CONTAMINACION SOBRE RUEDAS. PERCY ZAPATA MENDO; JAIME ZAPATA MENDO.

CONTAMINACIÓN SOBRE RUEDAS


Los gases que se desprenden al quemarse la gasolina en los motores de explosión constituyen un enjambre de compuestos químicos, pero los óxidos de azufre, de nitrógeno y de carbono son los que contienen una carga más contaminante.
 


El dióxido de azufre (S02) es tan perjudicial y habitual en una atmósfera contaminada que es un indicador bastante preciso de la salud del aire. Procede de la quema de combustibles fósiles y, con la humedad, se convierte en trióxido de azufre (S03) y en ácido sulfúrico (S04H2), altamente perjudicial para cualquier forma de vida, animal o vegetal, del planeta.


Los óxidos de nitrógeno proceden también de la combustión y son, igualmente, muy tóxicos. El óxido nitroso (M20), el oxido nítrico (NO) y el dióxido de nitrógeno (N02) producen, además, ácido nítrico (N03H). Esta última sustancia y el ácido sulfúrico son los principales responsables de la denominada "lluvia ácida", que envenena y mata los bosques, incluso a centenares de kilómetros de los focos de emisión de esos gases contaminantes.


Para asfixiarse


De entre los óxidos de carbono, destacan el dióxido de carbono (C02), que recalienta la atmósfera y origina el llamado "efecto invernadero", y el temible monóxido de carbono (CO), procedente también de combustiones incompletas. El CO es un gas con efectos tóxicos devastadores para el organismo, pues compite con el oxígeno en su afán por fijarse a la hemoglobina de los glóbulos rojos. Se trata, sin embargo, de una competencia desleal, porque la avidez del CO por la hemoglobina es insaciable. Es por eso que el oxígeno pierde siempre la partida e, indefectiblemente, se ve desplazado por el CO. Y, así, el glóbulo rojo transporta la carga asfixiante del monóxido de carbono a todas las células del organismo, que, de este modo, perecen.


Otros compuestos que los motores de combustión expulsan impunemente a la atmósfera son densos humos repletos de partículas en suspensión, especialmente de metales pesados, y más concretamente de plomo, que se añade a la gasolina como antidetonante. El plomo vertido en la atmósfera por los vehículos contaminantes pasa a la sangre, y una pequeña parte se acumula en el organismo. En los adultos, con el tiempo, el plomo origina trastornos orgánicos y de conducta; pero, en los niños, los efectos son más rápidos, ya que el plomo altera las funciones del sistema nervioso y daña irreversiblemente el cerebro.




Además de todo lo dicho, de los gases de escape de los vehículos de motor emergen aún una multitud de compuestos procedentes de la combustión de gasolina. Algunos de estos compuestos, sólo parcialmente quemados, son difíciles de identificar, si bien pasan presumiblemente como hidrocarburos, aldehídos o cetonas, cuyos posibles efectos cancerígenos han sido hasta hoy sólo esbozados.


Finalmente, como triste remate, cuando se dan ciertas condiciones climatológicas, se produce ozono, un contaminante secundario que hay que tener muy en cuenta. El ozono de la alta atmósfera es un gas beneficioso que protege de ciertos efectos nocivos de los rayos solares; pero, a ras de la calle, el ozono es un gas muy peligroso. En días calurosos, los rayos del sol provocan reacciones químicas en com¬puestos contaminantes del aire, uno de cuyos productos es el ozono. Las situaciones de bochorno, humedad y falta de viento favorecen la formación de este gas. El ozono "de ciudad" contribuye a la manifestación de enfermeda¬des respiratorias, asma y rinitis alérgica, y causa a menudo náuseas y vértigos.


Un atropello a la salud


La contaminación atmosférica ejerce efectos claros y directos sobre la salud humana y el bienestar de toda una comunidad. El organismo sufre afecciones específicas en virtud de los distintos agentes contaminantes, cuya nocividad depende de la duración e intensidad de la exposición como de la respuesta defensiva de cada persona. Sin embargo, en general, los gases contaminantes son tóxicos y asfixiantes, aun en pequeñas cantidades.


La contaminación se ceba en el aparato respiratorio. Las sustancias nocivas del aire irritan las mucosas de las vías respiratorias y dificultan la oxigenación de la sangre en los pulmones, por lo que resultan en especial molestos y funestos para las personas que ya sufren afecciones respiratorias, como son los pacientes con asma, faringitis, bronquitis o alergias. Es usual que los días con un mayor nivel de contaminación se disparen las urgencias hospitalarias y los casos de enfermedades respiratorias. Además, la contaminación también provoca afecciones oculares, como la conjuntivitis, y agrava los trastornos cutáneos.




Referencia: Lluis Cugota.

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