martes, 29 de mayo de 2012

CANCER OSEO. PERCY ZAPATA MENDO.


Cáncer óseo
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INTRODUCCIÓN
Cáncer óseo o Cáncer de huesos, tumor maligno que afecta al sistema esquelético. Algunos casos de cáncer óseo están causados por tumores malignos cuya primera localización ocurre en el interior de los huesos o las articulaciones. Estos tumores se denominan tumores malignos primarios. Por el contrario, los tumores malignos metastásicos se originan en cualquier otra parte del cuerpo y con el tiempo invaden los huesos o articulaciones, generalmente a través del torrente sanguíneo o del sistema linfático.
Los tumores malignos primarios o sarcomas más representativos son el osteosarcoma que se origina en las células óseas, el condrosarcoma en las células cartilaginosas, el fibrohistiocitoma maligno y el fibrosarcoma en células de los elementos fibrosos de sostén, y el linfoma y sarcoma de Ewing en células de la médula ósea. Aunque cualquier hueso puede presentar cáncer, la mayoría se localiza en los huesos de alrededor de la rodilla. Los tumores malignos primarios más frecuentes son los osteosarcomas, con una incidencia ligeramente más alta en hombres que en mujeres.
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OSTEOSARCOMA: SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO
El síntoma clásico del osteosarcoma es el de una masa de crecimiento lento. Aunque no es doloroso al tacto, el propio tumor puede originar una molestia sorda que persiste durante la noche. Debido a su crecimiento lento, cuando se realiza el diagnóstico, el cáncer suele estar muy avanzado.
El diagnóstico se establece con diversos métodos. La exploración radiológica revela un cambio estructural cerca del extremo de un hueso y, con frecuencia, una formación anormal de hueso en el interior de la masa tumoral. La gammagrafía ósea, una técnica que analiza la captación por el hueso de material radiactivo inyectado por vía intravenosa, puede ser positiva, lo que indica la formación activa de hueso. Además, la tomografía computerizada demuestra un abombamiento de la capa exterior o corteza del hueso, junto a la presencia de una masa de partes blandas por fuera del hueso. Por último, la arteriografía, una exploración radiológica tras la inyección de contraste intravenoso para identificar las arterias afectadas, ayuda a delimitar la extensión del tumor. Es necesario realizar radiografías del tórax para detectar metástasis pulmonares porque el osteosarcoma acaba diseminándose a los pulmones a través del torrente sanguíneo.
La prueba diagnóstica fundamental es la biopsia, en la que se extirpa tejido para su análisis. Si existe un cáncer óseo, el análisis microscópico del tejido extirpado demuestra células anormales con formación de hueso no mineralizado.
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TRATAMIENTO
El programa terapéutico del cáncer óseo está basado por lo general en el conocimiento de que el 80% de los pacientes desarrolla tumores secundarios o metástasis en cualquier región del cuerpo en el momento del diagnóstico. Además, las metástasis que afectan al hueso producen dolor y provocan una debilidad estructural del hueso que puede causar fracturas. Por este motivo, el control general del tumor en el organismo es tan importante como el control local. Por lo general, la enfermedad metastásica ósea responde bien a la radioterapia. La mayoría de los hospitales especializados en cáncer emplean también quimioterapia como complemento de la cirugía local para destruir pequeñas metástasis por vía sanguínea. Los tumores localizados pueden erradicarse mediante amputación de la extremidad por encima del tumor o extirpando el tumor y parte del tejido vecino conservando la extremidad. La conservación de la extremidad es posible solo si se detecta el tumor antes de que haya invadido los nervios y vasos sanguíneos vecinos. 

CANCER COLORRECTAL. PERCY ZAPATA MENDO.


Cáncer colorrectal
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INTRODUCCIÓN
Cáncer colorrectal o Cáncer de colon y recto, tumor maligno del intestino grueso, parte inferior del tubo digestivo formada por el colon y el recto. Aunque el cáncer colorrectal puede originarse en cualquier segmento es más frecuente en el colon sigmoide, la zona más próxima al recto. El cáncer colorrectal es el tercer tipo más frecuente de cáncer, así como la tercera causa de mortalidad relacionada con esta patología.
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FACTORES DE RIESGO
El riesgo de cáncer colorrectal aumenta significativamente con la edad. Alrededor del 90% de todos los cánceres colorrectales se diagnostican hacia los 50 años. También se consideran factores de riesgo los antecedentes familiares de cáncer colorrectal, la presencia de pólipos (crecimiento anormal pero por lo general benigno) en el intestino grueso, o la enfermedad inflamatoria intestinal de larga evolución.
Se han relacionado con el cáncer de colón ciertas mutaciones de algunos genes. Por ejemplo, los genes MSH2, MLH1, PMS1 y PMS2 corrigen los pequeños errores que se producen cuando la célula se divide y crece. Las mutaciones de estos genes impiden llevar a cabo estas reparaciones y la acumulación de muchos errores interfiere con la capacidad de la célula para frenar la división y crecimiento descontrolados que caracterizan al cáncer.
Determinados estudios indican que algunas sustancias naturales y sintéticas pueden disminuir el riesgo de cáncer colorrectal. Diversas investigaciones han relacionado el consumo de algunos alimentos con este tipo de cáncer. Cuanto mayor es la cantidad de carnes rojas y grasas animales presentes en la dieta, mayor es el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Algunos trabajos señalan que las dietas ricas en fibra pueden reducir el riesgo de padecer esta enfermedad. Sin embargo, estos hallazgos son objeto de discusión desde que en el año 2000 se publicaran dos estudios, realizados en más de 3.500 individuos, en los que se demostraba que en aquellas personas con un riesgo elevado de padecer la enfermedad las dietas ricas en fibra no prevenían la aparición de pólipos que podrían degenerar en un cáncer colorrectal. Los médicos continúan recomendando la dieta pobre en grasas y rica en fibra como parte de un estilo de vida saludable que reduce el riesgo de padecer hipertensión arterial, enfermedades cardiacas o diabetes mellitus.
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SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO
El cáncer colorrectal suele desarrollarse lentamente y no manifestar ningún síntoma aparente en una fase temprana. Algunos individuos con cáncer colorrectal no diagnosticado pueden detectar la presencia de sangre en las heces. También pueden presentar diarrea o estreñimiento persistente, dolor abdominal o pérdida de peso injustificada.
Existen dos pruebas sencillas capaces de detectar la mayoría de los tumores colorrectales cuando aún se encuentran en una fase temprana, en la que se obtienen mejores resultados con el tratamiento. La primera prueba es el tacto rectal, en la que el médico utiliza un dedo enguantado para palpar con suavidad la superficie rectal interna. La otra prueba es la detección de sangre oculta en las heces, en la que se extiende una pequeña muestra de las heces del paciente sobre una placa recubierta con un reactivo, el guayacol, que reacciona con la sangre. La placa se analiza en el laboratorio en busca de sangre oculta. Un resultado positivo no indica necesariamente la presencia de un cáncer. Aunque la mayoría de los cánceres colorrectales sangran, también lo hacen otros trastornos benignos como las hemorroides.
Otra prueba es la sigmoidoscopia de fibra óptica, en la que se introduce, a través del ano, un tubo flexible en la zona inferior del tubo digestivo. Este tubo tiene luz, lo que permite al médico visualizar el interior del colon y el recto. Al mismo tiempo, se puede efectuar una biopsia (obtención de una muestra de tejido) con un instrumental especial para biopsia que está situado en el extremo terminal del sigmoidoscopio. El tejido se examina al microscopio en busca de células cancerosas. Sin embargo, dos grandes estudios publicados en julio del año 2000 advirtieron que con la sigmoidoscopia, la cual solo examina la zona inferior del colon, pueden pasar desapercibidas masas precancerosas que se desarrollan en la parte superior del colon. Los autores de estos estudios señalan que el empleo de la colonoscopia, una técnica de mayor alcance, puede ser un método más eficaz de detección de cáncer colorrectal. En la colonoscopia se utiliza un tubo flexible más largo que el sigmoidoscopio, lo que permite al médico visualizar todo el intestino grueso.
El diagnóstico temprano es el factor de supervivencia más importante en el cáncer colorrectal. Entre las pruebas de detección precoz para este tipo de cáncer y, dependiendo de las características y factores de riesgo de cada paciente, están el tacto rectal, las pruebas de sangre oculta en heces, la sigmoidoscopia, la colonoscopia y el enema de bario con doble contraste. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda realizar en las personas sin factores de riesgo que no presentan síntomas una prueba de sangre oculta en heces y una sigmoidoscopia cada tres o cinco años a partir de los 50 años.
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TRATAMIENTO
El tratamiento principal del cáncer colorrectal es la extirpación total del tumor mediante cirugía. La cirugía puede combinarse con radioterapia, quimioterapia o ambas. En la actualidad, el empleo de dosis altas de radioterapia y quimioterapia previas a la cirugía permite evitar una colostomía permanente, que antes hubiera sido necesaria en muchos pacientes. La colostomía es una técnica quirúrgica mediante la cual se crea una apertura artificial a través de la pared abdominal que comunica el colon sano con el exterior del cuerpo para poder eliminar las heces, que se recogen en una bolsa de plástico.
Si el cáncer se ha extendido fuera de la región colorrectal a los ganglios linfáticos o al hígado, la cirugía o la quimioterapia combinada con fármacos como fluorouracilo, leucovorina, irinotecán y oxaliplatino puede prolongar la vida de algunos pacientes.
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PRONÓSTICO
Según la Sociedad Americana del Cáncer, alrededor del 80% de las personas diagnosticadas de cáncer de colon siguen con vida un año después del diagnóstico y aproximadamente un 60% sobreviven a los cinco años. Si el diagnóstico se realiza cuando el cáncer está localizado, la tasa de supervivencia relativa a los cinco años es del 90%. Si el cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos o a los órganos adyacentes, la tasa es del 65%. Si hay metástasis en órganos distantes, la tasa de supervivencia es inferior al 8%.