápidamente. Pasados los 2 litros, la sensación pasa al mareo, la confusión y finalmente, la inconsciencia.

“Los sobrevivientes a un shock hemorrágico describen diferentes sensaciones que van desde el miedo a la relativa calma. En gran parte esto depende de cuán graves sean sus heridas. Una sola herida que penetre la arteria femoral en la pierna será menos dolorosa que múltiples fracturas provocadas por un accidente de tránsito”, explica Kortbeek.

4. Fuego

Ya sea en las tortuosas hogueras de la Inquisición o en un incendio, las quemaduras son una de las formas más dolorosas de morir.

De inmediato, el calor y el humo queman las cejas y el pelo, siguiendo luego con la garganta y las vías respiratorias. Cuando llega a la piel, el fuego produce una respuesta intensa en todo el sistema nervioso, que se ve agravado aún más por la inflamación del tejido.

A medida que la piel se daña, se pierde algo de sensibilidad pero sigue siendo una experiencia insoportable.

“Las quemaduras de tercer grado no duelen tanto como las de segundo grado porque los nervios superficiales fueron destruidos, sin embargo la diferencia es casi semántica: una quemadura extensa es horriblemente dolorosa en cualquier instancia”, explica el doctor David Herndon de la Universidad de Texas.

Pero irónicamente, en un incendio el mayor riesgo no son las llamas, sino los gases tóxicos. De hecho un estudio realizado en Noruega en 1996 encontró que, de 286 víctimas fallecidas en incendios, un 75% murió por intoxicación con monóxido de carbono.

Dependiendo de la concentración, este puede llevar del dolor de cabeza al mareo y de ahí a la inconsciencia en minutos. Es más: según la Asociación de Protección contra el Fuego de EEUU, un 40% de las víctimas fatales de incendios pierden el sentido antes de que puedan despertar del sueño.

5. Decapitación

Aun cuando parezca macabro, la decapitación es una de las formas más rápidas e indoloras de morir. Desde luego, sólo si es hecho de la manera correcta.

Pero aun utilizando artilugios tan especializados como una guillotina, siempre restarán algunos segundos de conciencia luego de cortar la columna vertebral. Un estudio realizado en ratones en 1991 descubrió que le tomaba 2.7 segundos al cerebro terminar de consumir su provisión de oxígeno, lo que llevado a la proporción de los seres humanos, puede traducirse en 7 segundos de conciencia.

Durante las numerosas ejecuciones de la revolución francesa, existieron reportes que hablaban de movimientos de cejas y ojos hasta 30 segundos después de la decapitación, sin embargo es probable que se tratase sólo de reflejos post-mortem.

6. Electrocución

Si hablamos de accidentes caseros, la muerte sobreviene en realidad por la detención del corazón que produce la descarga. Un estudio realizado en la ciudad canadiense de Montreal detectó que un 92% de las víctimas de electrocución en sus hogares morían por arritmia cardíaca, que provoca inconsciencia en menos de 10 segundos.

Un circuito de alto voltaje sin embargo provoca la inconsciencia instantánea. Bien lo sabían los prisioneros ejecutados en la silla eléctrica, quienes sufrían la detención inmediata de su corazón y cerebro, en lo que se consideró un avance por sobre las muertes por ahorcamiento.

Sin embargo los investigadores no se han puesto de acuerdo si el método era tan piadoso como se decía. En muchos casos, los prisioneros tuvieron que ser sometidos a varias descargas para acabar con sus vidas, e incluso algunos acabaron envueltos en llamas debido al calentamiento que producía la electricidad a través de sus cuerpos.

7. Caídas desde alturas

Usada por suicidas y homicidas -y también por accidente- caer desde grandes alturas es una de las formas más efectivas y rápidas de morir. Un estudio realizado en Hamburgo, Alemania, lo avala: 75% de las víctimas fallecen en los primeros segundos o minutos tras la caída.

Con velocidades que pueden alcanzar un máximo de 200 kilómetros por hora para alturas de 145 metros o más, la causa de la muerte dependerá del tipo de terreno donde se aterrice y de la forma en que la persona caiga.

Previsiblemente, las caídas más devastadoras suelen ser aquellas donde se aterriza de cabeza, comunes en las precipitaciones cortas (bajo 10 metros) o muy altas (sobre 25 metros). El análisis de 100 saltos suicidas desde el puente de San Francisco -a una altura de 75 metros y una velocidad de 120 km/h- reveló que la mayoría de las muertes se debieron a traumas como colapso pulmonar, explosión del corazón o daños múltiples provocados por costillas rotas.

Quienes han sobrevivido a una caída desde alturas cuentan que mientras caen sienten que el tiempo se hace más lento. Una reacción instintiva es tratar de aterrizar con los pies, lo que suele provocar fracturas en las piernas, en la parte inferior de la columna y en la pelvis, pese a lo cual hay mayores posibilidades de salvarse gracias a la protección de los órganos internos.

8. Ahorcamiento

Usada por suicidas y por verdugos, la muerte por ahorcamiento suele sobrevenir luego que la presión alrededor del cuello corta la provisión de sangre al cerebro, provocando inconsciencia en menos de 10 segundos.

Pese a ello, la horca dista mucho de ser una forma pacífica de irse de este mundo. En el mejor de los casos, el peso del cuerpo provocará que la soga quiebre el cuello entre la segunda y tercera vértebras. En el peor, un nudo mal hecho sofocará lenta y dolorosamente a las víctimas hasta por 15 minutos.

9. Inyección letal

Diseñada en 1977 como una alternativa humanitaria a la silla eléctrica, la inyección letal es un método de ejecución aplicado en EEUU que consiste en 3 fármacos administrados en forma sucesiva: pentotal como anestésico, seguido por una dosis de pancuronio como un paralizante del sistema respiratorio y finalmente, cloruro de potasio, que detiene el corazón de forma casi instantánea.

Técnicamente, el procedimiento debería proveer una muerte rápida y pacífica, sin embargo varios reportes de testigos han afirmado que en muchos casos, los condenados convulsionan o intentan levantarse cuando se les administran las últimas drogas.

Según el doctor Leonidas Koniaris de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami Miller, esto se debe a que por reglamento se utiliza la misma dosis de pentotal como anestésico, la que podría ser insuficiente en el caso de los prisioneros más robustos.

Koniaris afirma que las personas en esta ingrata situación tendrán una sensación de asfixia tras la parálisis de sus pulmones, así como un dolor similar a una quemadura derivado del cloruro de potasio. Esta razón está llevando a que la ejecución por inyección letal sea revisada por la Corte Suprema de EEUU.

10. Descompresión explosiva

Siendo un destino al que pocos estamos expuestos -salvo que seamos buzos, pilotos o astronautas- la muerte por descompresión conlleva un final digno de la ciencia ficción.

Esta ocurre cuando la presión del aire que nos rodea desciende repentinamente, provocando que los pulmones se expandan y rasgando los delicados tejidos que permiten el intercambio de gases.

Si la víctima no alcanzó a exhalar o intenta mantener el aliento antes de la descompresión, los daños sólo serán mayores. El oxígeno comienza a escapar de la sangre y de los pulmones, mientras el cuerpo empieza a hincharse debido a la evaporación del agua en los tejidos internos.

Finalmente, burbujas de vapor de agua inundarán el torrente sanguíneo impidiéndole a la sangre circular. Tras apenas un minuto, el sistema circulatorio se detendrá.

Supervivientes de accidente de descompresión que incluyen a pilotos y a un técnico de la NASA cuyo traje se despresurizó dentro de una cámara al vacío, indican que primero se siente un dolor en el pecho, como si hubieran sido golpeados. Luego perciben que el aire escapa de sus pulmones y que son incapaces de volver a inhalar. Por último, pierden la consciencia tras cerca de 15 segundos.

Pero pese a la gravedad del incidente, experimentos con animales en los años 60 demostraron que si la víctima vuelve a ser presurizada en menos de 90 segundos, tiene grandes posibilidades de sobrevivir sin daños permanentes.

Fuente:

Biobío Chile. Cl. Biobío Chile. Cl/2012.02.14: “¿Qué se siente al morir? La ciencia revela cómo se sienten 10 formas diferentes de fallecer”