A MI TÍA FLORENCIA, CON TODO EL AMOR QUE ME INSPIRA. PERCY ZAPATA MENDO.

A MI TÍA FLORENCIA, CON TODO EL AMOR QUE ME INSPIRA.
Abril del 2012

Recuerdo que siendo un infante esperaba con anhelo tu venida querida tía. Y la esperaba con regocijo y ansias dado que  marcaba un hito en mi melancólica e introvertida vida. Tu llegada estaba marcada por las tardes de lectura de un viejo breviario que traías contigo donde me enseñabas a ser un católico sin medias tintas….o era o no era católico, así de simple.  Y las noches se convertían en toda una revelación para mi mente que tapiaba los vacíos de tus historias verbales con mis elucubraciones infantiles…
Por ti me llegué a enterar de mi antepasado viril y rebelde. Por ti llegué a aprender el Credo Aprista. Por ti llegué a sopesar que nada vale más que la dignidad impoluta de una persona. Que la vida no es vida si uno no defiende sus valores y principios. Que un hombre arrodillado o con la cerviz  doblegada no es sino la mitad de un hombre.
Por ti llegue a aprender cánticos guerreros ahora extintos que estimulaban a marchar sin mirar atrás.
Por ti llegue a aspirar repetir las hazañas de aquel que hidalgamente yace en una fosa común en Chan Chan junto a otros cinco mil de sus compañeros, yertos los cuerpos pero juntos en una comunión ideológica rubricada en el último aliento de su vida con el brazo izquierdo en alto y con la palma de la mano ahuecada imitando una “C” de compañero.
Tú fuiste quien me inició en acciones arcanas que en la actualidad pocos saben y que está condenada a desparecer con mi existencia.
Fuiste tú quien me enseño a querer a cantantes de vida polémica para aquella época, de una sociedad tan pacata y llena de perjuicios y que ahora en un desbande de liberalismo moral abraza en su seno actos escandalosos e impúdicos, que, de no hacerlo así, sería perseguida por el sambenito de las “fobias” y la “discriminación”. Las canciones de Raphael calaron hondamente en mi memoria y corazón de niño, y desde esos años me están  acompañando como una banda sonora en los distintos pasajes de la película de mi vida.
Fuiste tú quien me enseñó a querer esos valses limeños, sosos a mis oídos en aquel entonces, apreciado ahora con la experiencia que la edad nos da.
Fuiste tú quien me tejió esa tortuga de lana multicolor, donde cada segmento de su variopinta caparazón emulaba las siete carnes que se supone sabe la carne de un quelonio.
Fuiste tú igualmente quien se preocupaba por estimular mi afición al dibujo, y cuyos garabatos llevabas muy ufana a pegar en los murales del Partido Aprista de Lima, y que en una ocasión mereció el elogio de una leyenda del partido de la época de las catacumbas, fue el brillo de tus ojos y el orgullo con que mostraste mis trazos lo que le indujo al cartujo Jorge Idiáquez expresar casi telegráficamente unas palabras de aprobación.
Fuiste tú quien me ponía la “Silla del Presidente” a la cabecera de la mesa del comedor cuando te visitaba con mi madre en nuestros esporádicos viajes a Lima.
Fuiste tú quien a manera de descuido dejaba al alcance de mis manos ejemplares del “Selecciones del Rider Digest” o de “Sputnik”, y con ello, despertar en mí el espíritu de la lectura antes que el de la “ojeada” de las tiras cómicas.
Fuiste tú igualmente quien me envió un lapicero marca Parker para que mantuviera siempre contacto epistolar a la distancia…lástima que el lapicero tenía la tinta casi seca, e hice los mayores esfuerzos por mantener la correspondencia, logrando arrancar sólo unos escuetos párrafos a dos lánguidas cartas…tras lo cual éstas se ausentaron, no por desidia, sino porque consideré indignos a cualquier lapicero de plasmar palabras que tu pudieras leer y que no fueran escritos por tu bolígrafo precioso.
La última imagen que guardo de ti ha sido eclipsada por las fotos que mi sobrino se tomó contigo en tu casa querida tía, en esa foto te pareces tanto a la abuelita de Piolín, el canario travieso que le hace la vida imposible al gato Silvestre de una conocida serie animada, que fácilmente encarnarías con éxito si hicieran la película con esos personajes humanos y antropomorfizados. Déjame decirte querida tía que el cabello completamente cano le da más prestancia a tu augusta cabeza.
El primer accidente que tuviste no doblegó tu cuerpo y espíritu adorada tía. Estás hecha de roble de antaño, tú no te ibas a dejar someter por ese contratiempo que a cualquier otra persona que no se tratase de ti, la postraría en cama a disfrutar de su molicie y cuidados familiares. ¡No!, ¡Noooo!,  ¡Tú no eres así!, te sobrepusiste a tus dolores y reiniciaste prematuramente tus labores cotidianas, como si no tuvieras a cuestas nueve décadas sino muchas menos. Pero fue el destino o el Ángel de la Luz que siempre está presto a poner a prueba la fe de las personas, quien hizo que zozobrara tu equilibrio y nuevamente te arrojara a los brazos del sufrimiento ingrato que vuelve herejes a las personas con menos temple que tú. Dos años estás luchando a brazo partido, sumida en los ramalazos que Dante Alighieri habla en su escrito famoso. Y a pesar de ello, sigues amando y tratando de no ser un estorbo, pero las heridas crueles ya hicieron sucumbir a ese cuerpo cansado que no merece la bravura de tu mente. El espíritu está dispuesto a dar batalla, pero el cuerpo se niega a acompañarte.
Ahora ya eres más esencia que carne, más espíritu que cuerpo, más Ángel que persona, estás más cerca de Dios que nosotros, y esto es el premio a toda una vida de trabajo, dedicación y virtud.
Un velo de sopor ahora ha acallado tus graciosas declamaciones poéticas, ¿Dónde quedará aquel numen que atesora innumerables e incunables versos que no han sido plasmadas en letras de molde? ¡Dios mío perdona este vil descuido de no haber siquiera grabado tu sapiencia enciclopédica, tía de mi corazón!
Que triste querer ahora hacer mucho contigo querida tía, y lo más triste es que ya no se podrá hacer realidad lo mucho que se planifique… ¿por qué siempre tan a destiempo ocurren las cosas? Cronos impertérrito no está dispuesto a ceder ni un ápice de su dominio a estos nautas descuidados del tiempo.
Quisiera seguir plasmando palabras que relaten tu ejemplar vida tía querida, pero las que viene a mi mente no son las idóneas, ya sea por la vacuidad de ellas que no reflejan en su verdadera magnitud lo que has sido y eres para la familia, o tal vez sea la restringida capacidad de este narrador el factor limitante de este epílogo inexorable.
Sean cuales fueren los motivos, dejo como testimonio el amor que profeso por ti querida tía Florencia.
Te adoro mi tía preciosa, te adoro y te querré siempre como una madre más.
Tú siempre agradecido hijo, Percy.

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