domingo, 27 de mayo de 2012

CÁNCER DE CERVIX. PERCY ZAPATA MENDO.


Cáncer de cérvix
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INTRODUCCIÓN
Cáncer de cérvix o Cáncer de cuello uterino, tumor maligno del cérvix o cuello del útero, apertura estrecha del extremo inferior del útero de la mujer que se comunica con la vagina. El cáncer de cérvix supone el 6% de todos los cánceres que padecen las mujeres y suele afectar a mujeres entre los 40 y 55 años de edad.
Un crecimiento anormalmente rápido de células en el epitelio cervical, la capa celular más externa, indica una lesión precancerosa. Este proceso habitualmente se corrige y el tejido recupera su estado normal. Pero, en algunos casos, las células cancerosas invaden la mayoría o la totalidad del epitelio originando un carcinoma in situ. Si las células cancerosas penetran en las capas más profundas del cuello uterino y son capaces de extenderse a otros tejidos y órganos del cuerpo hablamos de carcinoma cervical invasor. La frecuencia de carcinoma cervical invasor ha descendido en las últimas décadas, aun cuando la incidencia de carcinoma in situ ha aumentado. La detección precoz y los avances obtenidos en el tratamiento son responsables en gran parte de ese cambio. El aumento del número de histerectomías (extirpaciones del útero y del cuello uterino) realizadas en mujeres mayores puede ser otro factor que ha favorecido este descenso.
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FACTORES DE RIESGO
El cáncer de cuello uterino se ha comparado con las enfermedades de transmisión sexual (ETS) debido a que está estrechamente relacionado con ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), que se transmiten por contacto sexual. Hasta un 97% de las mujeres con cáncer de cérvix están infectadas con VPH. Los estudios indican que las mujeres que comienzan precozmente a tener relaciones sexuales, las que tienen numerosas parejas sexuales o aquellas cuyo compañero sexual tiene múltiples parejas sexuales, tienen un riesgo especial. En un estudio se encontró que el riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino es de 5 a 11 veces mayor en las mujeres cuya pareja sexual tiene numerosas parejas sexuales o frecuenta la prostitución.
Por lo general, el sistema inmunológico del organismo lucha contra el VPH con éxito y el tejido regresa a su estado normal entre los 6 y los 18 meses tras la infección. Una nueva exposición al VPH supone una nueva infección, de modo que cuanto mayor sea el número de exposiciones, mayor es el riesgo de padecer cáncer. El uso de preservativos en las relaciones sexuales disminuye el riesgo de contagio del VPH.
Algunas mujeres pueden tener cierta predisposición genética a padecer un cáncer de cérvix. En 1999 un estudio revisó a 127.000 familiares de 75.000 mujeres con cáncer de cuello uterino. Se detectó un riesgo mayor de padecer este tipo de cáncer entre las mujeres pertenecientes a la familia de las pacientes. El estudio también señaló que dichas mujeres están en riesgo de padecer cáncer de cérvix a edades más tempranas si su madre o una hermana han tenido la enfermedad.
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SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO
En las primeras fases de evolución, la presencia de cáncer de cérvix puede no producir ningún síntoma. Conforme progresa el cáncer, la mujer puede tener una secreción vaginal acuosa y un sangrado indoloro. Con el tiempo el sangrado se hace más frecuente y más abundante y la mujer puede referir dolor en la parte baja del abdomen o en la zona lumbar.
La mejor técnica para diagnosticar el cáncer de cuello uterino es el frotis de Papanicolau, que recibe este nombre de su descubridor George N. Papanicolau. En esta sencilla prueba, se obtienen células del epitelio cervical con una torunda de algodón o una espátula especial de madera, que se examinan al microscopio en busca de lesiones celulares precancerosas o signos de malignidad.
Si el frotis de Papanicolau revela anomalías del epitelio, se recomienda realizar una biopsia cervical bajo control colposcópico (colposcopia). En esta técnica, que puede llevarse a cabo de forma ambulatoria, se utiliza un instrumento parecido a un microscopio, llamado colposcopio, que facilita al médico una visión ampliada de la vagina y de la superficie cervical. Si se detecta cualquier tejido anómalo o sospechoso se obtienen muestras para su análisis (biopsias) utilizando unas pequeñas pinzas. Si al examinar las muestras al microscopio estas revelan la presencia de lesiones cancerosas o precancerosas, se realiza bajo anestesia general una biopsia más extensa, llamada biopsia cónica (conización), para establecer un diagnóstico definitivo.
En la mayoría de las mujeres se recomienda realizar un frotis de Papanicolau anual poco después de iniciar la etapa de actividad sexual. En las mujeres con frotis consecutivos normales en las que además el riesgo de cáncer de cuello uterino es menor, como es el caso de aquellas que no tienen actividad sexual o en las que se ha efectuado una histerectomía, el médico puede decidir realizar frotis de Papanicolau cada dos o tres años.
Desafortunadamente, un número significativo de mujeres, en especial aquellas que pertenecen a grupos socioeconómicos desfavorecidos o cuya edad supera los 60 años, no se realizan frotis de Papanicolau de forma regular. En un estudio se señaló que de 481 mujeres diagnosticadas de cáncer de cuello uterino avanzado, más del 28% nunca se habían realizado un frotis de Papanicolau, casi un 33% no se había realizado ninguno durante al menos los cinco años previos al diagnóstico y un 15% no regresó para hacer un seguimiento después de un frotis anómalo o no concluyente.
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TRATAMIENTO
Puede utilizarse la cirugía para extirpar el tejido en el que se han hallado lesiones precancerosas y carcinomas in situ. También se puede emplear la crioterapia, en la que se utiliza frío extremo para destruir los tejidos, y la electrocoagulación, en la que se emplea calor. Para tratar el carcinoma de cuello uterino invasor se utiliza cirugía, radioterapia, quimioterapia (fármacos anticancerosos) de forma aislada o combinados. El tratamiento de elección depende del tamaño del tumor y de la fase de evolución en la que se encuentre. Hasta hace poco tiempo, los médicos trataban el cáncer de cuello uterino avanzado solo con radioterapia. Sin embargo, en 1999 cinco nuevos estudios comprobaron que la combinación de radioterapia y el fármaco cisplatino mejoraba la posibilidad de supervivencia hasta en un 50%.
Por lo general, dos años después del tratamiento inicial, alrededor de un tercio de las mujeres que tienen un carcinoma de cérvix invasor pueden sufrir una recidiva de la enfermedad. Por lo tanto, es importante que aquellas mujeres que han padecido cáncer de cuello uterino sean controladas a intervalos frecuentes.
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PRONÓSTICO
Según la Sociedad Americana del Cáncer, alrededor del 90% de las mujeres diagnosticadas de carcinoma de cuello uterino invasor sobreviven al menos un año después del diagnóstico. La tasa de supervivencia a los cinco años del diagnóstico es del 70 por ciento. Las mujeres diagnosticadas de carcinoma de cérvix in situ tienen una supervivencia a los cinco años del diagnóstico de aproximadamente un 90 por ciento. Sin embargo, solo la mitad de todos los cánceres de cuello se descubren en esta fase de evolución. En general, las tasas de supervivencia son significativamente inferiores en mujeres con una situación socioeconómica desfavorable, seguramente porque la probabilidad de que accedan a una atención sanitaria o a programas de diagnóstico precoz que permitan detectar el cáncer de cuello uterino en sus primeras fases de evolución es menor.