UNA MIRADA HISTÓRICA DE LA MEDICINA MÁGICA A LA CIENTÍFICA. PERCY ZAPATA MENDO.

UNA MIRADA HISTÓRICA DE LA MEDICINA MÁGICA A LA CIENTÍFICA

Desde hace mucho tiempo el hombre ha tenido que verse enfrentado con la enfermedad, y como resultado de esto ha desarrollado diversos métodos para curar o por lo menos para aliviar el sufrimiento.

En los pueblos primitivos la enfermedad se consideraba como castigo de alguna divinidad o se creía resultado de romper un tabú o alguna regla sagrada para la tribu. Así pues, tenemos que en los pueblos del antiguo Egipto, Mesopotamia, entre otros, la concepción de la enfermedad es mágica y por lo tanto el diagnóstico y el tratamiento también requieren medios y ritos mágicos.

Por ejemplo, en la Asiria antigua, la medicina era esencialmente mágico-religiosa, allí los encargados de la medicina eran los Asu quienes tenían una predilección por considerar que la posesión por espíritus era la causa de las enfermedades. La florida imaginación de los asirios les había llevado a crear espíritus malignos muy especializados; si había dolor en el cuello, el responsable era el espíritu maligno Adad; el dolor en el pecho era responsabilidad de Ishtar; el espíritu Rabisu producía problemas cutáneos mientras que Labartu afectaba el aparato genital femenino, y así sucesivamente.

En la actualidad este tipo de mentalidad aún persiste, pues es frecuente escuchar hablar de enfermedades causadas por "mal de ojo", o por un "castigo divino". En muchos países latinoamericanos hay personas que consultan a brujos indígenas buscando la cura de sus enfermedades. Aquí es importante notar que la forma como la medicina mágico-religiosa obtiene conocimiento es por medio de la "revelación", la cual es una verdad sagrada que obtiene el chamán o líder religioso del grupo. Debe resaltarse que estas revelaciones cambian de pueblo en pueblo, por ejemplo los mismos demonios que asignaban como causa de una enfermedad en la antigua Asiria no eran la misma causa en la India.

La enfermedad dejó de considerarse como un fenómeno sobrenatural con Hipócrates de Cos (460-332 a.C.), quien afirmaba que la enfermedad se puede comprender, ya que sus causas se encuentran en el ámbito de la naturaleza. En su obra sobre la enfermedad sagrada, en la cual hacía referencia a la epilepsia afirmó:

"Voy a discutir la enfermedad llamada "sagrada". En mi opinión, no es más divina o más sagrada que otras enfermedades, sino que tiene una causa natural, y su supuesto origen divino se debe a la inexperiencia de los hombres, y a su asombro ante su carácter peculiar. Mientras siguen creyendo en su origen divino porque son incapaces de entenderla, realmente rechazan su divinidad al emplear el método sencillo para su curación que adoptan, que consiste en purificaciones y encantamientos. Pero si va a considerarse divina nada más porque es asombrosa, entonces no habrá una enfermedad sagrada sino muchas, porque demostraré que otras enfermedades no son menos asombrosas y portentosas, y sin embargo nadie las considera sagradas."

El salto conceptual dado por Hipócrates no ocurrió sin un antecedente. Desde casi un siglo antes de él unos filósofos denominados presocráticos habían empezado a preguntarse por la naturaleza del mundo y se habían atrevido a plantear respuestas en las que no se incluían las divinidades. Por ejemplo, Tales de Mileto consideraba que el mundo estaba formado por el elemento agua. La explicación de Tales es similar a la del mito babilónico en la que el dios Marduk creó el mundo del agua, solo que en la narración del filósofo presocrático el dios ya no es necesario.

El concepto de la enfermedad como un fenómeno natural es en últimas un legado de los filósofos presocráticos que se atrevieron a formular un mundo entendible en términos naturales, libre del dominio de dioses y demonios. El efecto de tal revolución hoy es visible en los quirófanos, en los laboratorios clínicos y en los consultorios médicos. Sin embargo, como lo mencione anteriormente, desafortunadamente aún quedan rastros de la medicina mágico-religiosa.

Los inicios de la medicina científica.

La medicina científica se gesta en el renacimiento. Esta época, que abarca desde el año 1543 a 1661 (aunque la ubicación de los límites del renacimiento varía según los autores). Una de las características de la ciencia moderna es el escrutinio escéptico, el no aceptar nada como cierto solamente porque lo dice alguien importante.

En medicina, al igual que en la física, se cuestionó la autoridad establecida y se dio paso a la búsqueda de evidencias para aceptar una idea y tener una concepción más acertada de la naturaleza. Fue el anatomista belga Andrés Vesalio (1514-1565) quien en su obra “De humani corpori fabrica”, da más importancia a la observación de la realidad que a lo dicho por las autoridades tradicionales sobre ella. Una característica del trabajo de Vesalio es que expone y corrige los errores del médico que durante la edad media se consideró la autoridad incuestionable en medicina, es decir Galeno (129-199 d.C.).

La medicina científica le debe mucho a la revolución anatómica del renacimiento en la que Vesalio fue el más destacado. De igual forma el renacimiento fue testigo de la revolución quirúrgica la cual fue abanderada por Ambrosio Paré (1507-1591) quien transformó algunos de los métodos de cirugía, los cuales habían permanecido sin variación desde la época de los romanos, gracias a la observación.

Paré se desempeñó como cirujano del ejército francés. Estando atendiendo los heridos por arcabuz en la batalla hizo el primero de sus descubrimientos. Trató una herida por pólvora con una mezcla de yema de huevo, agua de rosas y aguarrás. Paré creyó que sus pacientes morirían envenenados ya que se esos días se pensaba que la pólvora era venenosa, pero al día siguiente se dio cuenta que el tratamiento utilizado por él era mejor. En otra guerra decidió ligar los vasos sanguíneos del muñón que quedaba tras una amputación en lugar de cauterizar (detener la hemorragia al quemar los tejidos), lo cual habitualmente se hacía con un hierro caliente.

Otra revolución, aparte de la anatómica y la quirúrgica, fue la fisiológica, cuya figura más destacada fue William Harvey (1578-1657) quien dedujo la circulación sanguínea a través de sus observaciones.

Fiel a la nueva práctica de no aceptar como válido algo simplemente porque lo dijo alguien muy importante, Harvey invalida la explicación hasta el momento imperante, la defendida por Galeno, la cual establecía que la sangre iba y volvía del corazón por las venas, y que las arterias no contenían sangre sino aire, pneuma, y que la sangre pasaba directamente del ventrículo derecho al izquierdo. Lo que hace importante y trascendental el trabajo de Harvey, más que el hecho del descubrimiento de la circulación doble, es la forma como abordó el problema: recurriendo a la observación de la naturaleza, en lugar de consultar los libros escritos por autoridades supuestamente incuestionables.

Una cuarta revolución fue la microscópica la cual se inició con las observaciones de Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) quien observó por vez primera bajo el microscopio los espermatozoides, eritrocitos, las láminas del cristalino, las miofribrillas y las fibras musculares estriadas además de diferentes tipos de bacterias. Otro importante microscopista fue Marcello Malpighio (1628-1694). En 1661 publicó su primer libro “Observaciones anatómicas en los pulmones”, en el que describe los alvéolos pulmonares y los capilares sanguíneos donde se comunican las arterias con las venas pulmonares en el pulmón de la rana. En posteriores trabajos describió la estructura de la piel, de los ganglios linfáticos y del bazo, la existencia de los glomérulos en el riñón, también describió el desarrollo embrionario de varias especies animales.

La revolución microscópica abrió a los ojos de la ciencia un nuevo mundo fascinante cuyo estudio hizo posible la identificación de muchos virus, bacterias, protozoos y hongos patógenos.

Una quinta revolución ayudaría a dar forma a la medicina científica, esta fue la revolución en patología, la cual fue llevada a cabo por Antonio Benivieni (1443-1502). Este médico italiano se vio favorecido por el levantamiento de las restricciones impuestas por la Iglesia durante la Edad Media sobre las autopsias, por tal razón empezó a examinar los cuerpos de sus pacientes fallecidos. Benivieni realizó registros clínicos de la enfermedad. En uno de sus casos registrados se puede leer:

"Mi tocayo, Antonio Bruno, retenía el alimento que había ingerido por un corto tiempo y después lo vomitaba sin haberlo digerido. Fue tratado cuidadosamente con toda clase de remedios para curar los problemas gástricos pero como ninguno le sirvió para nada, adelgazó por falta de nutrición hasta quedarse en pura piel y huesos; finalmente le llegó la muerte.

El cadáver se abrió por razones de interés público. Se encontró que la apertura de su estómago se había cerrado y que se había endurecido hasta la parte más inferior resultando en que nada podía pasar por ahí a los órganos siguientes, lo que hizo inevitable la muerte."

En la actualidad tal descripción se asociaría con un cáncer de estómago de la variedad linitis plástica.

La importancia del trabajo de Benivieni es que, continuando con el legado de Vesalio y Harvey, afirma que para conocer las causas de las enfermedades se debe interrogar a la naturaleza, de allí las autopsias y las descripciones meticulosas que buscan correlaciones anatomoclínicas.

La última revolución conceptual llevada a cabo en el renacimiento en el campo de la medicina fue la clínica. Como personaje destacado cabe mencionar al inglés Thomas Syndenham (1624-1689) quien retomó las ideas de Hipócrates respecto a la importancia de tomar atenta nota de los síntomas de la enfermedad e interpretarlos como esfuerzos hechos por el organismo por librarse de la enfermedad. Syndenham tuvo la oportunidad de hacerse una idea clara de los síntomas de muchas enfermedades que por aquella época eran epidemias de forma tal que él es el primero en distinguir el sarampión de la escarlatina. A pesar de este aporte tan importante Syndenham también tenía ideas que hoy consideramos nada científicas como la influencia de los astros en la generación de enfermedades entre otras.


Revoluciones conceptuales en la historia de la medicina durante el Renacimiento.


En el siglo XIX se aumentó el conocimiento de la fisiología humana y se habló por primera vez de homeostasis (proceso por el cual un organismo mantiene las condiciones internas constantes necesarias para la vida), concepto acuñado por el fisiólogo francés Claude Bernard (1813- 1878).

La visión sobre la enfermedad cambia sorprendentemente con los trabajos de Louis Pasteur (1822- 1895) y Robert Koch (1843 -1910). Pasteur propone que el origen de las enfermedades está en los microorganismos. Su colega alemán, Koch, logró demostrar tal teoría aislando en la década de 1870 la bacteria causante del carbunco, Bacillus anthracis, y luego la causante de la tuberculosis, Mycobacterium tuberculosis, en 1882.

El trabajo de Koch, aparte de haber sido de importancia capital para el desarrollo de la medicina, es un buen ejemplo de la forma de cómo la medicina científica obtiene conocimiento. Koch observó que la bacteria causante del carbunco se encontraba en la sangre de todos los animales enfermos (Koch usó ratones como animales de investigación), esto podría llevarlo a afirmar que la bacteria era la causante de la enfermedad. Sin embargo, Koch quería demostrarlo más allá de toda duda razonable. Por tal razón tomó muestras de sangre de un ratón infectado y la inyectó a otro sano, enfermando así al ratón sano. Este procedimiento lo hizo en cadena con 21 animales y en cada uno de ellos Koch observaba la presencia de la bacteria en la sangre del ratón infectado.

Koch llevó su hipótesis a una prueba más. Demostró que la bacteria podía ser cultivada en un medio externo al animal, y notó que si inyectaba un ratón sano con una muestra de bacterias del cultivo estos también enfermarían de carbunco. Gracias a los trabajos de Koch se dio un gran estímulo para el desarrollo de la microbiología. El trabajo del médico alemán dio origen a cuatro postulados para demostrar que un microorganismo en particular causa una enfermedad en particular:

1.- El organismo debe estar presente siempre en los animales enfermos y ausente de los individuos sanos.
2.- El organismo patógeno debe ser cultivado en cultivo puro fuera del animal enfermo.
3.- Dicho cultivo, cuando se inocula a un animal sano debe iniciar en este los síntomas propios de la enfermedad.
4.- El supuesto patógeno debe re aislarse de estos animales experimentales y cultivados de nuevo en el laboratorio. Al examinarse el organismo patógeno debe mostrar las mismas propiedades que el organismo original.

Estos postulados son en verdad científicos ya que fueron fruto de un trabajo minucioso en el que hubo una buena dosis de escepticismo. Koch no salió gritando ¡Eureka! al observar por primera vez las bacterias en la sangre de los ratones, él elaboró un conjunto de pruebas sólidas en las que se colocaba a prueba la hipótesis. Este trabajo es una buena ejemplificación de la forma como la medicina científica obtiene el conocimiento.

Para terminar esta mirada histórica de la medicina científica falta mirar el resto del siglo XIX y el XX. Estos siglos dieron origen a las vacunas, el desarrollo de los antibióticos, los trabajos en inmunología, la anestesia, la endoscopia y los rayos X, la endocrinología, el descubrimiento de las vitaminas, la epidemiología, el desarrollo de las pruebas de laboratorio, el estudio de la biología molecular y el espectacular despliegue de la genética. El desarrollo científico de estos dos últimos siglos aventaja a todos los logros de los siglos anteriores juntos; sin embargo, estos no podrían haber sido posibles sin la visión humanista del Renacimiento, ni menos aún sin el naturalismo iniciado con los filósofos presocráticos.

Conclusión:

Una enorme distancia se ha recorrido desde las cavernas en las que rezaba un chamán hasta las salas de cirugía de hoy en día. Solo con la comprensión de la ciencia, en cuanto a su método y sus descubrimientos se podrá evitar que se engañen a las personas a costa de su salud y su vida misma.

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