viernes, 16 de abril de 2010

CANCER GINECOLOGICO. PERCY ZAPATA MENDO.

CANCER GINECOLOGICO
La única forma de contro­lar el cáncer es detectar­lo  en las primeras fa­ses de su desarrollo. En este sentido, los cánce­res propios de las mujeres -de mama, de útero, de ova­rio y de vagina- son relativa­mente fáciles de detectar me­diante revisiones médicas periódicas.
Por otro lado, los cánceres señalados suponen el 50% de la mortalidad femenina por cáncer, y el de mama en particular es la principal cau­sa de muerte entre las muje­res con edades comprendi­das entre los 40 y 45 años.
Actualmente está descen­diendo en todos los países industrializados -excepto en el nuestro- gracias a las cam­pañas de detección precoz. En España, la incidencia del cáncer de cuello de útero es muy baja -cinco por cada 100.000 mujeres- y produce la muerte de uno de cada cin­co casos entre las mujeres mayores de 70 años, debido, probablemente, a que estas personas se preocupan bas­tante menos de la detección precoz. Esta mortalidad ha aumentado un 150 por cien­to en los últimos 20 años.
Importancia creciente
El cáncer de endometrio -cuerpo del útero- empieza a ser más importante que el de cérvix -cuello del útero- en todos los países industrializa­dos, con una mortalidad de dos por cada 100.000 mujeres, de las cuales tan sólo un 30% sobrevive a los cinco años.
La American Cáncer Association Asociación America­na para el Cáncer recomien­da acudir al médico siempre que se note uno o varios de los siguientes síntomas: un bulto doloroso en el pecho, una hemorragia vaginal anó­mala o una herida -o úlcera-en la vulva que tarde en cu­rarse más de lo normal. Si es­tos síntomas se abordan a tiempo, en el caso de que fueran manifestaciones de algo grave, es posible contro­lar el curso de la enfermedad.
Tipos de cáncer
De mama. Al ser éste el tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres, es el que más puede beneficiarse de las ventajas del diagnóstico precoz, lo que queda demostrado   por     la   drástica disminución que ha experimentado en todos los países que han aplicado medidas al respecto.
Los factores de riesgo fun­damentales son cuatro: la edad, la existencia de antece­dentes familiares de la enfer­medad, el no haber tenido hijos y un elevado consumo de grasa. La presencia de lesiones benignas de mama no predispone, en princi­pio, a padecer cáncer, pero siempre ha de ser valorada por el especialista. Además, si se ha tenido un tumor en alguno de los pechos, resulta imprescindible acudir pun­tualmente a las revisiones periódicas, puesto que po­dría desarrollarse en algún momento en la otra mama.
De Cuello de Útero. Aun­que las neoplasias de cuello uterino aumentan a tenor de la mayor permisividad sexual, la mortalidad está disminuyendo en todos los países desarrollados por la precocidad de la cirugía aplicada tras el consiguiente diagnóstico citológico. El cán­cer de cérvix está ligado a las relaciones sexuales promis­cuas, las infecciones locales -particularmente los virus-, los anticonceptivos hormonales y el tabaquismo. La  realización de una citología cérvico-vaginal anual a todas las mujeres desde que comienza su ac­tividad sexual es la recomendación más importante, que debería rea­lizarse incluso en el caso de que no se manten­gan relaciones sexuales. Esta práctica puede suspenderse a partir de los 60 años si las pruebas fueran sistemática­mente negativas. Después de los 60 años aún están a tiem­po de acudir al ginecólogo las mujeres que no lo hubie­ran hecho antes con regulari­dad. Sea como sea, conviene someterse a las pruebas citológicas una vez al año.
El estudio citológico con­siste en tomar una muestra de las células que re­cubren el cuello del útero. Para ello, se in­troduce en la vagina un peque­ño instrumento llama­do "espéculo" que per­mite observar el cue­llo del útero. Después se "raspa" un poco de mucosa para analizar si existen o no ano­malías celulares. Hay que recordar que, aunque mo­lesto, este procedi­miento es total­mente indoloro.
El cáncer de cuello uterino está relacionado con la alta frecuencia de las relaciones sexuales -de hecho es una enfermedad que apenas afecta a las monjas-, y su mayor incidencia se da en mujeres que han man­tenido relaciones sexuales desde muy jóvenes.
De endometrio. ei endometrio es el revestimiento del útero o matriz. El aumen­to de este tipo de cáncer em­pieza a ser preocupante, de manera especial en los paí­ses industrializados. Enfer­medad ligada a la edad, en la génesis del cáncer de endometrio juega un papel impor­tante la obesidad y la meno­pausia tardía.
Ante la más mínima sos­pecha, es preciso realizar una biopsia de endometrio, sobre todo en el caso de las mujeres que, en períodos pre menopáusicos o post menopáusicos, continúen san­grando o padezcan una he­morragia repentina.
De Ovario. El cinco por ciento de los cánceres feme­ninos son de ovario. Es el cáncer de peor pronóstico dentro de los tumores malig­nos genitales y su incidencia aumenta con la edad y dismi­nuye a medida que se tienen hijos. En estos cánceres, la utilización de contraceptivos orales no es contraproducen­te. Dada la reducida frecuencia del cáncer de ovario,     todavía no se dispone de métodos muy fiables para detectarlo precozmente.
De Vulva. Represen­ta entre el tres y el diez por ciento de los cán­ceres genitales y se da fundamentalmente en mujeres mayores, post menopáusicas. Por desgracia, a pesar de ser un tumor fácilmente diag­nosticable, sólo se hace pre­cozmente en el 25 por cien­to de los casos. Los facto­res de riesgo son muy parecidos a los del cáncer de cuello uterino básicamente una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Los virus del condiloma y del herpes constituyen el principal factor de riesgo, que se multiplica con el con­sumo de tabaco. En pacien­tes inmuno deprimidas, y de manera especial en mujeres a las que les ha sido trasplan­tado un riñón, aumenta la in­cidencia de cáncer de vulva sin una explicación clara.
La revisión minuciosa de la zona incluyendo el periné y el ano de las mujeres que consultan por padecer pico­res fuertes el principal sínto­ma o enfermedades de transmisión sexual y de las mujeres post menopáusicas es la base de su diagnóstico y tratamiento precoces.
FACTORES QUE INFLUYEN EN EL CANCER GINECOLOGICO
·         Edad
·         Promiscuidad sexual
·         Infecciones locales
·         Tomar anticonceptivos hormonales
·         Haber tenido muchos partos
·         Fumar
·         Alimentación rica en grasa
·         Obesidad
·         Familiares afectados (cáncer de mama).
TIPOS DE EXPLORACION
La autoexploración ha dejado de ser el método básico para la detección precoz del cáncer de mama, y ahora se valora más la exploración clínica realizada por personal especializado. La mamografía es el mejor método para detectar los cánceres de mama antes de que sea posible palparlos. Las mujeres mayores de 40 años deben realizarse esta prueba una vez al año, y las mayores de 50, cada uno o dos, sin interrumpir los chequeos hasta los 80 – 85 años. Las mamografías que den resultados positivos -los que hacen sospechar la existencia de un tumor- han de completarse con la realización de una biopsia por punción y aspiración. Además, está comprobado que la tasa de curaciones es mucho más alta si se aplican estas técnicas diagnósticas.        

Referencia: Dr. Javier Yuste Grijalba, Jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Ramón y Cajal.  

CAIDAS EN EL ANCIANO. PERCY ZAPATA MENDO.

CAIDAS EN EL ANCIANO
Las caídas constituyen un fenómeno habitual en las personas mayo­res. Son la principal causa de accidentes y representan para este grupo de población la causa más destacable de mortali­dad, debido a las lesiones que se producen. Alrededor de un tercio de los ancianos que tienen más de 65 años sufren una caída al menos una vez al año; y la mitad de ellos, en más de una oca­sión. Por otro lado, el ancia­no que ha sufrido una vez un accidente de este tipo, multi­plica por veinte sus posibili­dades de volver a caerse.
La morbilidad derivada de las caídas es muy importan­te. Son la causa más común de dolor, más o menos inten­so y prolongado, que muchas veces es difícil controlar. Las fracturas de cadera y muñe­ca, así como los traumatis­mos craneoencefálicos, son las lesiones más habituales. Se estima que cerca de un uno por ciento de las caídas en el anciano conllevan una fractura de cadera; un cinco por ciento son responsables de las fracturas en otras zonas del cuerpo, y un otro cinco por ciento provoca daños graves en diver­sos tejidos. Las frac­turas de cadera, por su parte, representan una tercera parte de las hospitalizaciones que tienen lugar por encima de los 65 años de edad.
Golpe psíquico
Además del daño físico, las caídas son el ori­gen de im­portantes problemas psicológicos en el anciano que las sufre. La pérdida de la propia estima, el miedo a caerse de nuevo y, consecuentemente, la tendencia a la inmovilidad son algunos ejemplos de ello. A todo esto hay que añadir la sobreprotección con la que familiares y cuidadores "cas­tigan" al anciano que se ha caído alguna vez.
Aunque no exista fractura ni contusión, una caída banal no se debe dejar en el olvido, porque a largo plazo puede transformarse en grave por sus consecuencias negativas en la vida del anciano.
Prevenir las caídas
Como en tantas otras pa­tologías, también en las caí­das se puede adoptar medidas preventivas. El punto de partida para ello es asumir que la indiferencia y el miedo son malos consejeros. Caídas tienen sus propios factores de riesgo. Si se identifican y se actúa sobre ellos de una manera personalizada
Se establecer unas pautas de prevención podemos considerar aquí en primer lugar, los factores medioambientales. Aproximadamente dos terceras partes estos accidentes tienen lugar en el propio domicilio; y el 95 por ciento de ellos se producen mientras se realizan actividades coti­dianas. Suelos resbaladizos o irregulares, objetos que obstaculizan el paso o están mal colocados -felpudos, al­fombras, cables, juguetes, et­cétera-, el movimiento in­controlado de los animales domésticos o el de los niños pequeños ilustran suficiente­mente este punto.
El cuarto de baño y el dor­mitorio son dos de los luga­res más propicios para que se produzca la caída. El suelo húmedo, la falta de defensas antideslizantes en la bañera o la de asideros adecuados constituyen auténticas tram­pas para los ancianos. Por otro lado, el hecho de que muchos ancianos cambien constantemente de residen­cia -de la casa de un hijo a la de otro- representa un reto para la capacidad de orienta­ción nocturna del anciano, que se encuentra con camas de diferentes alturas y mesitas de noche colocadas en distintos lados.
Por otra parte, las escale­ras son el escenario del diez por ciento de las caídas -el mal estado de barandillas y escalones, la mala ilumina­ción, etcétera-.
En el exterior, el mayor peligro viene dado, por lo ge­neral, por el mal estado del pavimento, como conse­cuencia de la gravilla, la arena y otros posibles elementos deslizantes.

Otros factores de ries­go son los que se derivan de los cambios asociados al proceso de envejeci­miento, así como de las enfermedades crónicas o agudas del anciano.
En relación con la vista, por ejemplo, la edad conlle­va una pérdida de la agudeza visual, así como una peor ca­pacidad de adaptación a los cambios bruscos de ilumina­ción. Consideraciones simila­res puede hacerse en rela­ción con la pérdida de la agu­deza auditiva, del sentido del equilibrio o de la marcha. En cualquier caso, conviene sa­ber que las prótesis visuales o auditivas, así como el en­trenamiento y la reeduca­ción, pueden reducir muchas de estas deficiencias y con­trarrestar, al menos en parte, el factor de riesgo.
Todos los obstáculos e in­convenientes que hemos descrito anteriormente como causantes de las caídas se pueden paliar con la práctica algunas actividades físicas tendentes a mejorar el con­trol postural y con uso de ciertos instrumentos que ayuden al anciano a andar -bastón ordinario, trípode, deambulador y le proporcio­nen la autonomía necesaria.
No hay espacio para anali­zar en detalle las diferentes enfermedades que favorecen las caídas, pero sí es posible establecer medidas preventi­vas o correctoras eficaces.
Cualquier episodio agudo -infección urinaria, neumonía, deshidratación, arritmias- es un factor de riesgo adicional.
Quizás uno de los puntos más importantes, con frecuencia olvidada, sea el refe­rido al papel que juegan los fármacos en este problema.
Los ancianos suelen to­mar excesivos medicamen­tos, muchas veces auto prescritos, y está demostrado que existe una relación directa entre su consumo y la ten­dencia a caerse, sobre todo en lo que respecta a los fár­macos utilizados para conci­liar el sueño -hipnóticos, barbitúricos o sedantes-. Mu­chos de éstos tienen una ac­ción tan prolongada que atenúan el estado de alerta también durante el día. Los anti hipertensivos están direc­tamente implicados en la in­cidencia de caídas por produ­cir hipotensión postural o  disminución del flujo sanguíneo cerebral.
Por otro lado, es frecuen­te que el anciano se auto administre fármacos de ventas libres o suministradas por el entorno. La confusión en­tre los distintos medicamen­tos y el incumplimiento te­rapéutico son factores que propician reacciones adver­sas que inciden en el riesgo de caídas.
MEDIDAS PREVENTIVAS
Ambiente general
·         Proporcionar iluminación amplia en todas las zonas   
·         Reducir el peligro de deslumbramiento mediante una iluminación uniforme
·         Instalar los interruptores de modo que sean accesibles, entrar en la habitación
·         Las superficies del suelo no deben estar húmedas ni exce­sivamente enceradas
·         Deben evitarse las alfombras demasiado gruesas o los fel­pudos sin fijaciones autoadhesivas
Cocina de baño
·         Colocar los utensilios más usados a la altura de la cintura e instalar los estantes y armarios a alturas accesibles
·         Instalar esteras de goma en el suelo próximo al fregadero
Cuarto de baño
·         Poner bandas antideslizantes o una estera de goma
·         Colocar un asidero portátil a cada lado de la bañera
·         Utilizar una taza de retrete alta
Escaleras
·         Instalar pasamanos y fijarlos bien a ambos lados de la escalera
·         Colocar rellanos intermedios en la escalera                                                
·         Deben existir luces adecuadas al inicio y al final de la escalera

Referencia: Dra. Monserrat Lázaro, Servicio de Geriatría Hospital Universitario San Carlos, Madrid.