CANCER OSEO. PERCY ZAPATA MENDO.


Cáncer óseo
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INTRODUCCIÓN
Cáncer óseo o Cáncer de huesos, tumor maligno que afecta al sistema esquelético. Algunos casos de cáncer óseo están causados por tumores malignos cuya primera localización ocurre en el interior de los huesos o las articulaciones. Estos tumores se denominan tumores malignos primarios. Por el contrario, los tumores malignos metastásicos se originan en cualquier otra parte del cuerpo y con el tiempo invaden los huesos o articulaciones, generalmente a través del torrente sanguíneo o del sistema linfático.
Los tumores malignos primarios o sarcomas más representativos son el osteosarcoma que se origina en las células óseas, el condrosarcoma en las células cartilaginosas, el fibrohistiocitoma maligno y el fibrosarcoma en células de los elementos fibrosos de sostén, y el linfoma y sarcoma de Ewing en células de la médula ósea. Aunque cualquier hueso puede presentar cáncer, la mayoría se localiza en los huesos de alrededor de la rodilla. Los tumores malignos primarios más frecuentes son los osteosarcomas, con una incidencia ligeramente más alta en hombres que en mujeres.
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OSTEOSARCOMA: SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO
El síntoma clásico del osteosarcoma es el de una masa de crecimiento lento. Aunque no es doloroso al tacto, el propio tumor puede originar una molestia sorda que persiste durante la noche. Debido a su crecimiento lento, cuando se realiza el diagnóstico, el cáncer suele estar muy avanzado.
El diagnóstico se establece con diversos métodos. La exploración radiológica revela un cambio estructural cerca del extremo de un hueso y, con frecuencia, una formación anormal de hueso en el interior de la masa tumoral. La gammagrafía ósea, una técnica que analiza la captación por el hueso de material radiactivo inyectado por vía intravenosa, puede ser positiva, lo que indica la formación activa de hueso. Además, la tomografía computerizada demuestra un abombamiento de la capa exterior o corteza del hueso, junto a la presencia de una masa de partes blandas por fuera del hueso. Por último, la arteriografía, una exploración radiológica tras la inyección de contraste intravenoso para identificar las arterias afectadas, ayuda a delimitar la extensión del tumor. Es necesario realizar radiografías del tórax para detectar metástasis pulmonares porque el osteosarcoma acaba diseminándose a los pulmones a través del torrente sanguíneo.
La prueba diagnóstica fundamental es la biopsia, en la que se extirpa tejido para su análisis. Si existe un cáncer óseo, el análisis microscópico del tejido extirpado demuestra células anormales con formación de hueso no mineralizado.
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TRATAMIENTO
El programa terapéutico del cáncer óseo está basado por lo general en el conocimiento de que el 80% de los pacientes desarrolla tumores secundarios o metástasis en cualquier región del cuerpo en el momento del diagnóstico. Además, las metástasis que afectan al hueso producen dolor y provocan una debilidad estructural del hueso que puede causar fracturas. Por este motivo, el control general del tumor en el organismo es tan importante como el control local. Por lo general, la enfermedad metastásica ósea responde bien a la radioterapia. La mayoría de los hospitales especializados en cáncer emplean también quimioterapia como complemento de la cirugía local para destruir pequeñas metástasis por vía sanguínea. Los tumores localizados pueden erradicarse mediante amputación de la extremidad por encima del tumor o extirpando el tumor y parte del tejido vecino conservando la extremidad. La conservación de la extremidad es posible solo si se detecta el tumor antes de que haya invadido los nervios y vasos sanguíneos vecinos. 

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