CAIDAS EN EL ANCIANO. PERCY ZAPATA MENDO.

CAIDAS EN EL ANCIANO
Las caídas constituyen un fenómeno habitual en las personas mayo­res. Son la principal causa de accidentes y representan para este grupo de población la causa más destacable de mortali­dad, debido a las lesiones que se producen. Alrededor de un tercio de los ancianos que tienen más de 65 años sufren una caída al menos una vez al año; y la mitad de ellos, en más de una oca­sión. Por otro lado, el ancia­no que ha sufrido una vez un accidente de este tipo, multi­plica por veinte sus posibili­dades de volver a caerse.
La morbilidad derivada de las caídas es muy importan­te. Son la causa más común de dolor, más o menos inten­so y prolongado, que muchas veces es difícil controlar. Las fracturas de cadera y muñe­ca, así como los traumatis­mos craneoencefálicos, son las lesiones más habituales. Se estima que cerca de un uno por ciento de las caídas en el anciano conllevan una fractura de cadera; un cinco por ciento son responsables de las fracturas en otras zonas del cuerpo, y un otro cinco por ciento provoca daños graves en diver­sos tejidos. Las frac­turas de cadera, por su parte, representan una tercera parte de las hospitalizaciones que tienen lugar por encima de los 65 años de edad.
Golpe psíquico
Además del daño físico, las caídas son el ori­gen de im­portantes problemas psicológicos en el anciano que las sufre. La pérdida de la propia estima, el miedo a caerse de nuevo y, consecuentemente, la tendencia a la inmovilidad son algunos ejemplos de ello. A todo esto hay que añadir la sobreprotección con la que familiares y cuidadores "cas­tigan" al anciano que se ha caído alguna vez.
Aunque no exista fractura ni contusión, una caída banal no se debe dejar en el olvido, porque a largo plazo puede transformarse en grave por sus consecuencias negativas en la vida del anciano.
Prevenir las caídas
Como en tantas otras pa­tologías, también en las caí­das se puede adoptar medidas preventivas. El punto de partida para ello es asumir que la indiferencia y el miedo son malos consejeros. Caídas tienen sus propios factores de riesgo. Si se identifican y se actúa sobre ellos de una manera personalizada
Se establecer unas pautas de prevención podemos considerar aquí en primer lugar, los factores medioambientales. Aproximadamente dos terceras partes estos accidentes tienen lugar en el propio domicilio; y el 95 por ciento de ellos se producen mientras se realizan actividades coti­dianas. Suelos resbaladizos o irregulares, objetos que obstaculizan el paso o están mal colocados -felpudos, al­fombras, cables, juguetes, et­cétera-, el movimiento in­controlado de los animales domésticos o el de los niños pequeños ilustran suficiente­mente este punto.
El cuarto de baño y el dor­mitorio son dos de los luga­res más propicios para que se produzca la caída. El suelo húmedo, la falta de defensas antideslizantes en la bañera o la de asideros adecuados constituyen auténticas tram­pas para los ancianos. Por otro lado, el hecho de que muchos ancianos cambien constantemente de residen­cia -de la casa de un hijo a la de otro- representa un reto para la capacidad de orienta­ción nocturna del anciano, que se encuentra con camas de diferentes alturas y mesitas de noche colocadas en distintos lados.
Por otra parte, las escale­ras son el escenario del diez por ciento de las caídas -el mal estado de barandillas y escalones, la mala ilumina­ción, etcétera-.
En el exterior, el mayor peligro viene dado, por lo ge­neral, por el mal estado del pavimento, como conse­cuencia de la gravilla, la arena y otros posibles elementos deslizantes.

Otros factores de ries­go son los que se derivan de los cambios asociados al proceso de envejeci­miento, así como de las enfermedades crónicas o agudas del anciano.
En relación con la vista, por ejemplo, la edad conlle­va una pérdida de la agudeza visual, así como una peor ca­pacidad de adaptación a los cambios bruscos de ilumina­ción. Consideraciones simila­res puede hacerse en rela­ción con la pérdida de la agu­deza auditiva, del sentido del equilibrio o de la marcha. En cualquier caso, conviene sa­ber que las prótesis visuales o auditivas, así como el en­trenamiento y la reeduca­ción, pueden reducir muchas de estas deficiencias y con­trarrestar, al menos en parte, el factor de riesgo.
Todos los obstáculos e in­convenientes que hemos descrito anteriormente como causantes de las caídas se pueden paliar con la práctica algunas actividades físicas tendentes a mejorar el con­trol postural y con uso de ciertos instrumentos que ayuden al anciano a andar -bastón ordinario, trípode, deambulador y le proporcio­nen la autonomía necesaria.
No hay espacio para anali­zar en detalle las diferentes enfermedades que favorecen las caídas, pero sí es posible establecer medidas preventi­vas o correctoras eficaces.
Cualquier episodio agudo -infección urinaria, neumonía, deshidratación, arritmias- es un factor de riesgo adicional.
Quizás uno de los puntos más importantes, con frecuencia olvidada, sea el refe­rido al papel que juegan los fármacos en este problema.
Los ancianos suelen to­mar excesivos medicamen­tos, muchas veces auto prescritos, y está demostrado que existe una relación directa entre su consumo y la ten­dencia a caerse, sobre todo en lo que respecta a los fár­macos utilizados para conci­liar el sueño -hipnóticos, barbitúricos o sedantes-. Mu­chos de éstos tienen una ac­ción tan prolongada que atenúan el estado de alerta también durante el día. Los anti hipertensivos están direc­tamente implicados en la in­cidencia de caídas por produ­cir hipotensión postural o  disminución del flujo sanguíneo cerebral.
Por otro lado, es frecuen­te que el anciano se auto administre fármacos de ventas libres o suministradas por el entorno. La confusión en­tre los distintos medicamen­tos y el incumplimiento te­rapéutico son factores que propician reacciones adver­sas que inciden en el riesgo de caídas.
MEDIDAS PREVENTIVAS
Ambiente general
·         Proporcionar iluminación amplia en todas las zonas   
·         Reducir el peligro de deslumbramiento mediante una iluminación uniforme
·         Instalar los interruptores de modo que sean accesibles, entrar en la habitación
·         Las superficies del suelo no deben estar húmedas ni exce­sivamente enceradas
·         Deben evitarse las alfombras demasiado gruesas o los fel­pudos sin fijaciones autoadhesivas
Cocina de baño
·         Colocar los utensilios más usados a la altura de la cintura e instalar los estantes y armarios a alturas accesibles
·         Instalar esteras de goma en el suelo próximo al fregadero
Cuarto de baño
·         Poner bandas antideslizantes o una estera de goma
·         Colocar un asidero portátil a cada lado de la bañera
·         Utilizar una taza de retrete alta
Escaleras
·         Instalar pasamanos y fijarlos bien a ambos lados de la escalera
·         Colocar rellanos intermedios en la escalera                                                
·         Deben existir luces adecuadas al inicio y al final de la escalera

Referencia: Dra. Monserrat Lázaro, Servicio de Geriatría Hospital Universitario San Carlos, Madrid. 

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