EL MITO CURATIVO DE LOS FACTORES DE TRANSFERENCIA. PERCY ZAPATA MENDO.

EL MITO CURATIVO DE LOS FACTORES DE TRANSFERENCIA

Caso 1:
Mujer de 36 años de edad, desde hace 5 años padece de Verrugas Genitales (Condiloma Acuminado), acude con su ginecólogo de confianza, quien le prescribe “Factores de transferencia” (FT), después de 3 meses de estar tomando el producto y de haber invertido más de 400 dólares en su compra, las lesiones siguen sin variaciones.
Caso 2:
Varón de 67 años de edad, sus análisis de laboratorio y de imágenes sugieren tiene un Cáncer de Próstata. Una proveedora de productos para la salud “Naturales”, le invita a probar con FT; el sujeto refiere que siente mejoría a las 3 semanas, que se siente en buen estado general, recobró el apetito y sus deseos sexuales.
A los 9 meses decide realizarse un control y con ellos, restregarle al médico que le diagnosticó, cómo sin la ayuda de productos farmacológicos, él pudo vencer al temido cáncer. Sin embargo los resultados indican que el cáncer ha metastizado a los ganglios linfáticos de la pelvis y al hígado.
Caso 3:
Mujer de 48 años de edad, que presenta sangrado vaginal purulento y fétido desde hace 4años, acompañado de pérdida progresiva de peso y de palidez. Su obstetra le sugiere tomar un “un producto natural que le viene dando excelentes resultados con sus pacientes”, el FT. Tras 5 meses de tratamiento, su estado empeora, es llevada a un consultorio particular donde el médico le diagnostica Cáncer de Cérvix avanzado.
Caso 4:
Joven de 27 años de edad, abogada de profesión, en los últimos 11 meses ha notado que ha perdido peso aun cuando su apetito se ha incrementado; le sugieren tomar el “milagroso” FT y que sólo use ropa holgada para “evitar el trauma que genera la ropa”. A los 3 meses, ella se siente vitalizada, que ha subido de peso, con mejores ánimos y sus amistades cada vez que ella les pregunta por cómo se ve, siempre le responden: “te ves bien…siempre regia”. Con la autoestima recuperada, acude a pesarse, pues la recomendación de su amigo era que el efecto máximo ocurría al tercer mes… ¡sorpresa, no ha subido ni un gramo!, todo lo contrario, ahora pesa 9 kilogramos menos que antes. Acude a consulta y se le diagnostica Diabetes.

Los Factores de Transferencia

“Si quieres tener un futuro de bienestar y salud, si padeces alguna enfermedad relacionada con el sistema inmune (virus, bacterias, hongos, asma, lupus, soriasis, esclerosis, diabetes, cáncer, VIH, etc.) date la oportunidad de conocer qué son los factores de transferencia en la voz de un profesional de la salud.”
Así inicia el mensaje que me remitió un colega médico vía correo electrónico hace unos meses, e invitándome a una reunión explicativa sobre estas sorprendentes sustancias que virtualmente protegen contra todas las enfermedades, todo lo curan, y lo que no, lo alivian, y “están ayudando a millones de personas a tener una excelente salud fortaleciendo su sistema inmunológico”.
El mail en su contenido lucía muy atractivo con aquello de poder evitar los incontables padecimientos que amenazan al ser humano. Pero de inmediato mostraba su otra faceta, como la de aquel pastor brasilero que a cambio de un donativo, garantiza que con sorbos de agua a uno le devuelven la paz y vida:
“También —continúa el mensaje— conocerás el sistema de distribución de este increíble producto y para cerrar con broche de oro, escucharemos a un profesional de la motivación y el buen pensar.”
En realidad, se trataba de una de esas tertulias en las cuales se entusiasma a la gente para ganar mucho dinero como “vendedor independiente”, mediante el sistema conocido como de mercadeo en red o ventas multinivel. Por ahora, lo que nos interesa son los tales factores de transferencia y el mito de que protegen contra todo tipo de mal.
Los “milagrosos” factores fueron descubiertos allá por 1949 en el calostro (el calostro es un líquido secretado por las glándulas mamarias durante el embarazo y los primeros días después del parto, está constituido por inmunoglobulinas, agua, proteínas, grasas y carbohidratos en un líquido seroso y amarillento, y que por medio de la lactancia, la madre le pasará las defensas necesarias al bebé. Este alimento es la primera leche que se produce y su duración está entre los dos y cinco días antes de que se empiece a producir la leche definitiva). Como el calostro contribuye a fortalecer el sistema inmunológico del recién nacido —o sea su resistencia a las enfermedades infecciosas— se pensó que los tales factores de transferencia podrían utilizarse con ese fin. Es decir, para proteger al ser humano, en cualquier etapa de su vida, contra cualquier enfermedad transmisible, estimulando la formación de anticuerpos.
En los más de 60 años transcurridos desde entonces, no se ha logrado demostrar plena y convincentemente, con métodos científicos estrictamente rigurosos, que los factores de transferencia tengan ese efecto. Por ello no están registrados en las farmacopeas. Ello no ha impedido, sin embargo, que proliferen las afirmaciones en tal sentido y que se comercialicen productos supuestamente curativos, a base de las tales sustancias.
Pero no se venden como medicamentos, sino como suplementos o complementos alimenticios elaborados a base de calostro de vaca. Y es ahí donde está el truco. La artimaña estriba en que si en su preparación se usara calostro de mujeres, tendría que registrarse como medicamento —al igual que todos los productos hechos con extractos biológicos de origen humano— y por tanto tendría que someterse a las estrictas pruebas clínicas y de laboratorio que se exigen a los productos farmacéuticos. Preparado con calostro de vaca, en cambio, puede registrarse como alimento, igual que si fuera yogurt, cuajada, mantequilla o cualquier otro producto lácteo. Al ingenuo consumidor, sin embargo, se le hace creer que se trata de un producto medicinal, de una especie de vacuna universal que fortalece las defensas orgánicas contra las más graves y temibles enfermedades.

En pocas palabras: todo este asunto de los factores de transferencia —bastante caros por lo demás— es sólo una cuestión de marketing, un gran negocio de una empresa transnacional norteamericana y otras de menor calibre, cuyas bondades no difieren de las demás fórmulas lácteas del mercado, y que actúan como placebo cuando se les indican para determinadas dolencias.

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