martes, 28 de junio de 2016

¿LA ARTROSIS TIENE CURA?

¿LA ARTROSIS TIENE CURA?
(Absolviendo inquietudes del Inbox)


Permítanme describir de manera sencilla lo que es la artrosis: los huesos que componen una articulación (como las rodillas o la cadera) se recubren de un cartílago que sirve de protección y de almohadillado. Cuando este cartílago se destruye, los huesos entran en contacto entre sí y la continua fricción de hueso contra hueso provoca un desgaste, degeneración y deformidad de los mismos que se llama Artrosis. Este mecanismo de generación hace que la artrosis no se pueda curar y sólo sea factible tratar de evitar su progresión y de resolver de forma puntual el problema en las articulaciones más afectadas.

Actualmente no existen fármacos o terapias que impidan su progresión. De esta manera, los medicamentos empleados para el tratamiento de la artrosis son aquellos que alivien el dolor y la inflamación, y algunos que retrasan o enlentecen la degeneración de los cartílagos:

Para pacientes con artrosis se utilizan los más habituales, como son el paracetamol, el ibuprofeno, el dexketoprofeno y el metamizol. Deben ser tomados diariamente y en varias tomas, necesitando complementar con otros o incrementar su dosis cuando irrumpa una crisis de dolor o inflamación. Como su uso prolongado puede conllevar problemas digestivos y renales, se recomienda tomarlos siempre bajo control médico y vigilando los posibles efectos adversos.

Algunos analgésicos más potentes, como los opiáceos menores, contribuyen al alivio del dolor sin efecto antiinflamatorio. A esta familia pertenecen la codeína y el tramadol. Y con menor efecto irritante para el estómago se aprobaron para este uso los inhibidores de la COX-2, como el celecoxib y etoricoxib. Ofrecen un buen control del dolor a expensas de un menor efecto nocivo.

El uso de corticoides queda reservado sobre todo para pacientes que no puedan tomar antiinflamatorios comunes, o para infiltrar las articulaciones dolorosas en situaciones muy concretas. Algunas infiltraciones se llevan a cabo con ácido hialurónico, cuyo inicio de acción es más lento que los corticoides, pero más duradero.

En situaciones avanzadas y con escasa respuesta al tratamiento previamente expuesto se recurre a opioides mayores y sus análogos, que pueden incluso administrarse en parches.

Como complemento a estos fármacos para tratar la artrosis, existen situaciones en las que el médico o el reumatólogo pueden recomendar la aplicación tópica de sustancias como la capsaicina, que disminuye la transmisión local del dolor, sobre articulaciones doloridas pequeñas, pero cuya aplicación es muy irritante.

Se utilizan el condroitín sulfato y el sulfato de glucosamina, evitando el desgaste precoz de las articulaciones y contribuyendo en alguna medida a una menor necesidad de consumir analgésicos.

En situaciones avanzadas se requiere de la sustitución de la articulación dañada y degenerada por prótesis en las articulaciones mayores, como la rodilla y la cadera. En algunos casos se puede necesitar una operación para corregir luxaciones que estén provocando un dolor incontrolable.


La presencia de obesidad o las articulaciones modificadas o inestables son factores que implican un peor pronóstico en cuanto a necesidad de mayor analgesia, una peor calidad de vida y en ocasiones necesidad de tratamiento quirúrgico con lo que ello conlleva.